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Brian Orser: “Javier Fernández es como yo, patina con el corazón”

El técnico del español, campeón del mundo, y de su máximo rival, Hanyu, recuerda su dramática derrota ante Boitano en los Juegos de 1988, episodio conocido como 'La batalla de los Brian'

Orser, izquierda, y Javier Fernández, en Valdemoro. Ampliar foto
Orser, izquierda, y Javier Fernández, en Valdemoro.

La grada del Stampede Corral de Calgary, en Canadá, se viene abajo. La ovación es atronadora. Sobre el hielo, Brian Orser mira al cielo después de completar su ejercicio largo. Es el gesto del que cree haberse convertido en el primer canadiense que logra un oro olímpico en patinaje artístico sobre hielo. Orser, héroe nacional, abanderado de su país, le hace una reverencia al público y exhausto, emocionado, se dispone a escuchar la valoración de los jueces. La puntuación técnica no le convence, no es suficiente para batir a su rival, el estadounidense Brian Boitano, pero la nota artística le hace explotar. Un momento, su gesto cambia, “¿segundo?, pregunta extrañado. En ese instante un periodista le aborda y le confirma en directo que Boitano ha ganado el oro. “Estoy, decepcionado, ¿qué puedo decir?”, balbucea, totalmente abatido.

“Pensaba que había cometido dos fallos, pero muy pequeños. Pensé que era suficiente para ganar”, relata ahora, 27 años después, sentado en la barra del bar de la pista de hielo de Valdemoro. Hasta ahí lo ha arrastrado Javier Fernández, su pupilo, vigente campeón del mundo y triple campeón de Europa, que hoy tiene su primera prueba de nivel de la temporada, la final del Grand Prix que se celebra por segundo año consecutivo en Barcelona, donde defiende título Yuzuru Hanyu, su máximo rival, al que también entrena Orser. Esta noche (21.55, Teledeporte), competirán en el programa corto, donde Javi exhibirá la coreografía que le ha preparado Antonio Najarro, director del ballet nacional, con La malagueña de banda sonora, interpretada por Plácido Domingo y la guitarra de Paco de Lucía.

El capítulo que relata el propio Orser, a los 53 años, es lo que se conoció como la batalla de los Brian: una rivalidad dramatizada por la prensa que duró desde 1984 hasta los Juegos de Calgary, escenario de la lucha final. En esos tiempos eras de Orser o de Boitano. El Messi y el Cristiano del patinaje de los ochenta.

Orser llegaba a la cita olímpica con mejor hoja de servicios que Boitano. El canadiense fue bronce en los Juegos de Sarajevo, en 1984, con Boitano quinto; un año más tarde fue plata en el Mundial, y el estadounidense tercero; en 1986 fue Boitano quien ganó el oro Mundial, que le arrebató Orser un año más tarde, en la antesala del desafío olímpico.

Ahora confiesa Orser que tardó 10 años en olvidar esa derrota de plata. “No sufría, pero me atormentaba. Estaba en mi cerebro. No volví a ver el vídeo en 10 años. Cuando iba a recepciones y banquetes, siempre mostraban mi programa largo y no lo podía ver”, detalla. “La batalla de los Brian fue lo mejor para el patinaje artístico, para mí y para Boitano. Los medios crearon ese drama y fue fantástico. Cambió mi vida. Después fui mejor patinador gracias a Boitano y él lo fue gracias a mí”, explica, mientras da sorbos a un botellín de cerveza.

Su carrera estuvo marcada por esa eterna rivalidad. Ahora, como preparador, tiene entre sus alumnos a los dos antagonistas de la batalla por excelencia del patinaje contemporáneo. Los dos mejores del mundo, amigos y enemigos. Javier Fernández es el vigente campeón del mundo, y el japonés Yuzuru Hanyu, que sostuvo el cetro en 2014, fue oro en los Juegos de Sochi y el año pasado se llevó el Grand Prix.

En el último Mundial, Nam Nguyen, que también trabaja con Orser, fue quinto. El técnico logró la proeza de meter a tres de sus alumnos entre los cinco mejores del mundo. “Siempre es bueno tener un rival”, dice Orser. Como buen entrenador, asegura que no tiene favoritismo por ninguno de sus alumnos. “Los dos son grandes saltadores. Yuzuru es mejor haciendo piruetas. Hay algo muy especial y fascinante en Javi. Es muy auténtico. Me siento como un padre que siente lo mismo por sus hijos”. Eso es lo que dice públicamente. Luego, entre líneas, deja ver una devoción especial por el español, como si se viera reflejado en él. “Patina con una parte diferente de su cuerpo. Es diferente, como yo. Yo no pensaba demasiado, sentía las cosas que venían de mi corazón y de mi espíritu”.

Orser también se siente identificado con los orígenes humildes de Javi. “Cuando le oigo hablar en entrevistas, quiere hacerlo bien porque en los últimos años la situación económica en España no ha sido buena y la gente ha tenido dificultades”.

Hoy, la batalla de Brian es la de Yuzuru y la de Javi. Y se libra en Barcelona.

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