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Guardiola estrena su palmarés en el fútbol inglés

El Manchester City se lleva la final de la Copa de la Liga tras una incontestable victoria (3-0) ante el Arsenal

arsenal - manchester city
Vincent Kompany con la afición del Manchester City el segundo gol de la final. AFP

Ya tiene su primer título Pep Guardiola con el Manchester City, vencedor de la Copa de la Liga inglesa ante el Arsenal para frustrar la ilusión de Arsène Wenger por llegar a un título que jamás pudo alzar. 13 finales de 17 intentos ha ganado como técnico Guardiola. 22 títulos suma desde que hace algo menos de diez años recibió el encargo de hacerse cargo del Barcelona. Y tiene pinta que el siguiente no va a tardar mucho en una Premier League que su equipo domina con brazo de hierro.

Arsenal 0 - Man. City 3

Arsenal: Ospina; Chambers (Wellbeck, m. 66), Mustafi, Koscielny; Bellerín, Wilshere, Xhaka, Monreal (Kolasinac, m. 25); Özil, Ramsey (Iwobi, m. 72); y Aubameyang. No utilizados: Cech, Mertesacker, Elneny y Maitland-Niles.

Manchester City: Bravo; Walker, Otamendi, Kompany, Danilo; Fernandinho (Bernardo Silva, m. 51); Gundogan, Silva; De Bruyne, Agüero (Foden, m. 88) y Sané. No utilizados: Ederson, Stones, Laporte y Zinchenko.

Árbitro: Craig Pawson. Amonestó a Bellerín, Ramsey, Wilshere, Fernandinho y Kompany.

Goles: 0-1. m. 18, Agüero; 0-2, m. 58, Kompany; 0-3, m. 65, Silva

Wembley. 81.000 espectadores.

El Manchester City venció de forma incontestable y con una demostración que muestra hasta que punto Guardiola se ha adaptado a los cánones de las islas, que piden más ida y vuelta, más ritmo y choque. Se llevó la final con tres goles en sus tres tiros entre palos y un 57% de posesión. No estamos ante el Barcelona o el Bayern que promovió el estratega de Santpedor. El City es dúctil, quizás no tan talentoso, pero  dotado para lo fino y lo grueso. Su primer gol ofrece pistas sobre ello. Marcó de manera inopinada. O al menos así lo pareció para el Arsenal, que se fue a presionar un saque de puerta de Bravo en la idea de que iba a sacar la pelota apoyándose en sus centrales, tal y como cabría esperar del paradigma guardiolista. Pero todos los modelos se redefinen y se optimizan y el técnico catalán se apoya en guardametas que desplazan la pelota con calidad y precisión. Así que Bravo puso las luces largas y encontró a Agüero más allá del círculo central sin nadie que le encimase, preocupados sus marcadores por organizarse para lo que supuestamente iba a ocurrir a cuarenta metros de allí. El resto lo puso el Kun, al que le sobra calle. Con la posición ganada ante Mustafi, que llegó tarde y mal a remendar el agujero, se llevó la pelota sin necesidad de tocarla, la acomodó con el pecho y alzó un remate en vaselina para supera a Ospina, el único que dirigió el City entre los tres palos durante los primeros 57 minutos de partido. El segundo también fue gol. Y el tercero.

El primer tanto alumbró una final seguramente diferente a la que esbozaba el empate inicial, con el City ocupado en juntarse en campo rival y el Arsenal apostado para responderle al galope. Así había salido Wilshere en el amanecer del partido para originar un episodio que pudo llevar todo por otro camino. De vuelta tras un calvario de lesiones, el centrocampista inglés le dio a su equipo no solo un brío difícil de sujetar sino también talento y llegada. En la primera habilitó a Özil, que le regaló a Aubameyang un gol que se fue al limbo porque el delantero africano estrelló su remate en el cuerpo de Bravo.

Guardiola y Wenger dialogan tras un encontronazo verbal después del primer gol del City.
Guardiola y Wenger dialogan tras un encontronazo verbal después del primer gol del City. AP

El caso es que entre pifias y aciertos el partido viró a vibrante porque nadie fue capaz de hacerse con sus riendas. Se fue hacia la disputa y la fricción en medio de un ambiente electrizante que dignificó el epílogo de una competición tan denostada por los grandes equipos ingleses. Sin la importancia de la Liga, sin la historia de la Copa, disputada casi de tapadillo durante la semana, detalle que en Inglaterra no es baladí, o empleada para mantener activo a gran parte de los efectivos de sus plantillas, la Copa de la Liga se decide bastantes semanas antes de que la temporada llegue a su fase decisiva. Su premio al margen de la gloria del título y engrosar un palmarés es apenas un pasaporte para la Europa League. Podría parecer una pedrea para gigantes como el Manchester City, que no la necesita además. No lo fue a la vista de cómo afición y sobre todo integrantes del equipo celebraron los goles y a la postre la victoria. El segundo fue una explosión de júbilo celeste. Premió además a Kompany, que como Wilshere también tiene tras sí una larga penitencia en las enfermerías.

El magnífico central belga ya se había mostrado. En la primera parte lo hizo con una brillante acción defensiva en la que le comió terreno, tras partir desventaja, al velocista Aubameyang y frustrar una ocasión de gol. En la segunda pudo marcar nada más empezar con un remate que se fue cerca de un poste. No tardó en tomarse revancha al desviar a la red un remate defectuoso de Gundogan tras un saque de esquina. "Vale la pena cada minuto de trabajo tras mis lesiones por momentos como este", dijo Kompany antes de subir a recoger el trofeo como capitán. Tras su gol se vio que el Arsenal poco más tenía que ímpetu y coraje. Sentado sobre tres centrales, sus laterales largos no llegaron, el mediocampo apenas se exhibió a través de Wilshere porque Xhaka fracasó una vez más, Özil pasó de largo y Aubameyang semejó mustio durante todo el partido. En pleno chaparrón encajó el tercer gol cuando Danilo, cumplidor como lateral izquierdo, encontró entre su línea zaguera a David Silva, que definió como un nueve.

Nada inquietó al City con el viento a favor. Ni siquiera que Fernandinho jugase desde bien pronto con tarjeta amarilla o que después se lesionase. Guardiola le dio entonces la manija a De Bruyne, que operó de mediocentro y dejó claro que al más alto nivel se trata del futbolista que más ha progresado en los últimos meses. El belga acabó de sujetar el partido y empezó un festival en el que lograron invitación Gabriel Jesus, que no había podido jugar por lesión en lo que va de año, y el joven Foden, la joya que pule Guardiola para darle sentido al costoso trabajo de captación de talento jóven que acomete su club, gastador como pocos en todos sus ámbitos. Pero si empieza a levantar trofeos todo parecerá barato. La de este domingo es la quinta Copa de la Liga en su palmarés, la tercera en los último cinco años.

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