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El drama burocrático de Marcelino

Despedido por el Villarreal en verano a días de su debut en Champions, el asturiano es uno de los técnicos de mayor prestigio pero el reglamento no le deja entrenar

Marcelino en Anfield, en 2016. Ampliar foto
Marcelino en Anfield, en 2016. PA Wire/Press Association Images / Cordon Press

Dicen que el fútbol no es una ciencia exacta. Que donde rueda un balón todo es aleatorio y confuso. Pero la víspera del Leverkusen-Atlético de la ida de los octavos de la Champions, Marcelino García Toral hizo cálculos y predijo por dónde vendría la tormenta: “El Bayer es vulnerable; anárquico cuando no tiene el balón. Dejan zonas de presión libres y presionan en zonas inocuas. Le pueden hacer muchas situaciones de dos contra dos”.

Marcelino volvió a hacer cálculos tras asistir al partido de octavos de Champions en el Bernabéu, hace un mes. “El Madrid es un equipo físicamente muy fuerte; y el punto débil del Nápoles es en el contacto físico”, ponderó. “Se vio varias veces. Veías que Insigne, Mertens, Callejón o Diawara, en situaciones de disputa no se imponían”.

Las previsiones se materializaron puntualmente. El Madrid superó al Nápoles (3-1) en los choques, los saltos y los cabezazos de los córners; y el Atlético fulminó al Leverkusen (2-4) saliendo de la presión y poniendo a Gameiro y Griezmann en situaciones de dos contra dos. El entrenador alemán, Roger Schmidt, lo pagó con su destitución.

Marcelino, de 51 años, también es entrenador y está en el paro. Pero, a diferencia de Schmidt, no por malos resultados, sino después de tres años y medio de éxitos ininterrumpidos. El Villarreal le firmó el finiquito el 10 de agosto de 2016, en plena canícula, cuando todavía no había disputado ni un partido oficial. El artículo 162 del Reglamento de la RFEF le impidió entrenar en España por lo que resta de curso. Es decir: todo el curso.

No a China

Habla del Nápoles y el Leverkusen con cierta reserva. Como quien confiesa algo íntimo. El año pasado los eliminó de la Liga Europa. Pero antes los estudió a fondo. Imaginaba que la información le serviría para dirigir al Villarreal en la Champions.

“No cabe duda de que no esperaba estar así”, dice. “Mi despido fue un poco sorprendente dados los resultados del Villarreal, que habían sido extraordinarios. Empezamos en Segunda en enero de 2013, con un equipo que tenía grandísimas dificultades, con la ansiedad y la obligación de ascender, y se logró. En la primera temporada en Primera, contra pronóstico fuimos sextos. En la siguiente volvimos a ser sextos y jugamos las semifinales de Copa por primera vez en la historia del club. Y en la última temporada fuimos cuartos en la Liga y llegamos a semifinales de Europa League eliminando a los que ahora son los rivales del Madrid y el Atlético en Champions. ¡Solo caímos en semis con el Liverpool!”.

“Después de todo eso esperas seguir”, dice el técnico, que vive la experiencia del paro con una tranquilidad distraída. Se encoge de hombros y sonríe. Ha descartado una oferta de la Superliga China por considerar que emigrar al Extremo Oriente equivale a la jubilación; y entre medias ha negociado infructuosamente con el Inter, y con el Valencia, que a finales de septiembre, cuando buscaba sustituto para Paco Ayestarán, recurrió a la federación sin efecto. El artículo 162 del reglamento no admite lecturas alternativas: “Si se resolviese el vínculo contractual entre un club y un entrenador sea cual fuere la causa (…) este último no podrá actuar en otro en el transcurso de la misma temporada”.

La prohibición de Marcelino se circunscribe a España. El técnico recuerda que nunca llegó a dirigir al Villarreal. La federación señala que el plazo se inicia a partir de la inscripción de la ficha, el 1 de julio, y no de su actuación en un partido oficial. Según Joaquín Muñoz Rodríguez, experto en Derecho Deportivo, el espíritu de la ley contempla que el técnico comienza a competir mucho antes de que se celebren los partidos, cuando los clubes se disputan los fichajes en el mercado. Allí adquieren información estratégica y confidencial. Para evitar que la utilicen contra sus antiguos empleadores se les impide cambiar de club.

El profesor José Luis Carretero Lestón, miembro de órganos jurisdiccionales del COE y la federación, y uno de los expertos en Derecho Deportivo más prestigiosos de España, señala que el artículo 162 está bien redactado por tres razones: “Que un entrenador inscrito por un club (aunque no haya participado en partidos oficiales) entre en conflicto de intereses si es inscrito por otro club; que los entrenadores pueden entrenar a equipos de otra competición; y que los entrenadores suelen cobrar la totalidad del contrato rescindido, con lo que habría un enriquecimiento injusto al cobrar dos salarios”.

“No obstante —apunta el jurista—, las normas son generales y en ocasiones casan mal con supuestos concretos”.

Construir plantillas

Marcelino soñaba desde hacía 20 años con entrenar en Champions y le faltaron siete días para debutar con el Villarreal ante el Mónaco. Lo despidieron y el Mónaco eliminó al Villarreal en la ronda previa. “¡Habríamos eliminado al Nápoles! —dice—. Teníamos la tremenda ilusión... Y luego nos encontramos con que no nos dejan trabajar. Son las reglas, pero son difíciles de comprender sin haber dirigido al Villarreal esta temporada”.

Recluido en Gijón, su ciudad natal, el técnico medita sobre el proyecto ideal. Le preocupa elegir un club que arme sus plantillas de un modo coherente. Piensa en ejemplos de máximo aprovechamiento, como el Sevilla, el Dortmund o el Atlético. “La construcción de plantillas con talentos compatibles es determinante”, dice. “No hay entrenadores con una fórmula ganadora. La fórmula ganadora son los jugadores. Unido al talento necesitas gente leal. Un grupo de capitanes con una filosofía del trabajo y del respeto. Lo veo en el Atlético y el Barça”.

Admite que sus tres años y medio en el Villarreal resultaron extenuantes y que de ese desgaste se derivaron fricciones con los futbolistas y la directiva. La norma general en un oficio que ha convertido los banquillos en lugares difíciles de soportar por más de tres temporadas.

“Me apasiona buscar soluciones y este trabajo te las exige constantemente —dice—. Estás absorbido en una dinámica de solución de situaciones para intentar mejorar al jugador y al equipo. Y en esa búsqueda estás intentando ser mejor tú también”.

Marcelino habla desde la nevera burocrática a la que le han confinado las normas que velan por la pureza de la competición. Pero nadie le quita la Champions de la cabeza.

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