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Nadal y Federer, héroes que no caducan

Mientras el tenis debate sobre el relevo generacional y el fin de una época, el español rinde a Dimitrov en un pulso de cinco horas y se reencontrará con el suizo en otra gran final, ya como jugadores treintañeros

Federer y Nadal, durante su participación en Australia este año.
Federer y Nadal, durante su participación en Australia este año. Getty

En estos tiempos de lo inmediato, de ídolos fast food que un día están en los altares y al otro en el barro, porque la sociedad moderna se cansa más rápido y demanda la novedad permanentemente, los únicos supervivientes son los héroes. Pocos, muy pocos deportistas sobreviven al reclamo del público, necesitado de nuevos estímulos y caras nuevas con las que reilusionarse. Son pocos, muy pocos, pero los hay. Y uno de ellos es Rafael Nadal, ese tenista al que hasta nada muchos le buscaban ya un retiro dorado y que ayer, después de otra actuación memorable, rindió a Grigor Dimitrov después de cinco horas (6-3, 5-7, 7-6, 6-7 y 6-4, en 4h 46m) y logró un billete para la final del Open de Australia. Es decir, les quitó la razón a todos ellos.

De repente, en un abrir y cerrar de ojos, el tenis regresó al pasado. Nadal en una final de un gran escenario, otra vez. Será la cuarta en Melbourne para él, el deportista irreductible, el hombre que no saboreaba una sensación similar desde hacía tres años, cuando derrotó a Novak Djokovic sobre la arena de Roland Garros (2014). Y enfrente estará precisamente otro de esas figuras para las que, independientemente de los resultados y las victorias, no existe una fecha concreta de caducidad. Es Roger Federer, el viejo amigo del balear, otro treintañero al que competitivamente se le enterró hace tiempo, pero que también ha demostrado que aún le quedan cuerda y arrestos a sus 35 primaveras.

Cuando parecía imposible que ambos volvieran a encontrarse en un escenario similar, Nadal y Federer desafiaron a la lógica. Los dos últimos años abrieron la puerta a un nuevo duopolio, el de Novak Djokovic y Andy Murray; se barrunta también desde entonces la llegada de una nueva generación de jugadores a la que le está costando imponerse, pero que poco a poco llega. Pero, de repente, la máquina del tiempo ha rebobinado una década para devolver a los amantes de este deporte el gran duelo. Numéricamente no se puede catalogar como el clásico, puesto que Nadal y Djokovic se han cruzado 49 veces y la de mañana será la 35ª entre ellos, pero dejando de lado las cifras ambos componen el binomio por excelencia de la era moderna.

Hace dos días, después de lograr el pase a la final, Federer comentaba que él y Nadal bromeaban hace no mucho con la posibilidad de disputar partidos benéficos, que quizá ya se les había pasado el arroz. Pero la realidad dice lo contrario. Será la 21ª final que diluciden ambos. En este sentido, el balear domina (14-7) e igualmente lo hace en términos globales (23-11). “No creía que pudiera jugar otra vez la final de un Grand Slam”, expresó Nadal, quien cuando fue preguntado por el pulso con Federer ofreció una respuesta que trasciende de lo que pueda ocurrir en la cita del domingo (9.30, Eurosport y Discovery MAX). “Este tipo de partidos engrandecen el deporte”, indicó el de Manacor, ayer pletórico.

Este tipo de partidos es de los que engrandecen el deporte. Es todo un privilegio para mí

RAFA NADAL

“Es un privilegio para mí poder competir contra él en otra final. Será especial”, continuó. “Cuando Roger estuvo en mi Academia [en octubre] íbamos a jugar una exhibición, pero estábamos lesionados, así que esto me hace muy feliz y a él supongo que también. Me siento afortunado. Nunca pensé estar donde estoy ahora, pero siempre confié en que si ganaba algunos partidos todo era posible”, prolongó el número nueve. “Yo sé lo que he trabajado y sé que Roger ama este deporte. Es diferente a mí y quizá no necesita trabajar tanto, porque tiene otro estilo. Tiene mucho valor el que volvamos a estar en una final como esta con la edad que tenemos y teniendo en cuenta de dónde venimos. Creo que la gente no se lo imaginaba...”, resolvió.

En 2009, ambos disputaron la final en Melbourne. Nadal tenía 22 años y Federer 27. El suizo, derrotado, terminó con lágrimas. Aquel día, 7-5, 3-6, 7-6, 3-6 y 6-2 (después de 4h 23m). "Eres un gran campeón y mejorarás el récord de 14 grandes de Sampras". Ahora, ocho años más tarde, se reencuentran en el mismo lugar. “Solo pienso en recuperarme bien y descansar. Necesito dormir, porque estoy muy cansado”, decía ayer Nadal; “ya veremos qué pasa. Haré todo lo posible para que salga bien. Entonces lo hice bien, aunque ahora soy ocho años mayor”. Pero, ¿qué es la edad si no un número?

DIMITROV: “RAFA DEMOSTRÓ QUIÉN ES RAFA”

Dimitrov devuelve la pelota de revés durante el partido ante Nadal.
Dimitrov devuelve la pelota de revés durante el partido ante Nadal. EFE

Pese al partidazo que completó, Grigor Dimitrov (25 años) no pudo alcanzar su primera final de un grande. “Estoy decepcionado, pero salgo con la cabeza alta de aquí. Lo dejé todo en la pista y me servirá de experiencia. Creo que nunca jugué un partido tan largo, así que para mí es genial haber formado parte de él”, expuso el búlgaro, que dispuso de 4-3 y 15-40 a su favor en el set definitivo.

“Rafa demostró hoy quién es Rafa”, apostilló Dimitrov. Ahora, el español aspira a su 15º trofeo de un Grand Slam en su 21ª final de un major. Si vence superaría los 14 de Pete Sampras. La última vez que disputó la final de un grande contra Federer fue en 2011, sobre la arena de Roland Garros. “Merece todo el crédito”, cerró Dimitrov.

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