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Prigioni dimite como entrenador del Baskonia tras caer frente al Valencia

El técnico anuncia su adiós después de una clara derrota frente al equipo 'taronja' (63-80)

Dubljevic se abre paso entre Shengelia y Garino.
Dubljevic se abre paso entre Shengelia y Garino. EFE
Euroliga Fase Regular

Finalizado

La derrota del Baskonia frente al Valencia en la Euroliga ha supuesto el remate a la primera y breve experiencia de Pablo Prigioni como entrenador en la élite. Después de una secuencia de siete duelos perdidos en ocho partidos oficiales, el técnico anunció su dimisión en plena rueda de prensa: "Me siento frustrado por no estar cubriendo las expectativas que el club puso sobre mí", indicó el argentino, quien también pidió disculpas a la afición y a la organización. "Me duele mucho dejar así el club, me siento mal y responsable", añadió. "No quiero perjudicar más al club ni a los jugadores y prefiero dejar el equipo a otra persona que pueda ayudar a salir de esta situación de tristeza que tiene el grupo".

El Baskonia acaba de salir del garaje y el Valencia ya circula por la autopista, con algunos topetazos en forma de lesiones. Difícil alcanzarlo con un coche de menor potencia y poco rodado. Solo un larguísimo recorrido le permitiría verle la matricula. Aún no es el caso. El sueño del Baskonia apenas duró un par de minutos, los primeros del tercer cuarto, cuando el Valencia parecía haberse tomado un quintal de tila en el descanso y se le había enganchado el freno. Fue un suspiro que puso al Baskonia a cuatro puntos de alcanzarlo, impulsado por el coraje de Shengelia y el acelerador de Granger. Pero fue solo eso. Un suspiro, un acelerón con el embrague pisado, ruido y humo hasta que el Valencia se quitó las legañas del descanso y volvió a poner la cosas en su sitio o sea, tierra de por medio.

El equipo taronja todo lo hacía bien (menos esa cabezada inoportuna) y de una manera coral. Parecía un autobús en el que todos eran conductores y pasajeros al mismo tiempo. Todos anotan, todos defienden y todos corren hasta convertir las malas circunstancias en accidentes sin importancia. Por ejemplo que Eric Green, una máquina anotadora, se fastidie el dedo meñique de una mano y vuelva al partido con un fuerte vendaje tras algunos alaridos de dolor. Un asunto importante, que sin embargo se transformó en anécdota hasta el punto de que fue él, el infalible, quien falló el único tiro libre del Valencia en todo el partido. Y fue a final, cuando ya no había partido. Anécdota porque surgió la figura imparable de Abalde, la intimidación de Pleiss, no menos imparable, la versatilidad de Doornekamp, el martillo de Rafa Martínez, y así un suma y sigue que fue desquiciando a un Baskonia taciturno. Solo Shengelia, con su saber hacer y su carácter, y los ramalazos de Granger sostenían a un equipo que defendía muy mal (bajos contra altos, lanzadores solos en los costados,...), no acertaba con los tiros libres (su porcentaje fue ridículo para su potencial) y la circulación se parecía mucho a la de la hora punta en la gran ciudad.

15 Puntos arriba el Valencia en el primer cuarto (13-28) es una losa autoritaria difícil de voltear. La redujo Baskonia a 11 en el segundo. La subió el Valencia a 13 en el tercero y acabó siendo de 17 al final (63-80) lo que explica el dominio deportivo, anímico, táctico y de rodaje de un equipo sobre otro. Shengelia solo no puede. Nadie puede por él solo. Si hasta Eric Green falló un tiro libre....

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