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Leyes naturales

Rafa Benítez.
Rafa Benítez. Getty Images

Un español empieza la semana con la emoción de no saber si se va a romper su país. El madridista ya sabe que el Madrid se rompe siempre, pero el lunes tienen que explicarle por qué. Pudo ser en un gesto detectado por la cámara, en las declaraciones posteriores o en el campo gravitatorio ajeno a las leyes naturales, con astrofísica importada, en donde se levanta el Bernabéu.

La menos alarmante manera del Madrid para destruirse ocurre en los partidos. Esos tics son reconocibles y Benítez empieza a controlarlos, pues son los más sencillos. El portero, por ejemplo, no debe hacer muchas paradas, pues el equipo está sufriendo en defensa, pero tampoco ninguna, pues su trabajo podría hacerlo un canterano. Lo conveniente es 2-3 por partido, a ser posible debido a un error de Ramos y no de Danilo, ya que el puesto de éste podría ocuparlo Carvajal. Al Madrid le sale más rentable encajar un gol que una portada.

En el centro del campo hay que evitar dar muchos pases para no imitar al Barcelona (“el Bernabéu quiere otra cosa”), ni dar pocos buscando portería para no perder el balón (“el Bernabéu quiere la pelota”). Lo ideal es dar pases en diagonal, ni horizontales ni verticales, e ir avanzando como un ejército de alfiles tarados. En las alineaciones se exige poner a todos los jugadores con calidad en el campo, a ser posible mediapuntas delicados, sin olvidar que el portero no puede hacer grandes paradas, así que los mediapuntas deben ser recuperadores tractoristas.

Cristiano no puede marcar más de dos goles para evitar cristianodependencia, ni menos de tres para que no se abra el debate sobre su estado, así que se propone su lesión/muerte. Con Jesé ocurre lo mismo que con cualquier canterano que sobresalga: tiene que jugar bien pero no muy bien, como cuando Bolt hace 9,90 en semifinales, para evitar encuestas sobre si Bale es futbolista. Al contrario, los caprichos de Florentino no sólo tienen que jugar de forma extraordinaria sino llegar a lo que costaron (“es bueno pero no vale lo que costó” es mi frase preferida de todos los tiempos: imagino a un camello con una báscula de precisión midiendo miligramos de euros y a la directiva al otro lado de la puerta: “¿Ya?, ¿ya vale?, ¿y ahora?”).

Hay que dar espectáculo sin correcalles, marcar goles sin celebrarlos y no encajar sin ser defensivos. No ganar a los modestos, porque eso lo hace el presupuesto, y no ganar a los grandes, porque es cosa de árbitros falangistas. Si se consigue acabar una jornada cumpliendo los trámites, para los que se exige llamarse de otro modo y llevar el club a otra ciudad, hay un respiro para el Real Madrid. Dura lo que tardan los jugadores en ducharse, pero se hace eterno.

 

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