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Modelo Neymar, estilo Messi

El brasileño gana y proporciona mucho dinero y provoca también muchos dolores de cabeza; se impone una declaración seria de Messi

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Messi y Neymar. AP

Neymar se salió con la suya y finalmente podrá aparcar su carpa mediática y familiar en París, la ciudad de la luz, seguramente mucho más cómoda futbolísticamente que la mestiza Barcelona, la del mar y montaña, la de Romario y Cruyff, de Ronaldinho y Rijkaard, de Messi y el propio Neymar. Hay pocos equipos de juego más socializado que el Barça y difícilmente se puede encontrar a un delantero más egoísta que el actual 10 de Brasil.

Aunque han sido varios los brasileños que han ido y venido del Camp Nou, no se recuerda una partida como la de Neymar, ni siquiera cuando se largó Ronaldo después de que a Núñez se le apareciera la Virgen María y se negara a firmar una renovación multimillonaria protagonizada por un trío de intermediarios precursores del padre de Neymar. El suyo ha sido un culebrón que no supieron descifrar ni sus mentores Bartomeu y Rosell.

Hay incluso cierta compasión hacia la directiva por el proceder perverso del futbolista, consumado burlador que ahora mismo parece más interesado en ser proclamado como el mejor jugador del mundo que en serlo, como escribió Thiago Arantes. Cuesta imaginar a muchos barcelonistas llorar de pena por Neymar. A fin de cuentas de momento tampoco se va al City, al United ni al Madrid sino al PSG.

El PSG tiene los mismos delirios de grandeza que Neymar. Ambos casan estupendamente como iconos del nuevo fútbol sostenido por el dinero fácil, una amenaza para un club singular como al Barça, al que le cuesta capitalizarse para competir en la Liga y en la Champions. Neymar no es solo un malabarista sino también una multinacional ambulante que obliga a preguntarse por las cláusulas de rescisión que solamente valen para la Liga.

Neymar gana y proporciona mucho dinero y provoca también muchos dolores de cabeza, sobre todo cuando no se dominan las claves de la industria futbolística, como parece ser el caso del Barcelona. El brasileño solo parecía tener sentido como miembro del tridente y el trío Messi-Luis Suárez-Neymar perdió su razón de ser cuando se agotó Luis Enrique. Así que ahora toca volver a comenzar con Valverde.

El suyo ha sido un culebrón que no supieron descifrar ni sus mentores Bartomeu y Rosell

El nuevo entrenador aboga por el sentido común y el sentido de equipo, dos virtudes que se han perdido con el tiempo y que son imprescindibles para saber qué necesita el equipo para reforzarse y qué precisa el club para recuperar la moral perdida después de conquistar la Copa de Europa en Berlín. Neymar es un mago y la ilusión desaparece cuando se descubre el truco, de manera que sustituirle sería perseverar en el error; mejor pensar en acompañar a Messi.

La errática política de fichajes del club aconseja dejarse de tonterías y preguntar a Valverde. El momento invita a la junta de Bartomeu a reflexionar después de malbaratar la herencia de la Masia y fracasar en la gestión de su modelo futbolístico representado por Neymar. El brasileño se ha reído tanto del Barcelona que se impone una declaración seria de Messi.

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