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No tira

El Madrid está en estado de preocupación en un país sin gobierno y sin oposición

Cristiano y Morata, en el partido ante el Eibar. Emilio Naranjo EFE. En video, rueda de prensa de Zinedine Zidane, entrenador del Real Madrid.(atlas)

Madrid estos días es una buena ciudad para enfadarse. Además no proporciona enfados malos. Son esos enfados entrañables que tienen los padres cuando regresan de una reunión con los tutores, y al final, comentando las cafradas del hijo, acaban sonriendo. De todos los lugares de todas las ciudades del mundo, el mejor lugar para enfadarse este fin de semana fue el Bernabéu, seguido de cerca de la calle Ferraz. En ambos el enfado tenía una atmósfera de chirigota; es decir, uno quiere y debería enfadarse, pero tanto el Madrid como el PSOE lo ponen difícil. Hay que quererlos.

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En el Bernabéu el Madrid jugó el partido más largo de su historia. Alrededor de noventa minutos que se extendieron media vida. Después de tantas veces criticando a los que dicen que el Madrid no juega a nada, ayer el Madrid no jugó a nada, que por otro lado es una frase que está mal. El juego horroroso del equipo se ha visto en muchas ocasiones, se ha analizado con bastante suerte y ha dejado tarde-noches memorables. Sin embargo, jugar a nada tiene una factura distinta: es difícil atrapar el sentido que le quiere dar al balón el Madrid. La mejor ocasión fue una carrera loca, demagógica, de Cristiano detrás de un balón imposible. Fue la mejor ocasión porque luego el portugués se giró hacia sus compañeros y les pidió rabia.

Ahí se pudo ganar el partido, en esos segundos. A veces la demagogia es recomendable para espabilar al pueblo. Pero el pueblo, encarnado simbólicamente en Isco, Isco (se quedó solo delante del portero y se giró hacia atrás para regatear a un defensa) y Morata (antológicos minutos tumbado en la espalda de los defensas del Eibar), se fio al minuto 93 y dejó pasar los minutos echando de menos a Modric y Marcelo; hablando de ellos. Enseñándose fotos de los últimos títulos, etiquetándolos.

Cuando todo acabó la sensación no era de preocupación por el resultado, malísimo, sino por el juego. El juego no fue malo. El juego no fue. Cuando el juego es malo el público abronca; cuando no se juega, cuando un partido de noventa minutos parece durar tres horas y la mejor ocasión del Madrid es una carrera a ninguna parte como parte de un plan de estimulación, lo que viene a continuación es el silencio y el desconcierto. Un enfado suave, como cuando pasa un cometa y te lo dicen un minuto después. El Madrid está en estado de preocupación en un país sin gobierno y sin oposición, con todo el mundo en funciones y Modric operado. Así esto no tira.

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