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Álex Mumbrú, el jugador entrenador

El capitán del Bilbao Basket, que hoy cumple ante el Barça 650 partidos en la Liga (18.00, Movistar+ D1), apura su 21ª temporada en la ACB con la idea de ejercer como técnico tras su retirada de las pistas

Mumbrú, capitán del Bilbao Basket
Mumbrú, capitán del Bilbao Basket DIARIO AS

Juan Carlos Navarro acababa de anunciar su retirada de la selección y en las galerías del pabellón Sinan Erdem de Estambul se respiraba la nostalgia. En vísperas del bronce europeo, en un corrillo en el que se debatía sobre el futuro más allá de las pistas de los miembros de la mejor generación de la historia del baloncesto español, el presidente de la Federación, Jorge Garbajosa, aventuró un nombre con porvenir de seleccionador: “Álex Mumbrú”, soltó.

El capitán del Bilbao Basket, que hoy ante el Barça (18.00, Movistar+ D1) disputa su partido 650 en la Liga ACB, apura la que será la última de sus 21 temporadas en la élite con la mirada puesta en los banquillos después de sacarse “por convicción” el título de entrenador el pasado verano. “Seré de la escuela dura. Siempre que he conseguido ganar algo ha sido con entrenadores meticulosos y exigentes. Hay que ponerle exigencia al talento para llegar lejos. Pero, hasta que empiece a ejercer, quiero disfrutar de cada momento, de cada canasta, de cada pase, de cada bote. Despedirme poquito a poco, compitiendo hasta el final”, cuenta Mumbrú en conversación telefónica con EL PAÍS antes de recibir a los azulgrana de Sito Alonso.

“Llevaba tiempo analizando cada cosa que nos decía el técnico, tomando apuntes... con mentalidad de entrenador. Siempre he intentado interiorizar lo que me pide el míster, saber lo que quiere, cómo lo quiere y por qué lo quiere. Entrenar es algo vocacional”, explica Mumbrú. Campeón del mundo y de Europa con España, el alero, de 38 años, anunció su despedida antes de comenzar la temporada. Meses antes se había sacado el título de entrenador en la misma promoción que exjugadores como Pablo Prigioni, Lubos Barton, Boniface Ndong y Jaka Lakovic (asistente de la Eslovenia campeona de Europa y de Carles Durán en el Bilbao Basket). “Yo sacaba mejores notas que todos ellos”, bromea Mumbrú, un histórico de la Liga.

Barcelonés de nacimiento, debutó en la ACB en 1997 tras hacer carrera en la cantera del Joventut. “Parece que fue ayer. Fui acumulando viajes en coche con mi padre rumbo a los partidos y, casi sin darme cuenta, vi que aquello iba cada vez a más. Cuando empiezas a entrenar con el primer equipo y ves que te defiendes con ellos te planteas que puede ser tu vida. La clave es que siempre me lo he tomado como un juego”, prosigue Mumbrú. “Lo que nunca me imaginé es que pudiera llegar a tanto. El reto era solo jugar en la ACB y mantenerme”, confiesa.

Homenajeado junto a Navarro y Felipe en la presentación de la temporada, Mumbrú es el séptimo jugador en partidos disputados (649, a cinco de Alberto Herreros), el sexto en minutos (16.261, más que ninguno de los que está en activo), el décimo en la lista de anotadores (7.072 puntos), y el cuarto en el ránking de triples (842, solo por detrás de Herreros, Navarro y Perasovic). Plusmarcas maratonianas de un jugador indeleble. “Seguramente me ha dado mucho más el baloncesto a mí que yo al baloncesto, pero siempre he intentado dar lo máximo que tenía dentro para ser honesto con este deporte, con los equipos en los que he jugado y con mis compañeros”, señala uno de los grandes iconos de los Hombres de Negro de Miribilla.

Tras dos viajes de ida y vuelta entre Badalona (1997-2002 y 2004-06) y Madrid (2002-04 y 2006-09), Mumbrú llegó en 2009 a Bilbao, junto a Hervelle, como damnificado del proyecto Messina. En el primer año alcanzó la semifinal de la Eurocup; en el segundo, la final de Liga ante el Barça; y, al siguiente, peleándole la Final Four al CSKA de Kirilenko, Krstic y Teodosic. Una carrera lustrosa —con una Liga, una ULEB, una Eurocup y cinco medallas con España en 113 internacionalidades— que desembocará en los banquillos. ¿Qué le queda por hacer hasta entonces? “Tirar un tiro libre a cuchara o un triple de espaldas como Felipe”, bromea. “Después, cuando sea entrenador me gustaría coger la técnica y la táctica de Aíto y la dureza de la escuela yugoslava. Cuando me castigaban con trabajo extra después de acabar muerto un entrenamiento pensabas ‘yo esto no se lo haré a nadie’, pero luego ves que hay veces que es necesario”, remata. ¿Y ser seleccionador? “Ojalá algún día. Sería increíble. Que Garbajosa vea en mí una persona con el suficiente carácter como para poder llevar un grupo así es un honor. Pero paso a paso. Si cuando empecé a jugar hubiera dicho: ‘quiero ser campeón del mundo y de Europa’, seguramente nunca hubiera llegado a serlo. A eso te lleva el día a día, el trabajo en cada entrenamiento, el hacer las cosas como crees y como debes y el coincidir con una generación única”, cierra.

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