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Nuno, condenado pese a la goleada

Mestalla carga contra su entrenador a pesar de una victoria propiciada por los errores defensivos del Levante

Feghouli disputa el balón con Toño.
Feghouli disputa el balón con Toño. EFE

Mestalla enseñó el pulgar hacia abajo a su entrenador antes, durante y después del partido, pese a la goleada de su equipo. Una hora de juego tortuoso para el Valencia acabó cuando el Levante se practicó el harakiri. Errores del meta Rubén y del central Juanfran cortaron eventualmente la negatividad de Mestalla con su equipo, favorecido a su vez por la entrada de Parejo (un poco de sensibilidad en el trato del balón, por favor) y de Bakkali (la electricidad y el descaro por el extremo derecho). El Levante, valiente aunque sin puntería en la primera parte, se quebró en la segunda, sepultado por los horrores en su propio marco.

VALENCIA, 3 - LEVANTE, 0

Valencia: Jaume Doménech; Cancelo (Barragán, m. 80), Vezo, Santos, Gayà; Feghouli, Javi Fuego, Enzo Pérez (Parejo, m. 68), André Gomes, Piatti (Bakkali, m. 46); Alcácer. No utilizados: Yoel, Orban, Danilo y Santi Mina.

Levante: Rubén; Pedro López, David Navarro, Juanfran, Toño; Morales, Camarasa (Xumetra, m. 80), Simao, Lerma, Rubén (V. Casadesús, m. 71); y Roger (Ghilas, m. 71). No utilizados: Mariño, Verza, Nikos, José Mari.

Goles: 1-0. M. 63. Alcácer, de penalti. 2-2. M. 72. Feghouli. 3-0. M. 79. Bakkali.

Árbitro: De Burgos Bengoetxea. Amonestó a Enzo Pérez, Rubén García, Rubén, André Gomes, Roger.

Unos 45.000 espectadores en Mestalla.

Miles son las teorías sobre la importancia de un entrenador en un equipo, algunas las evidencias. Mestalla dejó este sábado algunas de ellas. Rubi, tan solo unos días al frente del Levante, le quitó el corsé al conjunto granota, liberado en lo táctico (adiós a los tres centrales), en lo anímico (no considerarse menos que nadie) y en la elección de futbolistas (bienvenida la técnica de Rubén, arrumbada por el austero Lucas Alcaraz). El Levante, que venía de recibir una paliza en su casa ante la Real Sociedad (0-4), sacó lustre a las paredes de Rubén y Morales, los centros desde la izquierda del lateral Toño y el remate al larguero de Roger. Le faltó acierto y le sobró el inspirado Jaume Doménech, el único valencianista sin miedo al fracaso, el único por encima de sus posibilidades. Eso también es responsabilidad del entrenador, que los futbolistas parezcan mejores de lo que en realidad son. En el Valencia todos, menos Jaume, parecieron peores en la primera parte, tal es la confusión en la que los ha sumido Nuno. El técnico luso no ha ofrecido a sus jugadores tabla alguna a la que agarrarse ante un público enojado y dispuesto a silbarlo todo. La víctima fue en esta ocasión Parejo, suplente, tan relevante el pasado ejercicio, tan insignificante en este. Parecido a Rodrigo de Paul, enviado a la grada en las últimas jornadas sin motivo aparente. El balance valencianista del primer periodo resultó raquítico. Dos goles bien anulados por fuera de juego. Eso fue todo.

Mestalla destapó la segunda parte con una declaración de guerra a su entrenador: los cánticos viraron del “Nuno, vete ya” al “Negredo, Negredo [el futbolista sacrificado por el entrenador por hablar de fútbol]”. Doménech volvió a evitar el gol de Toño y, en medio de la mediocridad local, un voleón desde la frontal de André Gomes se encontró con un doble error del portero Rubén. Primero al no atajar un disparo muy centrado y después al llegar tarde al palmeo ante la entrada de Feghouli. El penalti lo transformó Alcácer. Entró Parejo, circuló mejor el cuero y Juanfran le regaló el segundo gol al Valencia. Su cesión al portero resultó un pase franco a Alcácer, que solo hubo de levantar la pelota por encima de Rubén. El cuero entraba suavecito, pero lo remachó en la línea de gol Feghouli arriesgándose a un tercer tanto invalidado por un fuera de juego que se le escapó al juez de línea. Hundido el Levante, Parejo tiró del hilo y Bakkali se ganó a la grada con un golazo muy de su estilo: la diagonal desde el pico izquierdo del área y el latigazo a la escuadra más alejada. Al final Mestalla recobró la memoria de la primera hora y marcó a su entrenador, pese a la victoria, la puerta del adiós.

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