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En Londres manda Federer

El suizo se convierte en el primer semifinalista al tumbar a Djokovic (7-5 y 6-2), que no perdía un partido de las Finals desde 2011 y enlazaba 38 triunfos seguidos bajo techo

Djokovic, durante el partido contra Federer. Ampliar foto
Djokovic, durante el partido contra Federer. REUTERS

Hacía tiempo, mucho tiempo, que no se le veía a Novak Djokovic así. Sufriendo, cabizbajo, ofuscado; sometido y, en la recta final del pulso contra Roger Federer (7-5 y 6-2, después de 77 minutos), prácticamente entregado. Desarbolado. Un fotograma que algunos, muchos, creían imposible. Es cierto que el suizo ya le había batido un par de veces al número uno este año: en una plaza menor, Dubái, y en un marco de segundo calibre, Cincinnati. Sin embargo, no lo hacía en un gran escenario desde hacía tres años, en Wimbledon. Se impuso el de Basilea con otra exhibición de tenis deliciosa y dejó claro que el O2, la espectacular caldera azul de Greenwich, es su territorio.

Sobre ese tapiz, él manda. Ahí ha logrado seis títulos, más que nadie; ahí ha engrosado un palmarés que se expresa desde sus 17 grandes; y ahí, arropado por la grada inglesa, poblada de banderas helvéticas y al grito de Let’s go, Roger, let’s go!, firmó otra de esas victorias que dan más lustre a la leyenda. Federer, a sus 34 años, es sencillamente colosal. Con el triunfo se convirtió en el primer semifinalista de la Copa de Maestros, pero además asestó un golpe anímico al serbio: terminó con su racha de 38 victorias consecutivas a cubierto, y también con la secuencia de 23 partidos invicto que había construido desde que cayera durante el verano, en Cincinnati, contra el propio Federer.

A sus 34 años, el suizo fue quien marcó el tempo desde el principio. Estratégicamente estuvo perfecto. Obligó y obligó a Nole hasta quebrar su confianza y desenfocar sus disparos (22 errores no forzados y solo 12 winners), algo casi utópico en estos días de vino y rosas para el número uno. Esta vez, sin embargo, pasó un mal trago. Fue a remolque todo el rato. La derecha de Federer fue un Stradivarius. Puro equilibrio (19 ganadores y otros tantos errores) y la fantasía made in Federer, con giros de muñeca tan excepcionales como el que le sirvió para sellar el primer parcial. En el segundo, la misma tónica, pero el duelo ya roto a favor del suizo, desatado, soberbio al servicio (72% de puntos ganados, por 55% de su rival) y en los restos (45% frente a un 28%).

Nole, a remolque todo el rato, pasó un mal trago. Federer fue un Stradivarius, puro equilibrio

Fue, sencillamente, una lección de Roger, pese a que Djokovic insistiera una y otra vez en sus propios deméritos. “Él, obviamente, fue el mejor, pero le he dejado jugar y entrar en la pista, y dominar desde el fondo”, expuso el serbio, que no perdía un partido de la Copa de Maestros desde 2011, cuando cayó ante Janko Tipsarevic. “Como deportista, nunca te gusta perder, está claro. Necesito reflexionar sobre qué he hecho mal hoy”, sentenció Djokovic, herido en su orgullo. "¿Roger, cómo lo haces? ¿Cómo consigues mejorar año tras año? ¿Es una cuestión de experiencia?", le preguntaron al vencedor. "Yo creo que un tenista nunca deja de trabajar en su juego", respondió este con humildad.

Debe pensar bien el serbio, porque a pesar de haber ganado las tres últimas ediciones del torneo, en Londres, en el O2 de Greenwich, manda Federer.

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