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El mejor jugador y el más goleador: Leo

Messi discute la carga simbólica del Madrid y pone en valor la del Barça cuando tiende su camiseta en el Bernabéu

Messi, tras el gol que decidió el clásico. Ampliar foto
Messi, tras el gol que decidió el clásico. Getty Images

Al barcelonismo le puede la prisa por recortar en tiempos de Messi la diferencia de títulos que el Madrid le sacó durante un siglo. Así se explica el júbilo azulgrana por el gol del 10 en el minuto 92 del clásico y también la decepción disimulada con una ovación después de la derrota con la Juve. No hay tiempo que perder ahora en la Liga. Nada puede causar mayor satisfacción en los barcelonistas que un gol de Messi en el tiempo reservado para la gloria del Bernabéu, hoy personalizada en Sergio Ramos, y una remontada por 6-1 contra el PSG porque se suponía que solo un equipo de la categoría del Madrid podía dar la vuelta a un partido imposible de la Copa de Europa.

Messi discute la carga simbólica del Madrid y pone en valor la del Barça cuando tiende su camiseta en el Bernabéu. Muy pocos jugadores son tan respetuosos con la liturgia del fútbol como Messi. No discute cuando le tiran o le rompen los morros ni aplaude a los árbitros sino que juega con el pómulo roto, un labio cosido y un ojo morado. Incluso ensangrentado, combate el ruido mediático con su fútbol silencioso, regular y comprometido, como indican las ocho Ligas ganadas desde su debut hace 13 años ante el Espanyol. La influencia del argentino en el Barça se expresa en el día a día pese a contar también con cuatro Champions (11 a 5 a favor del Madrid). Y es ahí donde el Barça le ha comido terreno al club de Florentino (32 a 24 ligas).

No discute cuando le tiran o le hieren  ni aplaude a los árbitros. Combate el ruido mediático con su fútbol silencioso y comprometido

Aunque descansa a ratos, Messi reapareció en los momentos decisivos del Bernabéu, después del 1-0 de Casemiro, cuando empató James y, entre tanto, eliminó con su velocidad a Sergio Ramos, sacó de punto a Marcelo y descolocó a Casemiro. El 10 volvió a ser explosivo en un equipo meritorio como el Barça. Los artistas fueron pocos, aunque decisivos, en el Bernabéu. Acaso Piqué, Busquets, a ratos Rakitic y sobre todo Ter Stegen acompañaron a Messi. No tienen los azulgrana el mismo equipo que en tiempos de Puyol y Xavi y ha empeorado su banquillo, circunstancia que limita sus aspiraciones de repetir los éxitos obtenidos en los dos primeros años de Luis Enrique.

Los resultados excelentes en campos difíciles como el Bernabéu, Calderón, San Mamés, Mestalla o Sánchez Pizjuán, han alternado con pifias ante rivales como el Alavés, el Málaga, el Betis o el Deportivo. No eran partidos que exigían la mejor versión de Messi sino que pedían una actuación correcta de futbolistas como Arda, Denis, André Gomes o Alcácer. El reto de los azulgrana es corregir ahora su carácter bipolar y ganar los partidos que quedan de Liga.

El reto de los azulgrana es corregir ahora su carácter bipolar y ganar los partidos que quedan de Liga

Las cuestiones estructurales y tácticas quedan para la próxima temporada y el nuevo entrenador, quien seguro cuenta con Messi. Aun cuando conviene discutir sobre el tridente, no se concibe ningún proyecto sin el 10. Y para saber sobre sus funciones quizá conviene visualizar el 2-3 del Bernabéu como síntesis del ideario del Barça: la conducción de Sergi Roberto, la llegada de Jordi Alba y la velocidad de ejecución de Messi. La historia asegura que cuanto más cerca del gol está Leo más próximo a la gloria se encuentra el Barça.

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