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La Champions es de Madrid

El equipo de Zidane liquida con lo justo a un insulso City y se reta de nuevo con el Atlético en la gran final

Final Champions League.  Bale celebra el gol del Madrid.
Real Madrid

4-3-3

Zinedine Zidane

1

Keylor Navas

15

Carvajal

3

Pepe

4

Sergio Ramos

12

Marcelo

8

Kroos

11

Bale

7

Cristiano

19

Cambio Sale Kovacic

Modric

22

Cambio Sale James

Isco

20

Cambio Sale Lucas Vázquez

Jesé

1

Hart

3

Sagna

30

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Otamendi

22

Clichy

6

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Fernando

25

Fernandinho

17

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

De Bruyne

10

Aguero

4

Cambio Sale Mangala

Kompany

15

Cambio Sale K. Iheanacho

Jesús Navas

42

Cambio Sale Sterling

Yaya Toure

M. City

4-2-3-1

Manuel Pellegrini

Su cruce con el City no ocupará un pedestal en la fabulosa historia del Real Madrid, pero sí que ya puede presumir por todo lo alto de su 14ª final, lo que amplifica aún más su mística con la Copa de Europa, su torneo fetiche. En Milán le espera el Atlético, que ha tenido un camino mucho más crudo y tras liquidar a dos equipos que suman diez trofeos, ahora le toca quien por sí solo ha cosechado otras diez, casi nada.

Toda una fiesta para Madrid, la segunda en dos años, otro retrato del poderío del fútbol español. Una pujanza sellada no solo frente a un Bayern con mucho, mucho hueso, sino también frente a un insulso City. El equipo de Zidane se aupó con lo justo, brioso y con cierto garbo al principio, luego regular y más tarde demasiado aculado y encogido. Ni así tuvo predicamento el grupo de Pellegrini, que la única portería que vio fue la propia, con el autogol de Fernando. Podrá apelar a que llegó donde nunca, a una semifinal, y se escudará en ese maldito gol, pero nada hizo, ni en el Etihad ni en Chamartín, para escalar otro peldaño. Y eso que nunca tuvo a un grandioso Madrid enfrente. Con algunos chispazos por aquí y por allá, suficiente para el bingo de los blancos.

Como en la ida, el decepcionante City propuso un partido sin ritmo, al paso, salvo que esprintara Jesús Navas, del que la mayoría de colegas se desentienden cuando mete el turbo. Al grupo de Pellegrini le va la pausa, una cadencia más que baja, con gente como Yaya Touré al que ya le pesa como una losa la carrocería que antaño imponía. Sin marcha los citizens, una suerte para el Madrid, salvo por el peligro de contagio, lo que sucedió en algunas ráfagas, como ya había ocurrido en Manchester. Sin la pelota, casi nada fue el equipo inglés; con ella, menos aún. Ni siquiera cuando tuvo la final a tiro de un gol. Nada, un equipo seco.

En el comienzo del choque, cada acelerón madridista dejaba a un blue sin cadena, en especial por el costado de Carvajal. Este lateral es mucho más que un lateral. Tiene depósito para un Carvajal que blinde a De Bruyne y a Sterling y para otro Carvajal que asista en ataque, siempre con la llegada oportuna, no por rutina. Así ocurrió en el primer remate del partido, un cabezazo de Cristiano, asistido por el madrileño. Y, cómo no, en el segundo asalto blanco con sustancia. De nuevo con Carvajal como mensajero, Bale, con Otamendi en las nubes para validar el fuera de juego, quiso centrar, pero Fernando pretendió bloquear el pase y el balón acabó en la escuadra derecha de Hart. La UEFA decretó gol de Fernando. Sin virguerías, el Madrid ya estaba en ventaja. Y el City sin el liderazgo de su capitán, Kompany, roto antes de los diez minutos, cuando él solo se desplomó.

Anotada la diana, Zidane retocó el molde. Jesé, inesperado relevo de Benzema por las extraordinarias actuaciones de Lucas Vázquez, se mudó al costado izquierdo. El canario había arrancado como ariete, pero para bloquear mejor al cuadro inglés dejó el nido a CR, entregado a la causa aun renqueante y protagonista de un buen racimo de remates. Sin posesión, con los tres centrocampistas más Jesé por una orilla y Bale por la contraria el Madrid cosía una línea de cinco para espantar al City. No precisó mucho más frente a un rival remolón con la pelota, sin el ingenio de Silva y con Agüero de caza menor, siempre a la espera de una errata del adversario. Es chocante como vacía el área el conjunto de Pellegrini, que tampoco predispone la llegada de la segunda línea. Tampoco nadie se ocupó de acosar a Kroos, obligado a un mayor trámite defensivo por la baja de Casemiro. Por el sector de Keylor Navas, ni moscas hasta que Fernandinho ejecutó un disparo al poste en el último parpadeo del primer tiempo. Para entonces, el Madrid, con soltura, con Isco enchufado, ya había dado lo mejor del partido. Lo peor estaba por llegar, más por la angustia de que un gol le dejaba en la cuneta que por los apretones de su rival.

Poco a poco reculó el Madrid en el segundo acto, cuando prefirió ir a campo abierto, a la contra, formato que domina y en el que se siente a gusto. Falto de acierto, ni así logró bajar la persiana a la eliminatoria. Lo pudo hacer Modric, cuando cara a cara con Hart sospechó que estaba en fuera de jugo, mal ojo. Y Bale, poderoso como acostumbra en un cabezazo al larguero. Sin acierto y con la intriga del marcador, el mayor reto recayó en Pepe y Ramos, encargados del tendal defensivo. Firmes, concentrados, no consintieron ni una, salvo un disparo lejano de Agüero, su única migaja en esta semifinal. Muy poco para un City de fogueo, por mucho que el pulso se resolviera por un gol en propia meta. Al Madrid, con lo justo y malas señales en el último tramo, le bastó para tener cita con el Atlético en Milán. Allí, el día 28, se decidirá si unos añaden la undécima o Madrid se convierte en la segunda ciudad de Europa con dos campeones. Precisamente, distinción que solo tiene Milán.

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