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La dureza de los ‘playoffs’

El principal problema de la mejor liga del mundo es el exceso de partidos en la temporada regular y en la fase final

Stephen Curry en el partido contra Houston Rockets.
Stephen Curry en el partido contra Houston Rockets.

Cuando jugaba me pasaba los veranos entrenándome para la siguiente temporada. Mi día a día empezaba en la sala de musculación, después iba a la cancha y terminaba en la pista de atletismo, que era lo que menos me gustaba. En el gimnasio podías hacer una parada si era necesario después de, por ejemplo, hacer unas sentadillas. En la cancha, tenías el refuerzo positivo del aro. Pero cuando tocaba correr no había descanso, después del desagradable primer sprintya no había pausas.

Algo parecido pasa con los playoffs de la NBA y no estoy muy seguro de que sea lo correcto.

A las claras, no deberían ser tan duros. De acuerdo, el campeón necesitará, en el mejor de los casos, haber ganado 16 partidos, algo que puede parecer no demasiado complicado en una temporada en la que ya tenemos una franquicia con 73 victorias, pero eso no les resta dureza. Por un lado, calculo que habrán acabado, no sé, ¿en octubre? Por otro, hay demasiada programación televisiva implicada (el equipo X no puede jugar hoy porque es el turno del equipo Y y eso quiere decir que el equipo Z debe esperar tres días).

Pero, quizá, lo peor de todo es la sensación de inevitabilidad. Las oportunidades de que un advenedizo arrebate el campeonato a los Warriors, los Spurs o los Cavaliers son prácticamente nulas. De hecho los corredores de apuestas de Las Vegas dan al siguiente aspirante, los Thunder, un 5% de posibilidades de lograrlo.

Hay formas de corregirlo, claro. La primera que se me ocurre es que sólo hubiese cuatro plazas para los playoffs por conferencia. Me gusta la idea porque si pienso en si es necesario que los Hornets, los Rockets o los Pistons estén en las eliminatorias, lo primero que tengo que hacer es el esfuerzo de recordar que esos equipos están en los playoffs.

Pero hay más opciones. ¿Y si sólo hubiese seis plazas por conferencia y los dos primeros de la temporada regular estuviesen exentos de la primera ronda? ¿Y si esa primera ronda fuese al mejor de tres partidos, la segunda al mejor de cinco y así sucesivamente?

Estas propuestas tienen dos grandes peros. El primero es que los mejores equipos podrían caer eliminados demasiado pronto. Aunque esa reticencia se vence rápidamente: estamos hablando de baloncesto. O sea, un juego. O sea, nada demasiado importante. El sol no se apagará si los Warriors no alcanzan la final.

El segundo tiene que ver con el dinero: a más partidos, más pasta, ¿no?

Pues no. El principal problema de la Liga es el exceso de partidos en la temporada regular y en los playoffs.

Con menos encuentros, estos ganarían en importancia, como sucede en la NFL, en la Champions League o en la NCAA, por mencionar sólo tres deportes en los que la fase decisiva genera mucho más interés.

Tres casos en los que muy poca gente, por no decir prácticamente nadie, compararía sus últimas rondas con aquellos sprints veraniegos que hacían que se deseasen morir.

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