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Las anécdotas del desfile olímpico en Maracaná

Los más de 10.000 atletas inundan de color y alegría el mítico estadio brasileño durante la apertura de los Juegos de Río 2016

Delegación de Indonesia durante el desfile.
Delegación de Indonesia durante el desfile. REUTERS

Maracaná tiene voz. Ruge. Lo demostró alrededor de las 4 de la madrugada (hora española) cuando la delegación brasileña saltó al estadio. Fue la última en hacerlo, pero su color, su entusiasmo y su música demostraron que todo el público esperaba que sus atletas aparecieran en escena. Solo rivalizó con los anfitriones en cariño la delegación de los deportistas refugiados. Todo el estadio brasileño se levantó para aplaudirlos, mientras que ellos, luciendo la bandera olímpica, agradecieron el gesto moviendo con ritmo los pequeños estandartes que poseían en sus manos.

Eso sí, hubo tal variedad de indumentarias a lo largo del desfile que a través de la televisión resultaba imposible adivinar la temperatura que acompañaba a los protagonistas de Maracaná. Si bien Andy Murray, abanderado de Gran Bretaña, lució una gabardina azul abotonada que advertía algo de brisa nocturna -que se compensaba eso sí con unos pantalones cortos-, los miembros de la pequeña delegación de Fiji daban la vuelta al termómetro luciendo una camisa de manga corta que bien serviría para pasear por la playa de Ipanema. Qué decir del abanderado de Tonga, Pita Nikolas Taufatofua, que directamente se paseó a pecho descubierto por el mítico estadio brasileño.

Delegación de Pakistán en Maracaná.
Delegación de Pakistán en Maracaná. REUTERS

Entre los portadores de banderas, uno de los más animados fue el de Kiribati, quien sonrisa perenne, dio vueltas y vueltas al mástil de la bandera de su país y saludó con tal brío que bien podría haberse descoyuntado la muñeca. Igualmente emocionados se mostraron los deportistas de Samoa Americana. Uno de ellos se lanzó al suelo y preparó una pequeña coreografía, digna de la realizada minutos antes por los bailarines brasileños. La alegría por vivir semejante momento resultó incontenible para ellos.

No pudieron moverse tanto los indonesios, o mejor dicho, las indonesias. Un sombrero típico del país asiático cubierto de una contundente capa de color dorado impedía que sus deportistas pudieran mover libremente el cuello. Nada que ver con la delegación jamaicana, que sin Bolt a la cabeza, pero con la igualmente veloz Shelly-Ann Fraser-Pryce al frente, lucieron tal colorido que inundó de alegría el recorrido por Maracaná. Pelo verde y amarillo para encender la fiesta.

Pita Nikolas Taufatofua, abanderado de Tonga.
Pita Nikolas Taufatofua, abanderado de Tonga. REUTERS

Sin embargo, una de las curiosidades textiles del desfile la protagonizó Palestina. Ocurrió que cuando se disponían a viajar a Brasil las autoridades israelíes retuvieron sus maletas por lo que no pudieron lucir las prendas originales para el desfile. Tuvieron que improvisar con las ropas que tenían y lograron crear un uniforme improvisado compuesto por un chaleco negro con la bandera de Palestina sobre un conjunto blanco.

Todos ellos terminaron su paseo introduciendo una semilla en unos pequeños tiestos metálicos con forma circular. De esta forma, y como se hizo durante gran parte de la ceremonia de inauguración, volvió a lanzarse un mensaje en favor de la ecología y la concienciación sobre la salud del planeta. Eso sí, los móviles volvieron a ser los protagonistas gráficos del desfile. Imposible contar todos los dispositivos que retrataron desde dentro lo que ocurría en uno de los momentos más simbólicos dentro de los Juegos Olímpicos.

El único momento tenso de la ceremonia fue durante el discurso del actual presidente de Brasil, Michel Temer, que fue abucheado por gran parte del público de Maracaná.