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El escudo de Simeone contra el escudo del Madrid

El Atlético se aferra a su técnico y al sentido gremial del equipo para retorcer a un coloso como el conjunto blanco y espantar su propia maldición

Final de Champions League 2016
La Champions, en San Siro REUTERS

A hombros de Diego Pablo Simeone, masajista sentimental, entrenador de jugadores, directivos e hinchas, el Atlético se asoma de nuevo al paraíso que tan bien conoce su hidalgo oponente. El duelo más repetido en la historia del fútbol español —264 partidos oficiales entre colchoneros y madridistas— bajo el foco del universo. Otra final legendaria. Si casi todas lo son, la de San Siro evoca una efervescencia renovada, como si Lisboa nunca hubiera existido.

De nuevo unos vecinos frente a frente, un aspirante maldito en sus dos finales anteriores contra el gran campeón, ese Real Madrid para el que la Copa de Europa es un vicio. El Atlético se aferra a que de una dichosa vez le ha llegado su hora, y que esta sea puntual, inalcanzable para otro Schwarzenbeck u otro Sergio Ramos. El Madrid cree que su hora no tiene fin, ni en las buenas ni en las malas. De ganar en San Siro sumaría cinco orejonas en color, como el Barça en el mejor ciclo de su vida. Señal de su flechazo único con esta Copa. Ocurre que el fútbol no entiende de estas gaitas, vaya usted a saber lo que esta vez será su lógica más ilógica. O viceversa. Por eso, partido a partido.

En un intento inútil de objetivar las pasiones, cada sector retuerce los datos que le conviene. En San Siro, sede de la final por cuarta vez en 60 ediciones, jamás ganó el Madrid en 14 visitas, podrían exclamar los atléticos. Tampoco había triunfado nunca en Lisboa, podrían replicar los madridistas. Y por qué no apelar a Fernando Torres —tan en forma en el último tramo— que es un ligón de finales a partido único, con siete bingos de nueve. ¿Y Bale, también en plenitud en estos tiempos? El galés ha marcado en tres de sus cuatro finales con el Real. Hay para todos los gustos, pero no hay fútbol en serie, cada cita es una trama. ¿Cómo explicar si no que los héroes recientes fueran Godín, en la Liga de Barcelona, y Ramos, en la Décima?

No faltarán quienes repasen el tránsito de ambos en la competición. Un campo de minas para el Atlético, que en las eliminatorias superó a tres campeones de Europa que se han coronado en sus Ligas este mes (PSV, Barcelona y Bayern). El Madrid, mucho más afortunado, tuvo que sortear toros más afeitados, como Roma, Wolfsburgo y Manchester City. No importa, lo que quedará en la retina es el campeón.

Marcados por su historia particular, ambos han preparado el reto de forma muy diferente. Simeone, sobre el que gravita el renacido Atlético, ha intentado laminar el azote de 2014. El Cholo ha reorientado el guion previo y sus chicos han ido de mudanza en mudanza, un entreno por aquí, otro por allá... Hasta el club ha presentado una instancia para vestir de azul, no de rojiblanco como hace dos años. Que todo cambie para que nada sea igual. "Quien piense que se trata de algo supersticioso subestima nuestro trabajo", puntualizó Simeone. Ya se verá el efecto producido en los jugadores: ¿una semana de distracciones o de obsesiones?

En cambio, en la cancillería madridista se ha mantenido la rutina, solo alterada por el golpe hollywoodiense de hacer hueco en el vuelo institucional a Richard Gere. El Madrid llegó un día después a Milán. Como si quisiera imponer las reglas del boxeo: el campeón siempre sale el último al cuadrilátero. ¿Exceso de confianza?

Acuartelados cada cual en un rincón de la asfixiante Milán de estos días, con sudores de regadera, ambos equipos se retarán con sus mejores pretorianos. Madrid y Atlético en estado puro, el solfeo de las grandes estrellas blancas frente a esos marines rojiblancos que marcan todos el paso por igual. Fútbol en dos dimensiones. Uno, el Atlético, con la mejor cerradura que se conoce y muy cuco en ataque a nada que el adversario se despiste. Los rojiblancos golean con un cuarto de ocasión. Enfrente, un escuadrón ofensivo que ametralla sin miramientos.

Simeone dijo visualizar un duelo en el que "en el inicio del juego el Madrid proponga más". Traducido, para el Madrid un partido con balón y para el Atlético, sin él. A Simeone no le importaría, lo explicó en italiano: "Somos más inteligentes sin la pelota". El Cholo aludió a un Madrid "al que la presencia de Casemiro le permite agruparse mejor en defensa y le hace más peligroso a la contra". No fueron pocas las veces que el técnico aludió a Casemiro. No fue espontáneo, para nada. Simeone nada deja al azar y sabe bien lo que representa este tipo de jugador, que en su Atlético los tiene clonados: Augusto, Tiago, Gabi, Kranevitter, y, si se tercia, Saúl, Koke... Para el Cholo es la zona en combustión y con el foco sobre Casemiro, un chorro de presión para el ancla madridista.

Zidane fue menos preciso al definir el partido que sopesa. "Primero hay que defender bien y luego, correr, correr y correr..." El francés valoró a su rival "como conjunto", insistió en que su equipo "está preparado" tras haber trabajado las últimas semanas con "intensidad" y despejó la palabra fracaso. "En el fútbol perder no es un fracaso si has tenido actitud".

En la capital lombarda, donde el fútbol brindó por dos campeones en diez oportunidades (siete veces el Milan y tres el Inter), Madrid, gane quien gane, se coronará como la ciudad con más copas (once). El cartel promete: Simeone, ese lázaro que ha resucitado a una infantería rojiblanca que hasta su llegada maldecía por todo y contra todos, dispuesto a retorcer la historia ante el coloso madridista. De nuevo a un reto de pasar a la eternidad del Manzanares, la que ya acaricia. "Me encanta llevar 113 años de presión a la espalda", sostuvo él. Un mochilón frente a un gigante como el Madrid, que aunque graduara con honores a Zidane, no tiene un espartaco como Simeone. Lo tuvo en Di Stéfano hace 60 años. La guía del Real es el escudo.

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