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El mundo del antidopaje pide que Rusia no participe en los Juegos de Pyeongchang

El presidente del COI, Thomas Bach, anunciará el 5 de diciembre si admite a los deportistas rusos en la cita olímpica de invierno

Las bandera olímpica y la de Rusia ondean en los Juegos de Sochi 2014. En vídeo, declaraciones recientes de la IAAF sobre el dopaje ruso.

Nada más aterrizar en la gris Eindhoven una oscura mañana dominical de noviembre, un periodista brasileño tembló de frío y se preguntó en alto ¿cómo pudo aguantar Romario cinco años viviendo aquí? Por la tarde, en la sala de conferencias de Play the Game, la misma pregunta se la hacían todos los asistentes a la gran conferencia bienal sobre corrupción en el deporte. ¿Cómo aguanta este hombre aquí?

No se referían al futbolista brasileño que triunfó en el Barça después de jugar en el PSV Eindhoven sino a Hassan Al Thawadi, el secretario general del comité de organización del Mundial de fútbol Qatar 2022, un semillero de dudas. Al Thawadi, apasionado y conquistador, intervino despejando todas las acusaciones de corrupción en la compra de los votos de dirigentes de la FIFA para organizar el Mundial y de las malas condiciones de trabajo de los obreros que construyen los estadios en el desierto. Todos sus argumentos terminaban con una acusación velada, algo así como ¿tendrían las mismas dudas si el Mundial no lo organizara un país árabe sino uno de Europa occidental?

Es el mismo argumento que se gastan en sus comunicaciones para clamar su inocencia y la obsesión occidental con sus pecados de dopaje los grandes protagonistas ausentes de la conferencia, los rusos, de quienes todos hablan mal. Ninguno de los dirigentes del deporte y de la agencia antidopaje rusa invitados por la organización acudió a los debates de Eindhoven. Pocos días después de aceptar encantados la invitación para tratar sus temas con los dirigentes internacionales, cuentan los organizadores, todos disculparon su asistencia.

De Rusia, y en negativo, hablaron representantes del Comité Olímpico Internacional (COI), de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), de la agencia norteamericana en nombre de todas las agencias nacionales y de los deportistas. Todos, más o menos firme y claramente, coincidieron en que el próximo martes 5 de diciembre, el COI debería declarar su proscripción y prohibir a sus deportistas participar con su himno, su bandera y sus uniformes en los Juegos de Invierno de Pyeongchang (Corea del Sur), en febrero próximo. La presión al presidente del COI, el alemán Thomas Bach, la consideran necesaria todas las fuerzas del bien porque recuerdan con cierta frustración cómo el mismo COI no se atrevió a sancionar a Rusia antes de los Juegos de Río 2016, dejando en manos de las federaciones la decisión de permitir o prohibir participar a los rusos. Solo el atletismo se mantuvo firme en su negativa.

“Espero que Bach no se raje como hizo antes de Río. He mantenido una conversación sincera con él sobre el tema y he prometido cerrar la boca, pero solo la mantendré cerrada si él se mantiene firme”, dijo Dick Pound, el miembro más veterano del COI, el Pepito Grillo de la organización, una conciencia minoritaria. “Mis compañeros y los responsables de las federaciones internacionales no les preocupa tanto la lucha contra el dopaje como sus carteras”. Pound, un exvicepresidente del COI que no logra nunca los votos suficientes para volver al Ejecutivo, fue el primer presidente de la AMA. Fue también el autor del primer informe sobre el dopaje organizado en Rusia, aquel por el que el escándalo comenzó. Le siguieron después los dos informes McLaren, que detallaban, con la ayuda del exdirector del laboratorio de Moscú, cómo el Gobierno ruso había tapado y protegido a sus atletas y cómo había organizado en los Juegos de Invierno de Sochi 2014 un sistema de dopaje sistemático.

A ambos informes, elaborados por iniciativa de la AMA, el COI de Bach respondió con las puesta en marcha de sendas comisiones de investigación, la comisión Oswald y la Schmid, cuyos informes serán determinantes en la decisión que adopte el COI el 5 de diciembre. Paralelamente, siguiendo los primeros detalles de la comisión Oswald, las últimas semanas el COI ha suspendido y borrado los resultados de 14 deportistas rusos que compitieron en Sochi. Rusia ha perdido nueve medallas por estas sanciones y el liderato del medallero de Sochi, que ha pasado a ocupar Noruega. Una solución salomónica sería la prohibición a Rusia y el permiso de participar individualmente a sus deportistas. Rusia ha amenazado con un boicot si no se le deja participar con su bandera e himno.

“Yo no hablaría de dopaje de Estado sino de dopaje institucionalizado”, precisó Craig Reedie, actual presidente de la AMA, quien quiso ser diplomático. “Rusia ha dado grandes pasos. Ha creado una nueva agencia antidopaje independiente, ha comenzado a hacer controles, ha mejorado su sistema, pero aún debe cumplir dos condiciones para que les readmitamos en la AMA, aceptar las conclusiones del informe McLaren y entregarnos todos los registros electrónicos de los análisis en el laboratorio de Moscú. Mientras no lo haga, su agencia sigue fuera de la AMA. Pero eso no significa que su comité olímpico deba ser expulsado automáticamente…”

El mismo domingo que hablaba así Reedie la prensa británica publicaba cómo el Gobierno ruso había tapado el dopaje de casi todos los futbolistas de su selección y cómo la FIFA se negaba a aceptar las pruebas. Rusia organiza el Mundial de fútbol de 2018. Debería ser la FIFA, según Reedie, quien prohibiera a la selección anfitriona disputar su Mundial.

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