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Inglaterra no tiene techo

El ‘XV de la Rosa’ remonta a Gales en el tramo final de un choque intenso y suma su decimosexta victoria consecutiva (16-21)

Hartley pugna por el balón, contra Gales.
Hartley pugna por el balón, contra Gales. AFP

Ni el aura de Cardiff arrebata la sonrisa a la Inglaterra de Eddie Jones, que suma su decimosexta victoria seguida en el cementerio de tantos equipos ingleses. Ante los recuerdos —el 30-3 de 2013 o los 28 años seguidos sin victorias— Jones atrajo los focos. Dijo no entender qué demonios tenía de especial Cardiff y pasó de no importarle si el techo estaba o no abierto —se cerró en 2013 y la atmosfera sobrepasó a los ingleses— para decir a última hora que quería ver las estrellas. Mientras, sus pupilos, lejos de dominar los encuentros, saben resolver cualquier crucigrama. Así remontaron en el último suspiro un encuentro orgulloso que pareció escapárseles. Con el cielo como espectador, el Seis Naciones sigue su dictado.

Al más puro estilo del norte, Inglaterra y Gales priorizaron el territorio sobre la velocidad y la plasticidad. Gloria al breakdown y al juego de fronteras, a arrancar el oval y pescarlo entre decenas de botas afiladas, a leer la siguiente jugada y enganchar un placaje kilométrico. Ahí, en la imprescindible tercera, se enfrentaban los gigantes Warburton y Tipuric ante tres ingleses que sumaban cuatro internacionalidades. Se notó.

Irlanda exhibe poderío en Roma (10-63)

Las bajas de su apertura Jonathan Sexton y su capitán, Rory Best, no frenaron ni un ápice al XV del Trébol, que se rehízo en Roma de su derrota ante Escocia. Ambiciosa de inicio a fin, Irlanda no tiró ni un solo golpe de castigo a palos y aseguró antes del descanso el punto bonus de los cuatro ensayos, el primero en la historia del torneo. En una actuación coral de dominio en delantera y rápida circulación de balón, brilló CJ Stander.

El flanker de origen sudafricano se marcó un triplete, ensayando desde el ala, en carrera y desarbolando a la delantera con uno menos. Paddy Jackson, muy ágil a la mano, transformó los nueve ensayos visitantes. Italia, que anotó al derribar Irlanda ilegalmente un maul, terminó el partido desarbolada. Irlanda tiene seis puntos —dos bonus— en dos jornadas y el mejor average.

Pareció empezar bien Gales: posesión sin riesgos en campo contrario y golpe de castigo plácido para Halfpenny en apenas 90 segundos. Sería la excepción a un arranque dominante para el XV de la Rosa, propietario del balón durante el 75% de los 20 minutos iniciales. Gales se encontró en su retaguardia, sin disciplina —cometió en 12 minutos casi los mismos golpes que el domingo en Roma— pero con resistencia. Aguantaron cuanto pudieron, robando balones con mucho mérito, pero terminaron claudicando. En un ataque tan eterno como limpio, con 26 fases, Ben Youngs firmó una jugada de engaño saltando en el agrupamiento mientras los galeses estaban más pendiente de a quién pasaría el balón.

Toda una afrenta para el XV del Dragón, que se lanzó sediento a campo rival. La fórmula de percutir, apreciar cada micra de terreno y forzar el error rival les funcionaba. Inglaterra no acertaba a embolsar una patada alta y 10 segundos después tenía que deshacerse del balón en su guarida. Recortaba distancias Gales con otro golpe de Halfpenny mientras su delantera engrasaba acometidas.

Negados por dos veces cuando olían la marca, fueron tenaces los galeses y encontraron premio en la improvisada pizarra de Rhys Webb. El 9, que intentó sin éxito emular la jugada de pillo de su par inglés, susurró al oído de Liam Williams cómo debían salir de la melé. Scott Williams rompería por el centro para recibir el balón. Scott cabalgaría con las manos vacías para que Liam se encontrase una autopista sin tráfico rumbo al ensayo. Y así se marchó al intermedio Gales, con un hilo de sangre ya seca en el rostro de Rob Evans, feliz entre trincheras.

Exigida por el marcador, Inglaterra seguía a contracorriente. Recortó distancias con un golpe de Farrell pero Halfpenny devolvió el colchón de cinco puntos. En otro ataque de 20 fases, Youngs erró con un pase horizontal telegrafiado e interceptado por Biggar, que no tuvo la velocidad para desbordar a Daily y hacerse el campo entero. Quizás por eso aseguró después el XV de la Rosa, que decidió remontar en dos tiempos y canjeó por puntos un golpe propicio para Farrell.

La clave de la magnífica racha inglesa es su versatilidad para resolver circunstancias muy distintas. Ayudó la pérdida de Cuthbert, en juego por la baja de North a última hora, cuando Gales quería dormir el juego en campo inglés. Como hicieran ante Francia, Care y Te’o subieron las revoluciones y los locales sudaban en su zona de marca, sacando las garras y pateando al infinito mientras el reloj se tornaba insoportablemente lento. Una de esas patadas se quedó en el campo y Daily tiró de la misma punta de velocidad con la que había frustrado a Biggar para enfilar el costado y mancillar con un brillante contragolpe la zona de marca galesa a falta de tres minutos. El XV de la Rosa también sobrevive al otro lado de Severn, el puente hacia tantos horrores pasados.

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