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La marisquería donde se gestaron las grandes noches europeas del Calderón

Muchas de las grandes hazañas internacionales vividas por el Atlético en el Vicente Calderón se gestaron en la cervecería Köln, cercana al estadio que el miércoles vivirá ante el Madrid su última cita en competición internacional

Los jugadores del Atlético celebran la victoria ante el Barça en los cuartos de la Champions de 2014.
Los jugadores del Atlético celebran la victoria ante el Barça en los cuartos de la Champions de 2014.

La marisquería Köln aún conserva el luminoso blanco con letras en azul que retrotrae a la hostelería barrial del Madrid setentero. El aluminio de la barra, los tablones de madera barnizados que culminan el angosto recinto y los oscuros baldosines que alicatan las paredes salvaguardan la solera de lo que Miguel Reina, exportero del Atlético que aún pasa por allí cuando visita Madrid, define como “nuestro santuario”. El local, situado en el Paseo 15 de Mayo, a dos pasos de la plaza de Marqués de Vadillo y a menos de un kilómetro del Vicente Calderón cruzando el Manzanares, defiende su estética frente a esa moda de los bares vintage que ahora anuncian vermout de grifo sobre la impostura de azulejos que pretenden reflejar un tiempo y una apariencia que nunca fueron la suyas. En la Köln, entre cervezas con limón, gambas al ajillo, “y los mejores boquerones en vinagre de Madrid”, apunta Miguel Reina, se gestaron algunas de las grandes noches europeas vividas en el Vicente Calderón. El miércoles, el coliseo vivirá la última con el desafío casi utópico de remontar un 3-0 al Madrid.

Los protagonistas de la primera semifinal de la Copa de Europa disputada por el Atlético, ante el Ajax en 1971, la ya legendaria semifinal contra el Celtic de Glasgow en 1974, la final de la Copa Intercontinental conquistada un año después ante el Independiente de Avellaneda, desfilaban por allí para conversar de la vida y gestar el ambiente adecuado para afrontar aquellos memorables partidos que entraron en la historia del Atlético y del Manzanares. Luis Aragonés, primero como jugador y después ya como entrenador —se sentaba aparte—, Adelardo, Rodri, Alberto, Ovejero, Ufarte, Gárate, Leal, Melo, Luiz Pereira, Robi, incluso la generación del doblete del 96 se ha acodado en la barra de la Köln. “Yo era un niño y me sentaba con ellos, hablaban de sus cosas y conversaban sobre los partidos y los rivales. Luis iba con su ayudante, Martínez Jayo, y apuntaban cosas y hacían flechas sobre una libreta. Bebían cerveza con límón o incluso con refrescos de naranja, que lo pusieron de moda los argentinos y los brasileños del Atlético, porque en Madrid, de toda la vida, la clara era con Casera”, recuerda Gonzalo Machado, hijo del propietario ya fallecido.

“Preparábamos los partidos allí, generando camaradería”, dice Adelardo, el capitán de los capitanes de la historia del club. “A Guzmán le decíamos medio en broma, medio en serio, que a los de rojo y blanco era a los que tenía que pasarle el balón y que le pegara con el interior de la bota que había más superficie para dirigir la pelota”, bromea Reina, antes de aclarar que “allí éramos una familia y no solo hablábamos de fútbol”. “Venían después de los entrenamientos, cada jugador tenía una jarra de barro con su nombre”, apunta Lola, la cocinera y ahora al frente del negocio, mientras despacha vistosas zamburiñas, chipirones y gambas a la plancha. “Era un sitio de peregrinaje, mucha de la gente que bajaba de Carabanchel por General Ricardos hacia su parada aquí en esas noches europeas y también en los partidos de Liga. Ahora ya no tanto, todo está más repartido desde que quitaron las pasarelas por la construcción de Madrid Río”, prosigue con nostalgia Gonzalo. 

Luis y el primer gol

 La Köln no estaba aún en funcionamiento cuando el Atlético disputó su primer partido europeo en el Calderón. Fue el 12 de octubre de 1966 contra el Malmoe sueco (3-1). Apenas una semana después de que el estadio, aún sin acabar, fuera inaugurado ante el Valencia. “La grada principal no estaba terminada aún, faltaban muchas cosas por hacer. El ambiente era bueno, porque desde la semifinal del 59 que perdimos con el Madrid, el club no había participado en la competición. A los suecos ya les habíamos ganado allí”, asegura Adelardo. “Luis, que ya había marcado el primer gol en la inauguración del campo, también marcó el primer gol en Europa que vio el Calderón. Pero su gran noche fue la del Cagliari, con tres tantos muy suyos. Tenía un carácter especial para este tipo de partidos. Era un echao palante como luego fue como entrenador”, incide.

La marisquería donde se gestaron las grandes noches europeas del Calderón

En la temporada 1970-1971, el Atlético alcanzó las semifinales de la Copa de Europa. El rival, el revolucionario Ajax, con aquella desorganización organizada que definió el fútbol total que dirigía Rinus Michels y abanderaba Cruyff. “Ganamos 1-0 con un gol mío llegando desde atrás, pero nos impresionaron”, relata Jabo Irureta. “Nos habíamos enfrentado a ellos un par de años antes en el Teresa Herrera, pero ahora ya estaban más hechos. Técnicamente era muy buenos, pero físicamente eran tremendos y tiraban el fuera de juego con una rapidez y una agresividad que yo nunca había visto. Hulshoff, Krol, Suurbier, Neeskens, Mühren, Cruyff, Keizer, eran un equipazo y nos eliminaron en la vuelta”.

Del Celtic al Barça

No fue hasta tres años más tarde cuando el Atlético alcanzó otra semifinal. Esta vez contra el Celtic de Glasgow del habilidoso extremo Jimmie Jonhstone, La Pulga Voladora.En la ida, en lo que se recuerda como la batalla de Glasgow, no hubo goles. El turco Dogan Babacan expulsó a Quique, Ayala y Panadero Díaz, y la policía escocesa aporreó a varios jugadores del Atlético. “Panadero todavía decía que no entendía cómo le habían expulsado y le había dado una patada en el pecho a Johnstone tremenda”, advierte entre risas Miguel Reina. “El partido fue tan duro que se preveían altercados públicos. La policía estuvo escoltando al Celtic durante toda su estancia en Madrid. Ahí sí que recuerdo que había un espíritu muy de Copa de Europa entre nosotros y el público. Gárate puso en franquicia la eliminatoria y yo hice el 2-0 tras una pared con él y un remate que metí por la escuadra. La afición tuvo un comportamiento exquisito. Se temía que el campo se llenara de almohadillas, pero no cayó ni una”, afirma Adelardo. “En mi vida he visto un estadio igual al de aquella noche”, advierte Reina sobre esa legendaria cita que le dio al Atlético el pase a su primera final de la Copa de Europa y que durante años fue transmitida de padres a hijos.

Tuvo que esperar el Atlético 40 años para alcanzar otra semifinal de Copa de Europa. Para ello tuvo que pasar por encima del Barcelona de Messi en cuartos de final. El 1-1 de la ida le daba ventaja al Atlético. En el Calderón, la salida en tromba y el madrugador gol de Koke generaron una electricidad y un entusiasmo que Simeone admitió no haber vivido nunca. Aficionados y jugadores opinan parecido sobre aquel partido. “Fue un partido único, ahora tenemos que honrar otra vez a esta camiseta”, dice Gabi. “Para pasar esta eliminatoria necesitaremos incluso un ambiente mejor que el de aquel partido con el Barcelona”, advierte Filipe.

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