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El Barça se perdió en las áreas ante el Alavés

El plan de Pellegrino sorprendió a los azulgrana, que no supieron atacar y fueron vulnerables en defensa

Neymar, Luis Enrique y Messi. Ampliar foto
Neymar, Luis Enrique y Messi. EFE

Los diferentes estamentos del Barça han consensuado una respuesta para explicar la derrota contra el Alavés: “Ha sido un accidente”. Nadie les ha llevado la contraria. El resultado se considera una sorpresa porque el equipo azulgrana venía de jugar bien, había ganado al Athletic en San Mamés y al Betis, conquistó la Supercopa contra el Sevilla, y nadie reprochó a Luis Enrique que empezara las rotaciones en un partido de entretiempo como el del sábado después de una jornada FIFA.

El virus FIFA siempre deja secuelas en el Barcelona, sobre todo porque el tridente va y viene de América. A diferencia de la temporada pasada, cuando mediaba la sanción, Luis Suárez ya se ha reintegrado plenamente a la selección de Uruguay, Neymar llegó eufórico después de liderar el triunfo de Brasil en los Juegos —el delantero ha anunciado en las redes sociales que el próximo miércoles comenzará su carrera musical con una canción en su cuenta en Facebook— y Messi dejó de jugar contra Venezuela por culpa de una pubalgia advertida en Bilbao. La afición y la crítica periodística entendieron la suplencia del 10 y del 9 en el Camp Nou y avalaron después la decisión del entrenador de dar cancha a los tres delanteros para intentar la remontada contra el equipo de Pellegrino, aun cuando su entrada rebajó el entusiasmo de los que se habían ganado el empate con un cabezazo a la salida de un córner de Mathieu. Hubo la sensación de que el equipo se dejó ir colectivamente porque pensaban en una solución individual.

No la hubo y, por el contrario, el Alavés certificó su triunfo sin necesidad de ningún esfuerzo titánico, sino que le bastó con una buena organización y un excelente despliegue físico y táctico que descolocó al Barcelona. Ahí estuvo uno de los factores que decantaron el partido, más allá de si el técnico se excedió con los cambios, especialmente en la defensa y en el ataque, nuevos respecto al último partido de Liga.

Ante la falta de automatismos, ni los suplentes ni los titulares jugaron con la fluidez suficiente

El propio Luis Enrique afirmó que no había preparado el partido para enfrentar el 5-4-1 que durante días había ensayado Pellegrino. No supo cómo jugarle el Barça al Alavés, mientras los vitorianos tenían muy estudiados a los azulgrana, y por otra parte no se apreció en los futbolistas del Barcelona le mentalidad competitiva necesaria para ganar el partido, como si no entrara en sus cabezas la posibilidad de perder.

Al Barça le faltó cabeza y también piernas, preparación y concentración, convicción y conexión con el partido del Camp Nou. Ante la falta de automatismos, ni los suplentes ni los titulares jugaron con la fluidez suficiente. El equipo es vulnerable defensivamente cuando ataca mal, si gestiona en lugar de competir, circunstancia que se daba por supuesto en los futbolistas que aspiraban a discutir la titularidad de los once campeones de Liga y de Copa. Y, curiosamente, el Barcelona falló en las áreas, su punto fuerte en muchos partidos, sobre todo desde que practica el contraataque como fórmula de éxito.

Luis Enrique ha evolucionado el estilo del equipo, pero a veces pierde elaboración y no es riguroso en el juego de posición

Luis Enrique ha conseguido evolucionar el estilo del equipo, ahora más vertical y profundo, pero a veces pierde capacidad para la elaboración y no es riguroso en el juego de posición, como se advirtió en la primera parte del encuentro ante el Alavés. Hay menos jugadores de toque en la plantilla y la Masia ha perdido presencia en el Camp Nou: el sábado solamente jugó de salida un futbolista procedente de la cantera, Busquets —siempre que no se incluya a Aleix Vidal y Denis Suárez, cuya presencia en los equipos inferiores barcelonistas fue escasa—, circunstancia que no se daba desde 2002, cuando Rexach alineó a Motta contra el Madrid en partido de la Champions disputado en el estadio (0-2). La actuación de Aleix Vidal, un novel, fue precisamente una de las más cuestionadas el sábado, junto con la del veterano Mascherano. El mal funcionamiento de la zaga reforzó nuevamente la figura del central Piqué.

“Sí, pero con todo pudimos ganar si Mathieu mete el 2-1 que tuvo en la punta de la bota. La derrota fue un accidente”, insisten los directivos. “Se dio un mal cóctel”, terció Luis Enrique, sorprendido esta vez en lugar de sorprender al Alavés.

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