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Jesús Tortosa, la nueva promesa del taekwondo

El campeón mundial júnior, que busca el pase para Río, creció en un tatami. Un viaje a Corea en 2013 cambió su carrera

Jesús Tortosa, en el CAR de Madrid. Ampliar foto
Jesús Tortosa, en el CAR de Madrid. EL PAÍS

En casa de los Tortosa, la madre es la única que no pisa el tatami. El padre, Jesús, fue dos veces subcampeón del mundo, tres veces campeón de Europa y cuarto en los Juegos de Seúl. Desde 2005 hasta 2014, además, fue director técnico de la federación. La hermana mayor, Celia (20 años) se entrena en el CAR de Barcelona y el pequeño, Hugo (16) ya compite al máximo nivel en España. Jesús, que en diciembre cumplirá los 18 años, se entrena en el CAR de Madrid.

¿Imposible hacer otra cosa en casa que no fuera taekwondo? “En realidad con 7 años empezamos los tres con el tenis. Jugamos hasta los 12, yo me apunté también al baloncesto. Luego ya llega una edad en la que tienes que elegir. Probamos los tres el taekwondo y nos enganchamos”, cuenta Jesús que, además, cambió su forma de relacionarse con el tatami después de un viaje a Corea, la cuna de este deporte. “Empecé a ganar cuando volví de ese viaje”, confiesa.

El módulo de taekwondo del CAR hoy está lleno. Ha venido de visita la selección de Venezuela y los técnicos han organizado una tarde de combates. Marco Carreira, el entrenador de Tortosa y compañía, le ahorra el esfuerzo. “Así descansa un poco, viene de mucha competición”, dice. Jesús acaba de conquistar el segundo puesto en el Grand Prix de Manchester en la categoría de -58 kilos. Hace diez días, en Bucarest, se colgó la medalla de oro en el europeo sub-21 (-53).

Un día de competición son cinco combates. De 9 de la mañana a 9 de la noche. El deportista acaba tan molido que durante los dos días siguientes en su agenda sólo hay descanso. “Estás destrozado, es como si te hubieran pegado una paliza. El tercer día ya empiezas a estirar y vuelves poco a poco a los entrenamientos”, cuenta Tortosa al mismo tiempo que explica qué le enganchó de este arte marcial. “La energía, el nervio, la tensión de tener que jugártelo todo en un día. Es un deporte individual, pero trabajamos en equipo”, dice.

Tortosa toca la guitarra y estudia economía y finanzas. Es tremendamente delgado (57 kilos) y muy alto (1,87 metros). Una ventaja, dice, con los nuevos petos electrónicos

Campeón del mundo júnior en 2014, plata en los Juegos Europeos de Bakú este año, su opción para participar en los Juegos de Río pasa por el preolímpico de enero. Pero, España sólo podrá competir en una categoría, así que la federación tiene que elegir entre las de -80, 80 y -58. “Son muchos los factores que se van a tener en cuenta aparte del historial del deportista”, explica Carreira. “Jesús tiene una gran motivación y objetivos muy claros. Es muy joven y ha tenido un gran desarrollo en el último año y medio: corporal, técnico, táctico y de madurez en el tapiz. Una madurez digna de mencionar dada la edad que tiene”, le describe Carreira.

Tortosa toca la guitarra y estudia economía y finanzas. Es tremendamente delgado (57 kilos) y muy alto (1,87 metros). Una ventaja, dice, con los nuevos petos electrónicos porque, cuanto más alto, más distancia puedes meterle a tu rival que tendrá más complicado golpearte. Va a clase de 9 a 12.15. Al salir de la universidad se entrena con su padre (tiene tres gimnasios). Por las tardes acude al CAR. Como no conduce todavía, el CSD (Consejo Superior de Deportes) se encarga de traerle y llevarle.

Dice que lo que lo cambió todo es un viaje a Corea que hizo en verano de 2013. “Hasta ese año había conseguido cosillas, campeón de Madrid, un bronce en un campeonato de España… no estaba mal, pero quería más. A la vuelta fui campeón de España júnior, sénior y sub-21 y campeón mundial júnior. Salió todo”, recuerda.

En Suwon vivió durante tres semanas con una familia, se levantaba a las 7 y, sin desayunar, se iba andando al entrenamiento (una hora de camino). “Dormía en el suelo porque no había camas”, añade. “Me entrenaba dos veces al día, tres horas cada entrenamiento. Ahí pegué el salto. Por la forma que tienen ellos de ver las cosas y de entrenarse, son muy sacrificados, respetuosos, y están entregados al taekwondo. Me tomé el taekwondo de otra manera, con más consciencia, sabiendo que tenía que entregarme a él”, relata.

Ha tenido un gran desarrollo en el último año y medio: corporal, técnico, táctico y de madurez en el tapiz", dice Carreira, su entrenador

¿Qué diferencias había? “Llegué allí con elasticidad cero. Tras días y días de dolor, conseguí abrirme”, contesta. Vivía pendiente del WIFI. “No hablaban inglés. Fue gracioso porque tenía que esperar a tener Internet para conectar el traductor y poder comunicarme con ellos”, recuerda riéndose.

Han pasado dos años de aquella experiencia. Ahora Tortosa dice que el taekwondo es algo en lo que piensa a diario y que le ha ayudado a crecer. En Manchester, hace pocas semanas, consiguió derrotar a un taekwondista iraní que llevaba dos años sin perder un combate. Eso, el oro en el europeo sub-21 y el crecimiento que ha tenido en el último año y medio le hacen soñar con Río.

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