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El Benfica castiga la noche de pesadilla de Aubameyang

Los errores del delantero del Dortmund alimentan el esforzado triunfo de los portugueses

Aubameyang contempla el partido tras su sustitución.
Aubameyang contempla el partido tras su sustitución.
Champions League Octavos

FINALIZADO

El Benfica sufrió y ganó, en la noche más penosa para Aubameyang, que durante la hora que estuvo en el campo falló ocasiones de todos los colores y contribuyó de manera decisiva a minimizar el despliegue de su equipo, que fluctuó de la superioridad a la impotencia. Triunfó quien persiguió. Y ahí tiene mérito el Benfica porque no es un trabajo al que está acostumbrado, mandón como es en su competición doméstica. Pero el Borussia obliga. Esa probeta de ensayo que maneja Thomas Tuchel alberga una excitante química en la que mezcla varios futbolistas a los que se augura un largo recorrido. A los mandos está Julian Weigl, un chico de 21 años al que, valga la irreverencia, se le puede parangonar con el tranco, la fisonomía y las maneras futbolísticas que tenía Pep Guardiola. Construye en largo y en corto, apoya, ofrece salidas y se posiciona como escoba en la presión alta. Siempre ofrece una referencia para sus compañeros.

Benfica

4-4-2 (D.P.)

Rui Vitória

1

Ederson Moraes

50

Nelsinho

4

Luisão

14

Nilsson-Lindelöf

19

Eliseu

21

Pizzi

5

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Fejsa

18

Salvio

15

Cambio Sale Filipe

Carrillo

11

1 goles Gol Cambio Sale Raúl Jiménez

Mitroglou

27

Cambio Sale Franco Cervi

Rafa Silva

38

Bürki

26

Piszczek

25

Sokratis

5

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Bartra

37

Erik Durm

7

Ousmane Dembélé

33

Julian Weigl

29

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Schmelzer

13

Cambio Sale Christian Pulisic

Raphael Guerreiro

17

Cambio Sale Schürrle

Aubameyang

11

Cambio Sale Castro

Marco Reus

B. Dortmund

3-5-2

Thomas Tuchel

Weigl dictó y el Borussia escribió una obra que no supo rubricar. Le faltó puntería, cuestión nada menor. Pintó superior durante casi todo el partido, dominó antes y después del gol de Mitroglou, pero dejó pasar cada oportunidad en la que llegó ante la meta del Benfica. Especialmente fallón estuvo el cotizado Aubameyang, que alertó sobre sus cualidades: es más delantero cuando explota el espacio que si se le obliga a resolver en el área. La mala experiencia con Gabón en la Copa de África parece haberle deprimido. En Lisboa fue de fiasco en fiasco y su lenguaje corporal remitió al de un futbolista alicaído que ni siquiera aprovechó un lanzamiento de penalti para salir del agujero: lo envío centrado a los puños de Ederson, que ni siquiera tuvo que despegar los pies del suelo para repelerlo. Poco después su entrenador lo envió a la banqueta.

Entre los desastres de su delantero, el Borussia sintió que estaba ante un rival superado, que incluso le ofrecía más facilidades de las aconsejables. Pero no halló vías para llegar a su portería y penó la única vez que debió defender la suya. El Benfica creció desde la desdicha de su oponente. Durante largos tramos del partido no hubo noticias de sus futbolistas diferenciales. Volcado hacia su meta, abocó a Salvio, o Pizzi a recorrer kilómetros sin balón. Desconectó a Mitroglou, que no tocó bola durante los primeros tres cuartos de hora, y a Carrillo, que en el descanso se quedó en la caseta tras haberse dedicado más al atletismo que al fútbol. Rui Vitoria entendió que debía aportar aún más resta por dentro, llamó a Filipe Augusto para poblar el mediocentro y subir líneas a partir de ese blindaje. El plan le brindó inmediatos réditos porque sorprendió al Benfica en los dos primeros minutos tras el receso con una presión alta que generó dos saques de esquina. El segundo lo tocó Luisao y lo remachó a la red Mitroglou.

Error de Aubameyang en el penalti lanzado a las manos de Ederson.
Error de Aubameyang en el penalti lanzado a las manos de Ederson. REUTERS

El Borussia se encontró entonces ante una montaña que nunca había buscado. Tampoco el Benfica, que cada poco tiempo se mostraba gentil con el rival. Fejsa, un mediocentro que también acumuló desastres, regaló el penalti que marró Aubameyang antes de que Tuchel le dijese basta a su delantero. Para entonces ya mandaba el reloj y un marcador que invitó al Benfica al repliegue. Ante una zaga cerrada, el Borussia tomó el manual, abrió el campo y fue paciente. Obligó a un excelente Ederson, el meta local, pero nunca dejó de ser romo y deberá remontar en su feudo para estar en cuartos de final.

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