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“Compra, compra... ¡vende!”

¿Con qué van a fantasear en verano los aficionados si sus equipos no pueden fichar?

El director general del Real Madrid, José Ángel Sánchez, y el asesor jurídico del club, Javier López Farré, explican la sanción de la FIFA. Ampliar foto
El director general del Real Madrid, José Ángel Sánchez, y el asesor jurídico del club, Javier López Farré, explican la sanción de la FIFA. EFE

Fichar es un placer hipnótico, casi oscuro, como todo lo que se consigue con dinero. No importa qué fiches. Puede ser un futbolista, un diseñador gráfico, o un abrigo cruzado con doble botonadura, en tonos dorados. En la segunda temporada de Los Soprano,por ejemplo, Tony ficha a Furio Giunta, que además de asesinar de maravilla sabe llevar con enorme clase una camisa horrorosa. Existen muchas maneras de fichar, y en casi todas habita algo apasionante. No es difícil figurarse al directivo de un club, después de varios meses persiguiendo a un futbolista, en el momento de llamar a la puerta del técnico, entrar sin esperar a que diga “adelante” y anunciar: “Aquí tienes a tu maldito goleador; ahora tráeme la Liga”.

Cuando un club tiene pasta, es como si la pasta lo tuviese a él y lo remolcase de estadio en estadio en busca de jugadores nuevos, para calmar los nervios. En ese instante fatal, en el que se apuesta todo a un futbolista, y se empujan las fichas al centro de la mesa, igual que si se jugase a la ruleta, se mezclan drama y belleza. Arrastrado por los demonios, en la cabeza del directivo sólo arde una pregunta: “¿Y si gano?”.

“Yo quiero esto” es una de las tramas más comunes en la vida de cualquier persona. No hay que dedicarse al fútbol. Todos fichamos, en algún sentido. Hace dos meses, en mitad de un bar, me puse a gritar como un imbécil por el teléfono: “¡Compra, compra… vende, joder!”. “¿Con quién diablos hablas?”, me preguntó el camarero, preocupado por que estuviese enredando con los ahorros de mi hija. Me encogí de hombros, porque en realidad hablaba con mi pareja. “Es que nos hemos abierto una cuenta en Wallapop”, le confesé.

Todo el mundo quiere algo. En su taller de escritura, Kurt Vonnegut recomendaba a los alumnos que hicieran que sus personajes literarios quisieran alguna cosa enseguida, al comienzo del relato; aunque sólo fuese un vaso de agua. Era la clase de confabulación que conseguía que los lectores siguiesen leyendo. En fútbol, cuando finaliza la temporada, y un equipo quiere que sus seguidores sueñen con grandes éxitos en la siguiente, le cuenta una historia de fichajes. El argumento es siempre el mismo: el club aspira a contratar a un futbolista, el equipo al que pertenece se resiste, y sólo en el último instante cede y se embolsa una pasta preciosa.

Me temo que la prohibición de fichar jugadores que la FIFA pretende aplicar a Madrid y Atlético va a destrozar muchos corazones. ¿Con qué nuevos afanes van a fantasear en verano los aficionados? Su frustración será dolorosísima. Sin fichajes, tendrán la impresión de que afrontan el año con un equipo viejo, arrugado y sucio, como cuando vas a tu cuarta boda con la misma ropa. No habrá una historia en el mundo tan triste desde que en Días de radio, de Woody Allen, el protagonista admitía que de niño quiso tener un perro, pero sus padres eran tan pobres que sólo pudieron comprarle una hormiga.

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