Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La ‘pole’ de Iannone en Spielberg y la lección de cómo aplicar la potencia

Ducati manda en un trazado rapidísimo y con apenas 10 curvas

Iannone, en el Red Bull Ring. Ampliar foto
Iannone, en el Red Bull Ring. Getty Images

Así se presenta el gran premio de Austria: igualdad máxima a una vuelta –diez pilotos en seis décimas de segundo al finalizar la clasificación–, los seis más rápidos del Mundial en las dos primeras filas de la parrilla –sin fallos, pese a caídas como la de Márquez, con una luxación en el hombro, y otras lesiones como la de Iannone, con las costillas dañadas–, y Spielberg, su valle y su precioso circuito, donde por fin brilla el sol y las temperaturas pasan de los 15 grados, que acogerá este domingo una carrera, sin duda, emocionante. Poco más pronóstico se puede hacer. Pues no se espera la gran escapada en un trazado tan corto (4,3 km) y tan rápido (186km/h de media) que no deja margen para abrir espacios.

El diseño del circuito propiedad de Red Bull, sin apenas curvas (solo 10), favorece a las Ducati, que dominaron durante el fin de semana y confirmaron su superioridad con una pole position que le dejó estampada a Iannone una risotada en la cara. Tan contento estaba –saldrá primero; este domingo a las 14.00, en MovistarTV– que parecía habérsele olvidado que por poco le birla la primera posición su compatriota Valentino Rossi, lo que, por otro lado, demostró que las Yamaha –también se acercó, mucho, Lorenzo– han hecho un magnífico trabajo en una pista que no les era especialmente favorable. Cuarto terminó la clasificación el mallorquín. Y quinto lo hizo Márquez, que también tiene mucho mérito, con esa Honda que tanto le cuesta poner a tono en las aceleraciones y con la que difícilmente guía a gusto por donde quiere.

Ya se vio en Spielberg. Si el viernes fue la moto de su colega Pedrosa la que acabó encima de unas protecciones, ayer fue él quien se fue al suelo. Lo hizo en la tercera curva, una frenada crítica en la que ya se encontraba su compañero, que había cometido un error instantes antes y rodaba más lento de lo normal, por el exterior. Márquez también falló, llegó pasado de frenada, se fue muy largo, y para no llevarse consigo a Pedrosa lo que podría haber sido una simple salida de pista acabó en un terrible porrazo. Se dislocó el hombro –hombro que rápidamente volvió al sitio de tantas veces como ha salido de él– y se dio un fuerte golpe en la cabeza que no pasó a mayores.

Le ayudan especialmente aquí a la Desmosedici esas alas para algunos tan antiestéticas que evitan los caballitos en los cambios de rasante

Al cabo de unas horas compitió, y cómo, por hacerse un hueco entre los mejores. Y lo hará, de nuevo, en carrera. Claro que el líder sabe que en un circuito donde manda la precisión en cómo se aplica la potencia él lo tendrá complicado. Si el de Spielberg es un trazado en el que parece obligada a ganar alguna de las dos Ducati oficiales –dice Iannone que no siente la presión, sí la reconoce Dovizioso; ambos, sin embargo, deberían asumir la oportunidad que se les planta en bandeja de plata– es por la abundancia de rectas y por la potencia de su motor. Y porque no hay máquina en la parrilla que sepa manejarse mejor aplicando los caballos sobre el asfalto.

Además, le ayudan a la Desmosedici esas alas para algunos tan antiestéticas que evitan los caballitos en los cambios de rasante, numerosos en el Red Bull Ring. No es cuestión de velocidad punta. Es cómo trabaja la aceleración a la salida de las curvas. Márquez, Lorenzo y Rossi, que pelean por el Mundial, ya han decidido que sus rivales este domingo no son ni Iannone, octavo en la general, ni Dovizioso, noveno. Más fácil así.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información