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Ruth Beitia, la última oportunidad para alcanzar la plenitud

A los 37 años, la cántabra llega a sus cuartos Juegos Olímpicos después de unas últimas temporadas pletóricas

Ruth Beitia durante la clasificación.
Ruth Beitia durante la clasificación. EFE

Si el atletismo fuera aritmética con un pellizco de alma, Ruth Beitia sería campeona olímpica el sábado, en sus cuartos Juegos. La atleta cántabra, de 37 años, que se clasificó ayer con suficiencia y autoridad para su tercera final, no pasó el corte en Atenas 2004; saltó 1,96m en Pekín para ser séptima y dos metros en Londres, donde terminó cuarta. Si rebajara tres puestos entre Londres y Río, como los tres que mejoró entre Pekín y Londres, le tocaría ser primera. Y también le tocaría ser primera por otras razones. Porque ya lleva 13 medallas en grandes competiciones y ninguna es olímpica; porque de su generación, o generaciones ya, tantos años lleva al más alto nivel, es la única que permanece intacta, sin lesiones, sin problemas; porque los Juegos deben tener alma, contener un elemento de justicia poética para que detrás de las marcas se puedan contar historias que hagan mejor a quien las lee o contempla.

La final la disputarán las 15 que pudieron con la mínima fijada, 1,94m, y eso que no están las rusas, Kuchina, Chicherova, la campeona olímpica en Londres, y Sjolina, que siempre han peleado y subido al podio. “Esa densidad refleja el magnífico nivel del salto de altura”, dijo Beitia. “Y lo complicado que será todo”.

Las rivales también tienen historias que contar, podrían alegar. Chaunté Lowe, la norteamericana de 32 años que salta hasta 2,05m, ha sido medallista mundial, pero en los tres Juegos que ha disputado no ha podido ser mejor que sexta. Antes de Río, donde aspira a la misma recompensa que la cántabra, contaba que por primera vez llega a unos Juegos sin tener que prepararlos criando a un bebé de meses, que le roba los pensamientos. Vashti Cunningham, la adolescente que derrotó a todas en marzo en el Mundial en pista cubierta de Portland, es como la actriz joven y brillante que, apoyada por la industria del márketing atlético y el papel cuché, está preparada para sustituir a la primera estrella. Las jóvenes siempre venden bien, pero las lesiones crueles que han impedido a la croata Blanka Vlasic, de 32 años, la tercera gran veterana del lote, poder superar la plata de Pekín 2008, también tienen su valor. Ausente en Londres y apenas activa en los últimos tiempos, para Vlasic, como para Lowe y para Beitia, Río es la última oportunidad de alcanzar la plenitud olímpica.

Pero Beitia aporta algo más. Después de terminar cuarta en Londres, la plusmarquista española (2,02m en 2007), amargada por el sabor de la medalla de chocolate, anunció que era el momento de dejarlo. Dos meses de lluvia y patinaje en Santander convencieron a la pupila de Ramón Torralbo, la otra cara de sus 13 medallas, de que preparar el desafío de Río sería una buena forma de pasar cuatro años. Apoyada en su mentalidad optimista, en su rigor, su capacidad de trabajo y en un cuerpo que nunca la ha traicionado, Beitia consiguió triunfar. Ganó los últimos tres Europeos, Helsinki, Zúrich y Ámsterdam, y la última Diamond League, y va líder en la de este año. En una especialidad de guadianas, de atletas que deben desaparecer unos años por las lesiones que provica su dureza, Beitia es un Amazonas.

El relevo de Felix

Para la inamovible fe cristiana de Allyson Felix, la gacela californiana de zancada que parece transparente por su ligereza y presteza, Río está siendo una prueba que si la supera sin maldecir la conducirá al cielo entre los más santos.

Una de las imágenes del atletismo de Río era hasta el jueves la de Shaunae Miller, la atleta de Bahamas que se tira en plancha para ganarle por centésimas el oro a la sorprendida Felix en los 400m. La hija del reverendo de Santa Clarita también es, para su pena, la protagonista triste de otra, la del desastre del relevo corto de Estados Unidos en las series. A Felix, segunda posta, se le cayó el testigo antes de entregárselo a la tercera, English Gardner. La atleta alegó que una brasileña se le cruzó y la molestó. Brasil fue descalificado y Felix y sus compañeras podrán redimirse con una serie especial en la que solo participarán ellas: si superan el tiempo de China (42,70s) podrán desafiar a la campeona, Jamaica, en la final del sábado.

 

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