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Declaración de fe

No me entusiasma ninguna nación, ni ningún partido político o ideología, ni ningún equipo de fútbol. Pero Lionel Messi, sí

Messi, en el partido contra el Eibar.
Messi, en el partido contra el Eibar. Getty

“Cristiano Ronaldo fue hecho para jugar al fútbol. Messi nació para jugar al fútbol”. Joe Rutayisire (Un taxista ruandés, el mes pasado)

Viajo mucho por trabajo y conozco a mucha gente nueva que después nunca volveré a ver. Siempre quieren saber a qué tribu pertenezco. Las preguntas que siempre, siempre me hacen son “¿de dónde eres?” y, una vez establecida mi locura por el fútbol, “¿de qué equipo eres?”.

Las preguntas son inevitables pero cada vez que me las han hecho he tenido que respirar hondo y reprimir el impulso a huir. Para muchos, para casi todos, las respuestas serán fáciles. Para mí no. O no hasta hace muy poco, cuando por fin entendí que sí tenía tribu pero no me había dado cuenta. Ha sido un momento de liberación.

País no tengo, había tenido siempre que explicar. Nací en Londres, mi padre era escocés, mi madre es española. Viví la infancia en Argentina y los primeros años de mi vida adulta independiente en Argentina también. Mi amigo Cacho en Buenos Aires dice que soy 50 por ciento británico, 50 por ciento español y 50 por ciento argentino. Algo de verdad hay en eso, pero hay más, un 50 por ciento sudafricano. Viví varios años en Sudáfrica y no hay ningún país por cuyo destino me interese más.
Durante los partidos de las selecciones internacionales es cuando se supone que se aclaran las cosas pero lo único que se ha aclarado es que siempre quiero que Inglaterra pierda, y desde el Brexit más. Entre España, Argentina y Sudáfrica me hago un lío.

En cuanto al fútbol, fui durante tres cuartas partes de mi vida un fanático del Manchester United. Apenas un grado por debajo de lo que siente Tomás Roncero por el Real Madrid. No importaba si estuviese cubriendo guerras en Centroamérica, el show Mandela en Sudáfrica o Monica Lewinsky en Washington: mi estado de ánimo dependía de los resultados del United. Hasta que un día ya no. Como en una película de Woody Allen en la que el protagonista está loco por una chica, no come y no duerme, hasta que una mañana se despierta y se da cuenta de que se le pasó. No siente nada por la chica y le da igual que ella lo quiera o no, como a mí me da igual hoy si el United gana o pierde.

No sé muy bien por qué pero la verdad es que desde que dejé de tener un equipo mi vida ha perdido intensidad. Me gustan algunos equipos más que otros. Disfruté viendo al Real Madrid galáctico de Zidane y del otro Ronaldo. Me deleité, en plan más estético que pasional, con el Barcelona de Guardiola y el último año me volvió a gustar bastante el Madrid. Pero sus triunfos o derrotas no son cuestión de vida o muerte, como lo fueron cuando era del United.

La gran revelación que he tenido hace poco es que no tengo equipo o país pero tengo algo que ocupa su lugar. La nueva libertad que siento viene de tener por fin a mano una respuesta fácil a aquellas preguntas que tanto me enredaban. Una respuesta de tres sílabas, nada más. “¿De dónde soy y de qué equipo?”. De Messi. No me entusiasma ninguna nación, ni ningún partido político o ideología (ya no, demasiadas decepciones), ni ningún equipo de fútbol. Pero Lionel Messi, sí. Mucho.

No como persona. Me da igual cómo es fuera del campo. Que sea feliz, nada más. Pero cuando cruza la línea blanca y empieza a tocar el balón, o incluso cuando está esperando a tocarlo, es mi ídolo, el único que tengo. Acabo recién de tomar conciencia de ello aunque debería haber sido obvio hace rato. Veo todos los partidos que puedo del Barcelona y de la selección argentina para verle a él. Lo mismo haría si jugase para el Real Madrid, para el Chelsea, para el Guangzhou Evergrande o para el Newell’s Old Boys de Rosario, donde nació.

La conexión entre su cerebro y sus pies es mágica y única. Es un genio, es una alegría en mi vida y un consuelo frente a la estupidez del mundo. El día en que se retire será un día de luto pero, mientras tanto, me siento profundamente afortunado de estar vivo en la era Messi y le agradezco que me haya dado una patria y una tribu con la cual puedo decir por fin que me siento claramente identificado.

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