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Mariano, guerreras y guerreros

Shandy Cabral lanza ante la defensa rusa
Shandy Cabral lanza ante la defensa rusa EFE

07/12 Lunes

La política lo inunda todo. No solo la nuestra, que anda on fire después del debate a cuatro, tres titulares y una suplente que salió del banquillo ante la indisposición de la estrella. Ahí está Donald Trump, con sus estúpidas y racistas propuestas. Da miedo. No él, pues gente de esa calaña hay en todos los lados, sino el pensar que tiene posibilidades de ganar, que le apoyan millones de norteamericanos a los que sus soflamas les encajan ideológicamente. También tenemos lo de Venezuela, a la espera de cómo encaje su derrota un Maduro que nunca ha hecho honor a su apellido. O Argentina, donde la Kitchner se está mostrando peor perdedora que Aznar.

Mariano Rajoy, en una imagen publicitaria. ampliar foto
Mariano Rajoy, en una imagen publicitaria. REUTERS

Pero volviendo a lo de aquí, mucho se ha elucubrado sobre los motivos de la ausencia de Rajoy. Yo tengo mi teoría y tiene que ver con el deporte. No es difícil imaginar a Pedro jugando a baloncesto (eso sí, sin arrugarse mucho la ropa) a Albert en un gimnasio de Barcelona de esos modernos (y caros) a Pablo en una cancha callejera tirando triples con una cinta en el pelo o a Soraya en una clase de Zumba (ya demostró su feeling en el Hormiguero).

Pero a Mariano, uff, eso es más difícil. Rajoy, por mucho que se meta a nadar, andar en bici o lo que le diga su asesor de campaña, sigue teniendo la pinta de los políticos de antaño, aquellos que imaginarlos sin chaqueta, corbata y un cigarrito en la mano resultaba tan difícil como imaginarlos desnudos. Y claro, ahora que vivimos una fiebre deportiva, pues habrán imaginado que por mucho que se mostrase fino en el debate y nos anonadase con alguna de sus legendarias frases, en la comparación atlética iba a perder puntos. Igual alguien puede pensar que esta es una teoría disparatada, pero más aún lo es esa de que somos un equipo, y nos la sueltan un día sí y otro también.

08/12 Martes

Naiara Egozkue tras marcar un gol contra Rumania
Naiara Egozkue tras marcar un gol contra Rumania EFE

Se está disputando el Mundial de Balonmano femenino en Dinamarca. Nuestra selección es uno de esos equipos que se ha abierto hueco en los últimos años, donde nos han ganado por su competitividad, arrojo y capacidad de superación. Llamaron la atención en 2011, con su bronce en el Mundial. Nos hicimos definitivamente fans suyos en los juegos de Londres, en aquel inolvidable partido por la medalla de bronce ante Corea del Sur, y no nos defraudaron en el Europeo del año pasado, segundas con todo merecimiento.

Ahora se enfrentan a un doble reto. El Mundial en sí y el pasaporte para Río 16. El otro día perdieron contra Rusia, y no se me movió un pelo de la barba. Tranquilidad. Ayer se la jugaban ante Rumanía, y la cosa fue mucho mejor. Queda mucho torneo por delante pero nadie mejor que ellas saben distinguir entre lo principal y lo secundario. Y lo primero no llegará hasta los octavos, territorio de eliminación directa, hábitat donde las españolas se han movido últimamente como pez en el agua. Hasta entonces, confianza total, que se la han ganado

09/12 Miércoles

Green, Livingston y Curry celebran una canasta. ampliar foto
Green, Livingston y Curry celebran una canasta. AFP

21, 22, 23 y subiendo. La hazaña de los Golden State Warriors sigue creciendo. Esta madrugada tenían un partido complicado en Indiana, uno de esos señalado con un “aquí puede acabar la racha”. Pues nada, llegaron, metieron 44 puntos en el primer cuarto, 35 en el segundo y 32 en el tercero. 111 puntos en 36 minutos. No hay galgo que sea capaz de seguir este ritmo. El impacto de Curry, Thompson y su troupe de artistas va más allá de un anillo y una racha portentosa. Están cambiando el baloncesto. O mejor dicho, están cambiando la forma predominante de jugar a baloncesto, y esto sólo está al alcance de equipos legendarios. Lo hizo, por ejemplo, los Bulls de Jordan, que rompieron eso de que para ganar campeonatos había que tener un pívot dominante. O los San Antonio Spurs, que revalorizaron el concepto de equipo por encima de la megaestrella.

Ahora, cualquiera que tenga intención de plantar cara a los Warriors, sabe que tiene que meter más de cien puntos (son los que van recibir, por mucha defensa que pongan por delante), ser hiperdinámicos en su juego (¡vivan los bajitos!) y tirar de tres como demonios. Ante esa tesitura, vemos equipos que Andrés Montes llamaría Tacañete Teams corriendo la pista, anotando a la primera ocasión y evitando que te duermas aunque sean las dos de la mañana. De las muchas cosas que han provocado la aparición de estos Warriors, esta es la que más deberíamos agradecer. Larga vida, pues, a los guerreros.

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