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El desarrollo de la Yamaha se rompió con el motor de Rossi en Mugello

La M1 era la moto más completa a principio de curso, pero su evolución se frenó en seco en la sexta carrera y la Honda le superó

MotoGP
Valentino Rossi, en Motegi. Getty Images

Ya lo habían dejado caer en alguna ocasión, tanto uno como otro. Los pilotos de Yamaha, Valentino Rossi y Jorge Lorenzo, eran conscientes de que aquel cuento de que llevaban la mejor moto de la parrilla ya no surtía el mismo efecto. Y no solo porque los números les fueran alejando cada vez más de Márquez, que se había convertido en un líder inesperado del campeonato, tantos problemas tenía con la Honda, tan difícil le resultaba pilotarla. Pero la historia estaba cambiando. Ni ellos se sentían tan superiores en la pista, ni Márquez parecía estar tan lejos. Y mucho menos lo estaban las Ducati o Viñales con esa Suzuki igual de manejable que su M1.

La sentencia definitiva llegó en Mugello. Valentino partía de la pole y aspiraba a la victoria, pero el motor de su Yamaha dijo basta. Y su M1 escenificó el desastre con un escandaloso reguero de humo que dejó a todos sus seguidores –prácticamente el circuito entero, tintado de amarillo– enmudecidos, inmóviles. “El motor se rompió porque el software nuevo [el nuevo reglamento impuso este curso la introducción de una centralita electrónica única y un software igual para todos] trabajaba con un ligero retraso en lo que respecta al limitador de revoluciones”, explica Massimo Meregalli, director deportivo del equipo Yamaha en MotoGP.

Hasta entonces los pilotos de Yamaha habían ganado cinco carreras, tres Lorenzo y dos Rossi; a partir de aquella carrera solo han ganado una más, la de Catalunya, que fue la que sucedió inmediatamente a la de Italia. En Honda, sin embargo, Márquez empezó con una moto imposible, difícil de pilotar, que ha ido evolucionando muy poco a poco y que, aunque sigue teniendo muchos problemas en aceleración, ya considera competitiva. Él, el líder del Mundial, que llegó a Japón para jugarse su primera bola de partido con 52 puntos de ventaja respecto al segundo clasificado, Rossi, había ganado dos carreras hasta Mugello y ganó otras dos después; Pedrosa, su compañero de equipo venció en San Marino.

“Tenemos que saber por qué éramos los mejores en el inicio de temporada y ahora no lo somos. Debemos trabajar duro para mejorar y para poner las bases del 2017. No es que hayamos entrado en crisis, es que la Honda ha mejorado mucho en las últimas carreras”, decía Rossi tras la carrera de Aragón, que ganó Márquez con una exhibición de fuerza inédita esta temporada. Meregalli, en declaraciones a EL PAÍS, no se esconde. La rotura del motor en Italia, la sexta carrera del curso, fue la sentencia para Yamaha. “Tuvimos que primar la seguridad antes que la competitividad. Perdimos un poco de potencia. Con un motor menos [por reglamento existe una limitación de siete motores por moto al año], nos vimos obligados a limitar las prestaciones de los mismos”, reconoce. Y añade, además, que las evoluciones que ha preparado la fábrica desde el punto de vista de la ciclística no han resultado: “Han traído un chasis nuevo que no ha funcionado como se esperaba y que no estamos utilizando; y una horquilla que todavía no estamos seguros de que vaya mejor de la que ya teníamos: Jorge la está utilizando, pero Valentino, no”.

La electrónica fue, pues, lo único que han ido mejorando poco a poco desde el inicio de la temporada: “La manejabilidad de nuestro motor, una característica intrínseca de la Yamaha, ayudó a poner en marcha el nuevo software. El nuevo sistema electrónico no es tan preciso como lo era el nuestro en el pasado, pero nuestro motor es muy dulce, muy fácil de pilotar y por eso nosotros tuvimos menos problemas que el resto para adaptarnos a los cambios. Otros se encontraron con una moto brusca, nerviosa”. Aquello marcó la diferencia con Honda al principio del curso, pero ahora ya no es suficiente.

Y Rossi, que se queda en Yamaha el año que viene, se pone todavía más nervioso al pensar en el futuro. Porque, como asume Meregalli, la moto de 2017 lleva un retraso considerable. “Lamentablemente la máquina del año que viene todavía no está. Deberíamos haberla probado ya en el test de Aragón, pero tuvimos que cancelarlo porque la moto no estaba lista. Y ni siquiera se ha puesto en pista en Japón. Se hará a final de mes. Nosotros la probaremos por primera vez en Valencia; luego haremos un test privado el 23 y el 24 de noviembre”, explica. Y añade: “Tan solo espero que el motor tenga algunos caballos más de potencia. Y con los datos que tienen los ingenieros confío en que sean capaces de hacerlo. No es solo cosa de potencia, sino de fiabilidad, que para los japoneses es lo más importante. Nuestro motor nunca ha destacado por la velocidad punta, pero sí ha hecho una moto muy fácil de pilotar y que ayuda a conservar las gomas y ser regular en carrera”.

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