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Cristiano: Yo, el supremo

En un gesto insólito, el portugués ha decidido autoproclamarse el mejor futbolista de todos los tiempos

Cristiano, en el Bernabéu con sus cinco Balones de Oro.
Cristiano, en el Bernabéu con sus cinco Balones de Oro. EL PAÍS

Opina Cristiano Ronaldo que el mejor futbolista de la historia es Cristiano Ronaldo. En su derecho está. Es como si este columnista opinara que el mejor columnista de la historia es este columnista. Viene esto a cuento porque el pasado jueves se entregó el Balón de Oro, ese trofeo que tiene la importancia que cada quien le quiera dar, y que como adorno puede tener un lucimiento público, exponiéndolo en un museo, o privado, colocándolo en un lugar de honor en, pongamos, el cuarto de baño, para disfrute de uno mismo y de las amistades más íntimas. El galardón, sabido es, lo recibe el jugador al que periodistas de medio mundo consideran el mejor del año. Y que ha recaído, huelga decirlo, en Cristiano. Ni un pero tiene servidor que ponerle a esa casi unánime elección. El 2017 de Cristiano fue apoteósico en el tramo decisivo de la Champions, que conquistó el Real Madrid gracias al arrebato que le dio al portugués y que se tradujo en un rendimiento estratosférico, como demuestran las siguientes cifras: cinco goles al Bayern en cuartos, tres al Atlético en semifinales y dos a la Juve en la final. Mejor, imposible.

Pero este balón dorado, tan preciado y codiciado, no reconoce nada más que al mejor futbolista del año que se acaba. No es un premio para el mejor jugador de la actualidad. Ni muchísimo menos para el mejor de la historia. Para conquistarlo ayuda sobremanera que tu equipo haya tenido un comportamiento exitoso, como demuestra que de los cinco trofeos que ha ganado Cristiano en cuatro el conjunto en el que jugaba (una vez el Manchester United y tres el Madrid) era el campeón de Europa.

Digamos antes de seguir que sobre gustos los colores, pero uno cree, desde su ignorancia, que el mejor jugador de la actualidad es el mismo que lo era hace un año, y hace dos, y hace cinco, y hace diez. Es pequeño de estatura, valga como pista. Respecto al mejor de la historia, el asunto aquí es todavía más retorcido. Porque no es posible o, dicho de otro modo, es imposible comparar lo que no se ha visto. Y este que escribe, dada su insultante juventud, no ha visto jugar a Di Stéfano o Pelé, por poner dos que debieron ser muy buenos. Pero ocurre que Cristiano sí los ha visto. ¿Cómo? Ni idea. Quizá gracias a esas imágenes en blanco y negro del No-Do donde se veía al Madrid ganar Copas de Europa a cámara lenta, hasta el punto de que parecían correr más rápido los de la Cruz Roja, Tony Leblanc incluido, que los propios futbolistas. Y decimos que quizá Cristiano, pese a sus 32 años, sí los ha visto porque solo así se entiende la frase que dejó para la posteridad tras recibir el tan dorado galardón: “Soy el mejor jugador de la historia”.

Opina Cristiano que no ha habido otro como él, nunca jamás, como el país aquel. Y el Madrid en pleno, desde el presidente hasta el más joven de los periodistas de la cadena de televisión del club, repiten el mantra. El mejor del mundo, el mejor de la historia, el mejor, el mejor, el mejor… Es tanta la insistencia que habrá que pensar que se lo creen a pies juntillas y que el infierno son los otros. Por desgracia, a Di Stéfano y a Cruyff ya es imposible preguntarles, Pelé está con problemas de salud y Maradona sí podría contestar, aunque no se le iba a entender. Preguntado hace unos días Zidane quién fue mejor futbolista, si él o Cristiano, el técnico del Madrid respondió: “Claramente yo. ¡Entre Cristiano y yo, yo!”. Luego matizó que era broma, claro, aunque haya quien piense/pensemos que tiene más razón que un santo. Sea como fuere, uno recomendaría a la revista France Football, que entrega el célebre Balón de Oro, que el año próximo, si el ganador es Cristiano, le entregue dos trofeos. Uno para él y otro para su ego.

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