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Bayern y Arsenal exponen sus dudas

Los alemanes afrontan los octavos de final tras quedar segundos de grupo por primera vez en siete años, el mismo tiempo que lleva el Arsenal cayendo en esa ronda eliminatoria

Carlo Ancelotti, junto a Javi Martínez durante el último entrenamiento del Bayern.
Carlo Ancelotti, junto a Javi Martínez durante el último entrenamiento del Bayern. EFE

Europa mide a Bayern y Arsenal (20,45 horas. BeIn Sports Max) porque hay tantas cuentas pendientes que da la impresión de que todo lo que hagan en las competiciones domésticas se queda en anécdota respecto al examen que afrontan en la Liga de Campeones. A los bávaros se les desinfla el sorprendente Leipzig en la Bundesliga, al que ya distancian en siete puntos y a catorce y quince de distancia quedan Eintracht y Dortmund. Al equipo que prepara Arséne Wenger le asaltan las interrogaciones tras dos derrotas en las tres últimas jornadas ya transitan a diez puntos del liderato de la Premier, porque tampoco hay respuesta a la pregunta respecto a quien va a gobernar el equipo la próxima temporada veinte años después de la llegada del técnico alsaciano al viejo Hihgbury. El cruce en octavos de final de la Liga de Campeones ayudará a definir situaciones. Europa manda para ambos y les convierte en deudores: el Bayern por primera vez en siete años no ha superado la primera fase como campeón de grupo (le superó el Atlético). Ese mismo tiempo lleva el Arsenal topándose con un muro en octavos de final.

La cautela de Wenger

Bayern y Arsenal exponen sus dudas

Nada resulta sencillo para Arséne Wenger, encimado por la mayor contestación social en el Arsenal tras veinte años de evangelización. Se discute al técnico que cambió la historia de los gunners, que bajó la pelota al piso e introdujo en su caseta conceptos que trascendían de la pelota y tenían más que ver con un futuro que aún no había llegado a las Islas. Acaba contrato en junio y nada está claro sobre su futuro, que es el del club. “A veces me siento cansado, pero eso no quiere decir nada”, apunta Wenger, que alzó once títulos, entre ellos tres Premier League, entre 1996 y 2005.

Desde entonces solo ganó dos Copas y dos Supercopas. En Champions ha caído en octavos en la últimas seis ediciones ante Mónaco, Milan y dos veces frente a Barcelona y Bayern, respectivamente. Ante esta nueva cita en Múnich reclama cautela. “Tenemos que saber gestionar que hay un partido de vuelta en nuestra casa”, alerta. En esa certeza valora reforzar la medular con tres piezas y desnudar el ataque, donde se debate sobre la tibia aportación de Özil, que no marca desde el 2 de diciembre.

El examen pondrá a prueba la evolución del Bayern tras la marcha de Pep Guardiola el pasado verano. “El fútbol no solo es estética”, clama su sucesor Carlo Ancelotti, que igual resulta demasiado pragmático incluso para los más pragmáticos seguidores del Bayern, aquellos que clamaban por un estilo menos cocinado. El Bayern gana por una cierta inercia, pero no enamora y por momentos resulta un híbrido entre lo que ha pasado y lo que está por pasar. “El fútbol no solo es la táctica sino también el manejo del resultado, la actitud o la pasión. No siempre se puede jugar bien y entonces hay que mostrar otras cualidades para sacar los partidos adelante”, ilustra Ancelotti para defenderse de las críticas. Sólo ha perdido tres partidos oficiales desde que se hizo cargo del equipo, uno en la Bundesliga en Dortmund y dos en competición continental en el Vicente Calderón y en su visita a Rostov. Todos por la mínima, pero suficiente para suscitar un alud de críticas porque el juego del equipo tampoco invita al optimismo. “A veces hemos jugado bien, otras mal, pero en general estoy satisfecho”, apunta el italiano, que no dispondrá de Ribèry y Boateng para encarar al Arsenal.

La genética ganadora del Bayern exige a Ancelotti. Nada que no se pueda manejar con un arqueo de ceja. Las críticas le laminaron de inicio porque quiso implantar un 4-3-3 similar al que expuso en el Real Madrid, pero la experiencia le indicó que el equipo rendía más con dos pivotes. No tuvo reparos en variar. “Hay que ser flexible. Todos debemos serlo, también los futbolistas”, expone. Menos intervencionista e impulsivo que Guardiola, en la sede del club en Säbener Strasse se acostumbran a la calmada pasión del técnico italiano, que ha tenido que saltar varios obstáculos en apenas medio año. En enero dijo adiós a Paul Clement, su segundo durante más de 300 partidos, que se fue a dirigir al Swansea, donde se encontró a un colista y ahora mira a cinco equipos tras él. Quienes han tratado a Ancelotti en la intimidad del vestuario sostienen que Clement le daba un imprescindible barniz táctico al método empírico de su antiguo jefe, que se apoya ahora en Hermann Gerland, un veterano estratega alemán, y ha promocionado para asumir labores técnicas a su hijo Davide, que le acompañó como preparador físico en el Real Madrid. Todo bajo un aparente control que no oculta que el Bayern es un equipo en obras, una moneda al aire.

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