VUELTA DE SEMIFINALES DE CHAMPIONS

El patrón Oblak

El héroe de Múnich representa la política de fichajes en la que el Atlético se ha apoyado para alcanzar su segunda final de Champions en tres temporadas

Oblak detiene el penalti a Müller.
Oblak detiene el penalti a Müller.LUKAS BARTH / AFP

Andrea Berta, director del departamento de fútbol del Atlético, gasta la discreción del ojeador de toda la vida. Habla poco o muy poco con la prensa y no suele expresar sus emociones, pero cuando el colegiado turco Cakir señaló el final del partido en el Allianz Arena, cerró los puños y celebró el pase con satisfacción. Se sabe de Berta que le gustan los percebes, que llegó al Atlético porque Miguel Ángel Gil lo conoció a través de Peter Kenyon, exdirector general del Manchester United y socio de Jorge Mendes, y ahora asesor del club rojiblanco.

También se sabe de Berta que tiene muy controlado el mercado internacional de jóvenes talentos y que suyo fue el empeño por fichar a Jan Oblak (Eslovenia, 23 años). El club negociaba con Keylor Navas, pero los 10 millones que pedía el Levante fueron un freno. En ese momento Berta entró en escena para imponer su criterio. Desde hacía tiempo había encargado un seguimiento de los entrenamientos de Oblak en el Benfica. Fue un año de observación de su trabajo por diversos empleados del club. El mismo Berta fue a verlo y sus informes y el empeño con el que defendió su fichaje forzaron a que el Atlético pagase los 17 millones de euros que el Benfica había establecido como cláusula. “No quisieron negociar”, dicen en el club rojiblanco cuando recuerdan el desembolso más alto pagado en la historia por un portero.

Oblak, recientemente renovado hasta 2021 y con una cláusula que oscila entre los 80 y 100 millones de euros, representa el patrón de la política de fichajes del club: jugador joven con proyección para situarse entre los mejores jugadores del mundo en su posición en poco tiempo. Courtois, Giménez, Carrasco, Correa o el mismo Griezmann responden a ese corte. En ese plan se ha apoyado el Atlético para alcanzar su segunda final de la Liga de Campeones en tres temporadas. La marcha de Courtois, Miranda, Mario Suárez, Diego Costa, Diego Ribas, Villa y Raúl García ha sido suplida con valores jóvenes. “Este tipo de fichajes son riesgos que se corren y que a veces no salen tan bien. Aquí hay una metodología de trabajo instalada en el primer equipo y no es fácil adaptarse a ella”, sostienen desde el club, quizá con el reciente recuerdo de lo ocurrido con Jackson Martínez, que no superó el umbral de sufrimiento y exigencia marcados por Simeone y su cuerpo técnico.

La actuación en Múnich de Oblak, nube en esloveno, ha terminado por situarle como uno de los mejores porteros del mundo junto a Neuer y Courtois, cuya marcha parecía que iba a ser traumática por todo lo que paró y porque fue adoptado por la hinchada como un símbolo del renacimiento rojiblanco. Oblak ha hecho olvidar deportivamente al meta belga, lo que parecía imposible, y se ha ganado el respeto de Neuer: “Es un portero fantástico, además se aprecia que hay armonía entre él y su defensa en los automatismos. Se ve que habla mucho con ellos”, le elogia el meta del Bayern.

Blocar los balones

“En Múnich, Oblak fue más decisivo que nunca. Primero porque paró ese penalti y tuvo tres intervenciones de mucho mérito, y después por cómo se impuso en el juego aéreo, que es lo más complicado de dominar. Hay que saber leer el juego, la trayectoria de los centros y tener timing en la salida”, le analiza Molina, el portero del doblete del 96, que quedó impactado en directo por la actuación de Oblak en el Allianz. “Pero sobre todo lo que más le valoro es su capacidad para blocar los balones, que es algo en desuso. Ahora, los porteros despejan mucho y no embolsan el balón. Esto es fundamental porque cuando un portero para sin despejar consigue que el ataque termine y su equipo empiece la jugada”, abunda Molina.

Los expertos ven en Oblak a un portero muy pulido técnicamente pese a su edad. Pablo Vercellone, el entrenador de porteros que se trajo Simeone de Argentina, no ha tenido que hacer la misma labor con él que con Courtois. Con el belga, sobre todo al principio, se trataba de disimular sus defectos para que en vez de un portero de 18 años pareciera uno de 30.

Ahora, este hijo de un portero afamado en la antigua Yugoslavia (Matias Oblak) disfruta en los viajes sentado en la parte de atrás con Savic y resuelve con sobriedad en castellano cuando le preguntan por sus méritos o sus paradas: “Es mi trabajo”.

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