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Fátima Gálvez: “Me han dado ganas de tirar la escopeta detrás del plato”

La española, que perdió el bronce en el desempate, dice que no sabía que iba con ventaja

Fátima Gálvez en las series de clasificación.

Muerte súbita le llaman al desempate en foso olímpico. Es como la tanda de penaltis en fútbol. El primero que falla, se despide. Así se despidió Fátima Gálvez de la medalla de bronce. Se la arrebató la americana Corey Cogdell después de una serie de 15 tiros. “He sentido tal impotencia que me han dado ganas de lanzar la escopeta detrás del plato”, dijo la tiradora casi media hora después de que acabara la final. Antes, se sentó cabizbaja al lado de Dani Mon, director técnico de la Federación.

“Estuve ahí pensando en lo cerca que lo tenía y en que se me había escapado”, comentó. Antes de charlar con los medios, la que fue quinta en Londres 2012, lloró todo lo que tenía que llorar. “Y después de llorarlo todo, ahora siento rabia”, dijo. Rabia por la oportunidad perdida. Rabia por tirar al traste cuatro años de trabajo. Rabia por perder una medalla por un solo plato. Lo tuvo ahí. La final empieza con tres series de cinco tiros. Las últimas dos quedan eliminadas, la primera y la segunda luchan por oro y plata y la tercera y la cuarta se disputan el bronce.

En la serie por la medalla, Fátima estuvo a un paso de colgarse el bronce. Cuando faltaban dos tiros para el final, tenía un punto de ventaja porque Cogdell (que empezó disparando primero) había fallado. Dependía de ella misma; con dos aciertos en los dos últimos tiros, habría conseguido la primera medalla olímpica española en tiro desde la de María Quintanal en Atenas 2004. Pero la española falló. Desde las gradas dio la sensación de que había sentido la presión. En realidad, no había sentido nada porque directamente no se había dado cuenta de que tenía ventaja.

“No sabía que Corey [Cogdell] tenía dos fallos. Sólo me enteré del segundo, daba por hecho que era el único error que había tenido. No escuché el primero. En este campo no se escucha nada: entre la música y los aplausos del público era imposible oír nada”, dijo. La música acompañó a todas las tiradoras en la final. Hasta hace un año se disparaba en silencio. Mientras las tiradoras se jugaban una medalla sonaba Great Balls of Fire, la banda sonora de El bueno el feo y el malo…

No quería que sonara a excusa, pero Fátima también se quejó del campo de tiro de Deodoro, situado 44 kilómetros al norte de Río. “Esto necesita una reforma… Hay poca visibilidad, el fondo [césped] es amarillo y los platos cuando salen no resaltan, es difícil verlos. Pero es así para todas, así que da igual. En estas condiciones gana el que mejor apunta y Corey es buenísima en eso”, explicó. Los platos salen a una velocidad tan grande que el ojo del tirador los ve del tamaño de una aspirina. Cogdell ganó el bronce, la neozelandesa Rooney la plata y la australiana Skinner (que se había metido en la final tras un desempate), el oro.

“Venía con mucha confianza, estaba tirando bien… y por un plato te queda fuera después da darlo todo y haber sacrificado todo durante cuatro años”, reflexionaba Gálvez que tiene 29 y un nuevo entrenador. Es Luca Di Mari, que también es el técnico de la selección de San Marino. “Ya no existen los atletas de antaño, los que bajaban la cabeza y trabajaban. Ahora lo quieren conseguir todo de forma muy rápida, empezar y llegar arriba como si tuvieran una varita mágica. Fátima no es así, se parece a los deportistas de antaño. Es muy profesional, trabaja y trabaja, tanto que a veces tengo que darle un toque y obligarla a parar y descansar”, explicaba Di Mari el sábado por la noche sentado en una banqueta de la Villa Olímpica.

Trabajan juntos desde enero de 2015. Después de revisar la final de Londres, han corregido detalles técnicos y, sobre todo, el aspecto mental. Lo que más influye, además de las condiciones ambientales, en una final de foso olímpico. Este domingo hubo sol, viento —los voluntarios del campo tuvieron que sujetar las lonas para que no se volaran— y hasta alguna gota de lluvia en las seis horas que duró la competición.

Una competición en la que hay que estar centrado, ser capaz de abstraerte y evitar que te tiemble la mano en el momento decisivo. “Quería que Fátima, después de Londres, tomara conciencia de su potencial y de sus capacidades y eso hemos trabajado. Hoy es consciente de ello”, contaba Di Mari. Tan consciente que entre Mundiales, Europeos y pruebas de Copa del Mundo, llevaba cinco podios seguidos. Se bajó de él en la cita olímpica. “He llorado, siento rabia. Es como una ruptura con tu novio, imagino que hay que pasar por todas las fases. Ahora quiero irme de vacaciones y que mi madre me prepare buena comida”, dijo antes de abandonar el campo de tiro.

 

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