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El secreto del fútbol español está en los quinceañeros

Albert Celades, seleccionador sub-21, desgrana el proceso formativo que ha convertido a España en la cantera de referencia junto con Brasil

Celades, en la Ciudad del Fútbol de las Rozas.
Celades, en la Ciudad del Fútbol de las Rozas.

El camino que va del vestuario al hotel, y del hotel al campo, y del campo al vestuario, y del vestuario al hotel de la Ciudad del Fútbol Las Rozas, es un circuito en el que Albert Celades (Barcelona, 1975) se ha dejado un par de kilos en las últimas semanas. El seleccionador español sub-21 ata cabos a toda velocidad, sudando bajo la ola de calor. Sin tiempo que perder porque este sábado España se mide a Macedonia en el Europeo y las expectativas son máximas. Es la consecuencia de acudir con una plantilla de profesionales consagrados y, en algunos casos, de figuras incipientes.

El ciclo virtuoso de la cantera vuelve a producir futbolistas extraordinarios para la segunda selección nacional, llamada Rojita. La presión por reconquistar el título logrado en 1986, 1998, 2011 y 2013 se multiplica. A Isco, Thiago, Carvajal y Morata los han relevado jugadores excepcionales como Asensio, Llorente, Ceballos y Vallejo. El fenómeno de la aparición de talentos españoles llama la atención en todo el mundo. Lo primero que dicen los responsables de la federación, aglutinados en torno a Ginés Meléndez, impulsor del modelo, es que la eclosión obedece muy poco a factores aleatorios. Señalan tres fundamentales: la formación vanguardista de las canteras de clubes, generalmente basada en la técnica; el fogueo competitivo en Segunda y Segunda B; y el aprovechamiento exhaustivo de ese potencial por parte de la federación, que concentra su búsqueda en quinceañeros.

60 futbolistas por año

“Le damos mucha importancia a la selección sub-16”, explica Celades. “Es la primera y es la más difícil porque es el primer filtro. Intentamos traer cada año a Las Rozas entre 60 y 70 futbolistas menores de 16 a entrenar y a jugar amistosos. Las federaciones territoriales nos ayudan a detectarlos, los vemos y los convocamos a ver si funcionan. Mayoral, Asensio, Sandro, Saúl, Denis Suárez, Vallejo, Grimaldo, Deulofeu, Meré, Bellerín, Jonny… Todos han pasado por esa criba”.

Al menos la mitad de los sub-21 que irán a Polonia provienen de esas pruebas originales sub-16, en un arco que va necesariamente del fútbol aficionado al profesionalismo. Este acierto se repite en muy pocos países. Ahí reside buena parte del éxito de España, según Celades: “Los errores en esas edades son ineludibles. Pero es importante no equivocarnos demasiado para que el proceso continúe y no estar cambiando 20 jugadores por año. Si hacemos una buena sub-16 lograremos un buen recorrido porque todos los técnicos federativos trabajamos sobre el mismo patrón. Cuanto más tiempo estén aquí los chicos más sencilla será la adaptación”.

Celades explica que para ser eficaz en la anticipación —en contra de lo que se hace en las federaciones de Francia o Inglaterra— en España se apuesta por criterios de inteligencia y técnica antes que en parámetros atléticos. “¿Qué sucede? Que hay veces que intuyes que un chico puede tener un recorrido pero en esa edad donde prima tanto el físico todavía no destaca”, explica el seleccionador. “Tiene un hándicap pero si técnicamente es muy bueno, lo sumamos. Es un peaje que tenemos que pagar y nos compensa para recoger los frutos más adelante”.

El sistema es armónico porque en España se ha constituido una verdadera escuela. La gran mayoría de los clubes de Primera y Segunda realizan un trabajo homogéneo en las bases, en las que invierten grandes esfuerzos. Los tradicionalismos, en general, se han superado. “El trabajo formativo es magnífico en muchos clubes”, dice Celades; “con buenos entrenadores y con muy buenas metodologías de trabajo. Eso tiene sus frutos. Nosotros en la federación lo que hacemos es intentar aprovecharnos”.

El Barcelona, con seis representantes Sub-21 formados en su cantera, sigue siendo el club que más aporta a la selección que irá al Europeo de Polonia. Lo siguen Athletic y Celta (tres cada uno); Madrid, Valencia, y Real Sociedad (dos cada uno); y Mallorca, Betis, Atlético, Osasuna, Sporting, Zaragoza y Espanyol (un jugador cada uno). 

Los jugadores que no fueron captados en la sub-16, como Ceballos o Llorente, se sumaron a la sub-19. En esta categoría fueron campeones de Europa. La convivencia reiterada tiene un valor esencial. “El sentimiento de pertenencia es importante”, señala Celades. “Queremos que los chicos sientan la selección como algo propio. Les decimos que esto es suyo, que llevan muchos años viniendo, que esta es su casa, su equipo. No queremos que aparezcan aquí de repente en eso que se llama selección y es algo abstracto. Les recordamos que este es su equipo, que llevan aquí mucho tiempo, que han pasado aquí unas cuantas aventuras con nosotros. Saben lo que queremos de ellos. Saben lo que nos van a dar. Por eso intentamos equivocarnos lo menos posible en la selección de la sub-16”.

"Aquí los niños compiten contra hombres"

“En otros países las Ligas de filiales no son tan competitivas y eso hace que el salto al profesionalismo sea complicado”, dice Celades. “Aquí la mayoría de los filiales están en Segunda B y los niños están obligados a jugar contra hombres. Eso curte. En el aspecto competitivo da una ventaja. La mayoría de los sub-21 han pasado por Segunda B o por Segunda. La criba es dura. Los chavales están en sus canteras muy protegidos y les viene bien contrastarse con la realidad del fútbol profesional. Ahí se acaba lo de: ‘¡Venga, va, mañana, venga, va, mañana...!’. El profesionalismo es ya”.

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