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EEUU gana el oro con ayuda de Kaspárov

El patrocinio del excampeón contribuye a la derrota de Rusia (bronce, detrás de Ucrania)

Fracaso de los planes de Vladímir Putin: Rusia no vuelve a dominar el ajedrez, sólo consigue el bronce en la Olimpiada de Bakú, y además son sus enemigos políticos, EEUU y Ucrania, quienes se llevan el oro y la plata. Para colmo, uno de sus opositores más radicales, el excampeón Gari Kaspárov, residente en Nueva York desde 2013, ha copatrocinado a los campeones y desarrolla en EEUU un sistema de captación de talentos similar al que convirtió a la URSS en el paraíso del deporte mental.

El equipo de Estados Unidos con la medalla de oro en el podio, ataviados con un típico sombrero azerbaiyano. De izquierda a derecha. Nakamura, Donaldson (capitán), Shankland, Robson, So y Caruana. Ampliar foto
El equipo de Estados Unidos con la medalla de oro en el podio, ataviados con un típico sombrero azerbaiyano. De izquierda a derecha. Nakamura, Donaldson (capitán), Shankland, Robson, So y Caruana.

El veterano capitán de los norteamericanos, John Donaldson, explicó así las claves de este éxito histórico (es el primer oro para EEUU desde 1976, en una edición que la URSS no disputó): “Si sólo tengo que citar una, es la gran inversión del mecenas Rex Sinquefeld en los últimos años para promover el ajedrez en nuestro país de diversas maneras. Pero la Fundación Kaspárov también nos ha patrocinado. Lo ideal ahora sería que entre ambos impliquen a magnates aficionados al ajedrez, como Bill Gates, Paul Allen [ambos, cofundadores de Microsoft] o Peter Thiel [cofundador de PayPal]. En ese caso, la repercusión de esta medalla puede ser tan grande como el triunfo de Bobby Fischer en el Mundial de 1972”.

Michael Khodarkovski, presidente de la Fundación Kaspárov en EEUU, confirmó a EL PAÍS que el excampeón del mundo está adaptando a la realidad estadounidense el sistema de detección y entrenamiento de talentos que se aplicó de manera gigantesca en la URSS durante más de 60 años. La cumbre de aquella sólida pirámide (5 millones de ajedrecistas federados y 50 millones de practicantes en un país de 287 millones de habitantes) era la escuela que dirigía el gran patriarca del ajedrez soviético, Mijaíl Botvínik, de la que Kaspárov fue su alumno más brillante: “Tenemos una red de captación de niños con talento extendida por todo EEUU. Yo hago un informe detallado de cada uno y se lo paso a Gari, que se reúne con ellos en dos concentraciones cada año. Entonces él selecciona entre ocho y diez, que reciben un entrenamiento minucioso, también supervisado por Gari. Ya tenemos media docena de jugadores sub 20 con gran futuro”.

Por otro lado, cada vez mas colegios estadounidenses incorporan el ajedrez a sus actividades extraescolares, y algunos lo utilizan en horario lectivo como herramienta pedagógica. Ese auge está cambiando poco a poco la idea, muy extendida entre los ciudadanos, de que ser un ajedrecista de alto nivel no es una profesión tan seria como jugar al baloncesto o al beisbol.

Rex Sinquefeld, a la izquierda, y Gari Kaspárov discuten sobre una posición con Levon Aronián este año en San Luis (Misuri)
Rex Sinquefeld, a la izquierda, y Gari Kaspárov discuten sobre una posición con Levon Aronián este año en San Luis (Misuri)

No pocos aficionados están tildando al nuevo campeón olímpico de “equipo de mercenarios”, en relación a sus tres grandes estrellas, porque sólo se fijan en que Fabiano Caruana era italiano hasta 2015, Hikaru Nakamura nació en Japón, y Wesley So en Filipinas. Pero no hay mucha base para esa etiqueta tan despectiva: Caruana nació en Miami, de padre estadounidense y madre italiana, y siempre tuvo la doble nacionalidad hasta que Rex Sinquefeld le convenció (y patrocinó) para que cambiase de bandera y pasaporte; Nakamura emigró a EEUU cuando tenía dos años; y la nacionalización de So, estudiante en la Universidad de Webster (EEUU) desde 2012, fue el final de un duro proceso con graves problemas personales.

El presidente Putin desea que el ajedrez renueve viejas glorias para mejorar la imagen de Rusia y la autoestima de sus ciudadanos. Pero las cosas no van bien: a este nuevo fracaso olímpico –Rusia no gana el oro desde 2002- se suma el riesgo de bancarrota, la enorme ineficacia y las sólidas sospechas de corrupción de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), presidida por el excéntrico millonario ruso Kirsán Iliumyínov, protegido por Putin e incluido en la lista de sancionados de EEUU por colaborar con el Gobierno de Siria. Su gran esperanza es Serguéi Kariakin, quien disputará la final del Mundial con el noruego Magnus Carlsen (actual campeón) en Nueva York del 11 al 30 de noviembre.

Y ahí está la gran paradoja: la presencia de Iliumyínov en la lista negra impide lograr patrocinadores estadounidenses. Los dos anunciados hasta ahora son la empresa rusa Phosagro, cuyo dueño, Andréi Guriev, es muy cercano a Putin; y EG Capital Advisors, que opera sobre todo en Rusia. Ese duelo será una gran oportunidad para promover el ajedrez en EEUU al calor del oro ganado hoy en Bakú. Y la campaña se pagará con dinero ruso, invertido por órdenes del Kremlin para que Kariakin sea un nuevo héroe nacional, como lo fue Kaspárov.

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