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Kempes: “Igual un día te encuentras que al Valencia no le queda ni el nombre”

Crítico con los dirigentes del club de Mestalla, del que fue embajador hasta hace unas semanas, al argentino le preocupa el futuro de la entidad

Kempes, en su primer acto como embajador en Valencia, en 2013. Ampliar foto
Kempes, en su primer acto como embajador en Valencia, en 2013. EFE

Es mediodía en la costa este de los Estados Unidos. Mario Alberto Kempes (Córdoba, Argentina; 62 años) acaba de volver a casa. Tenía una reunión. Y la agenda algo ajustada (dice), pero encuentra 20 minutos para atender el teléfono. Y hablar de fútbol, que al fin y al cabo es lo que ocupa sus días como comentarista de la cadena ESPN. Aunque la mayoría de comentarios que vierte en las redes sociales sobre el Valencia o las opiniones que ofrece en los medios cuando se le pregunta son siempre por amor al arte.

Desinhibido ante los micros y el teclado, las críticas recientes a la directiva del club de Mestalla le han costado el cargo como embajador valencianista, que ostentaba desde 2013, cuando se acercó a él el entonces presidente Amadeo Salvo. Pero Kempes –agradecido ante las enormes muestras de cariño de la afición che las últimas semanas– no pierde el tono. “Nunca me ha preocupado el título, siempre he sido embajador del Valencia. Es mi club, mi casa”. El grado de acidez de la crítica sigue siendo el mismo, también. Leyenda de la Argentina campeona del mundo en 1978 y goleador del Valencia a finales de los 70 y principios de los 80, ser embajador no le impidió dar su opinión sobre la gestión de Peter Lim y Layhoon Chan, propietario y presidenta de la entidad.

“Señores, lamentablemente estamos en presencia de un equipo que está perdido. No hay juego, no hay dirección y son pocas las ganas que se ven”, escribió en Twitter tras el partido contra el Eibar (el Valencia perdió 0-4). Al día siguiente él mismo informaba, por la misma vía, de que el club le había comunicado que dejaba de ser su embajador internacional. Pero, asegura, ya sabía que ocurriría. “En ningún momento me han pedido opinión, me han tenido como si fuera un cromo. Porque acallaba lo que se pudiera llegar a decir”, explica, como si entendiera que nunca les interesó su colaboración más que para hacer creer a la opinión pública que lo tenían de su lado. La relación que tenía con Salvo no es como la que ha mantenido estos años con Layhoon, con quien se reunió por videoconferencia la primera vez para concertar la continuidad del contrato: “Yo le dije que mi trabajo estaba aquí y ella me contestó que no quería que estuviera en Valencia para que la gente no se cansara de verme. Ahora me dicen que no puedo seguir, que vivo demasiado lejos. Tiene gracia, un embajador internacional no tiene que vivir en la misma ciudad. Pero no importa, son demasiados los problemas que tiene el club”.

E insiste: “Me preocupa el club. Hay gente cercana a la entidad, allegados, que no se animan a decir las cosas; como yo no tengo problema digo lo que pienso. Y quizá se me escucha más que a otros. Pero no lo digo para causar daño, sino para que puedan estar atentos a la situación, porque el día de mañana el club puede estar comprometido. Si la gente no tiene idea de lo que pasa, porque hay un dueño que lo lleva a su antojo, igual un día te encuentras que al club no le queda ni el nombre”.

Kempes teme por el futuro del Valencia. Y aunque asegura que no tiene más indicios que aquellos con los que cuenta el seguidor de a pie, es exigente con los nuevos gestores. “Vale, han saneado el club, pero prometieron un estadio nuevo y, de momento, el estadio sigue en su esqueleto. La inauguración estaba prevista para el centenario, en 2019, pero ahora ya dicen que no, la han retrasado. Hay que tener en cuenta las promesas que no se cumplen”, señala. Y lamenta la desvinculación del inversor singapurense con el entorno. “Se tendrían que haber rodeado de gente de Valencia, pero lo han hecho al revés. Llegó Mendes, que no conocía el club y un poco más y lo hunde. Los consejos no han sido los mejores”.

Hoy, dice desde su casa en Connecticut, donde la nieve todavía asoma a la puerta de la entrada, su relación con el Valencia “es menos que mínima”. Y así ha sido prácticamente con casi todos los presidentes. “Simplemente me alegro cuando al club le va bien. Y nunca me meteré con los jugadores. Critico lo institucional. Y lo que me molesta es que tomen por tonto a alguien que sabe cómo es Valencia”. Aspira, como tantos valencianistas, a que el equipo salve la temporada. “Y si se puede llegar a la Europa League sería fantástico. Se han dado buenos resultados últimamente, pero todos los equipos no son el Madrid y el Barça, que son contra los que se juega con más ganas”. De Voro dice que hasta ahora “hacía de bombero” y que ha dado un paso muy importante. “Pero el toro es bravo”.

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