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Gómez Noya: “Mi carrera nació de una rebeldía forzada”

El triatleta gallego habla de su biografía, 'A pulso', de sus títulos y de sus esperanzas para los Juegos Olímpicos de Río 2016

Gómez Noya, durante la entrevista.

Javier Gómez Noya tiene 32 años, cinco títulos mundiales, una novia triatleta neozelandesa y una biografía (A pulso,Editorial Roca) que le han escrito Paulo Alonso y Antón Bruquetas. El mejor triatleta de la década tiene un pasado de pelea contra el Consejo Superior de Deportes (CSD), que le negaba la licencia para competir a causa de un problema cardiaco, una batalla ganada, y también una esperanza, ganar el oro en los Juegos de Río 2016 para superar la plata de Londres 2012.

Pregunta. El A pulso que da título a su biografía sintetiza toda una carrera de lucha. ¿Qué le ha movido, la rabia, la rebeldía, el sentirse víctima de una injusticia?

Respuesta. Quizás hay una rebeldía forzada en mi carrera deportiva. Lo del corazón fue una situación que encontré cuando era muy joven y me obligó a tomar decisiones, a tener que pensar qué es lo que quería hacer de mi vida, ser triatleta de elite o dedicarme a otra cosa. Luché y fueron años complicados, pero, mirándolo de forma positiva, ahora veo que es algo que me hizo madurar y valorar mejor las cosas. Me ha hecho mejor persona y mejor deportista.

En España, los resultados son mejores que nunca pero vamos hacia atrás en apoyos y ayudas. Es chocante”

P. ¿Mantiene la idea de que desde Madrid se iba a por usted personalmente cuando sus problemas con el CSD?

R. En aquellos momentos lo viví así. Fueron situaciones difíciles, con muchas trabas burocráticas por parte del CSD e indiferencia de la federación española. Pero lo mismo que no soy rencoroso, y tengo ahora buena relación con ambas instituciones, las cosas son como son: si dijera que me apoyaron en aquellos momentos, estaría mintiendo. Me apoyó mi familia, Galicia y, lo más importante, lo hicieron a nivel médico. Lo más importante era mi salud, y tuve la suerte con encontrarme con algunos cardiólogos que se involucraron mucho, gastaron mucho de su tiempo desinteresadamente para ayudarme.

P. Y ahora, quizás debido a su lucha, la valvulopatía que sufre ya no figura en los protocolos cardiacos como causa para prohibir competir.

Se trata no tanto de hacerlo lo mejor posible sino de que tu rival lo haga peor”

R. Han cambiado mucho las guías desde entonces, y si todo hubiera sucedido ahora, 10 años más tarde, no habría tenido problemas. Quizás sí que ha influido mi caso, porque se vio en congresos de cardiología internacionales.

P. Nada más ganar el Mundial de rugby, el seleccionador de Nueva Zelanda dijo que la presión por volver a estar a la altura no le agobiaba, sino que le motivaba más. ¿Se siente retratado?

R. Mi motivación es seguir ganando, disfrutando de lo que hago. Llevo una vida muy dura, pero peor sería llevar esta vida y no compensarla con victorias. El haber ganado cinco Mundiales sin duda ayuda a los sacrificios.

P. ¿Aunque no hubiera ganado sus cinco Mundiales habría dado por buena su vida de esfuerzo?

R. Sí. Cuando empecé mi camino no sabía si iba a ganar o no, y hubo un momento en el que me entrenaba al mismo nivel que ahora y no tenía ni licencia ni visos de que pudiera, y fue justo ese momento en el que me di cuenta más que nunca de que hacía esto porque me gustaba y porque lo necesitaba, me llenaba. Claro que si no hubiera tenido los resultados suficientes tendría que haberme dedicado a otra cosa.

P. No solo la victoria, entonces, da sentido a su carrera.

R. Es la propia lucha, la superación de uno mismo, el entrenamiento día a día, lo que te da sentido. La victoria me da la posibilidad de ser profesional, de tener sponsors y vivir de esto.

P. Faltan nueve meses para los Juegos de Río, ¿ha comenzado ya a vivir la tensión olímpica?

R. Acabo de terminar una temporada y ahora necesito unas vacaciones para comenzar con la mente fresca los ocho meses de preparación enfocados a una sola carrera. Estaré en Fuerteventura, Nueva Zelanda, Sudáfrica y, desde mayo, en casa, en Galicia. Iremos con calma, subiendo la forma poco a poco. Las expectativas que se generan de que tienes que ganar, estar delante, a mí es al primero al que motivan. Y quiero estar a la altura.

P. ¿En una sola carrera puede pasar de todo?

R. Tengo la ilusión de ganar y no defraudar a la gente, pero si lo he dado todo, lo mejor de mí, y no gano, estaré satisfecho conmigo mismo independientemente de lo que la gente piense. Si saco un mal resultado porque de repente el nivel de los demás ha subido y andan más que yo, no hay mucho más que hacer. En una carrera única que solo se corre cada cuatro años y con la gente al 100% puede pasar de todo, pero cuanto mejor llegues, más posibilidades de éxito tienes. Esa es nuestra fuerza, y luego, la de estar tranquilo en la competición, tomar las decisiones adecuadas y estar mentalizado para dar el 100% y para sufrir mucho.

P. ¿Rivales?

R. Ahora somos, Alistair Brownlee, el gran favorito porque es el campeón actual, y yo, los establecidos contra los que vienen, los jóvenes. Y hay que tener cuidado con Mario Mola, que ya sabe nadar y ganar carreras, Alarza, Vincent Louis…

P. Muchos deportistas hablan de que aprenden de sus errores, pero ¿no sería más exacto decir que se aprende de los errores de los demás?

R. Es un poco así. A veces se trata no tanto de hacer la mejor carrera posible sino de tratar de que tu rival lo haga peor. Eso lo hacen muy bien los Brownlee en los 10.000m. Salen a 2.40m el kilómetro y saben que lo van a pagar, pero también van a forzar que sea el rival el que lo pague antes que ellos. Reventaremos todos, pero vosotros antes. Y quizás, corriendo de otra forma irían más rápido, pero no ganarían. Saben contra quién compiten y cómo hacerles más daño.

P. Pese a todos los problemas de la federación, la falta de dinero, no cesan de salir triatletas…

R. Es una generación buenísima, la mejor de la historia, pero eso no nos debe deslumbrar y ocultarnos la realidad: en España tenemos campeones sin estructuras ni presupuestos ni apoyos. Hay que trabajar más con la cantera y dar a los profesionales la capacidad de disfrutar de su imagen para poder ser más profesionales. No lo digo por mí, que estoy en lo más alto y puedo vivir bien, pero hay en el siguiente escalón gente como Chente o Fernando Alarza que tendrían que tener más libertad para ganarse la vida. Los resultados son mejores que nunca pero vamos hacia atrás en apoyos y ayudas. Es chocante.

P. ¿Se miró en algún espejo cuando comenzó en el triatlón?

R. Tuve la suerte de que Iván Raña vivía a 50 kilómetros de mi casa. Y era un chaval muy abierto que se ofreció a que yo me entrenara con él en Santiago, y él era ya campeón del mundo. Seguro que él se beneficiaba porque yo tenía un nivel alto y le ayudaba en los entrenamientos, pero yo me beneficiaba mucho más.

P. Cuando se habla de los gallegos se habla siempre de su carácter trotamundos y de su morriña por la tierra. ¿Cómo vive esa contradicción?

R. Me encanta viajar, y menos mal que me gusta porque tengo que pasar varios meses fuera, y lo bueno de viajar es que me ayuda a ser más crítico, a valorar más lo que tenemos en casa y también a saber lo que hacen bien en otros sitios. Me gusta conocer diferentes culturas y me gusta también volver a casa: crecí allí, Galicia es Galicia y mi familia está allí.