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La hegemonía del sur

El clima benigno y la mejor preparación, claves para el dominio de las selecciones que copan las semifinales del Mundial

Jugadores de los All Blacks en el partido ante Francia
Jugadores de los All Blacks en el partido ante Francia. Getty Images

Hacía 16 años que los cuartos de final de un Mundial no suponían un envite completo entre los dos hemisferios. También disputada en Reino Unido, la edición de 1999 llegaba en un tiempo de transición hacia el profesionalismo, tras años de debate entre ambos hemisferios por la pugna de estilos y la resistencia europea a abandonar el amateurismo. Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica seguirían adelante, haciendo valer la norma histórica de una rivalidad que, dado el papel de las potencias del norte, quizás no sea digna de tal nombre. Los tres gigantes, acompañados en las semifinales con Argentina, han ganado el 73% de sus envites contra el norte, huérfano de un puesto entre los cuatro mejores de un Mundial por primera vez en la historia.

La relación entre ambos hemisferios era tensa a finales de siglo por la división sobre cómo debía regirse el rugby. La apuesta de las potencias del sur por el profesionalismo generó un punto de conflicto con el norte, receloso a poner fin al amateurismo, especialmente Inglaterra e Irlanda. Sanzar, la entente entre Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, nació en 1996, junto al Tres Naciones [rebautizado como Rugby Championship tras la entrada de Argentina en 2012] y el Super Rugby, el mejor torneo de clubes del mundo.

En su apuesta hacia delante, había un estilo propio, bautizado como el “producto perfecto de rugby”. Ese juego liberado y dinámico buscaba el espectáculo como marca, con resultados tan abultados que los Blues neozelandeses ganaron las dos primeras ediciones del Super Rugby anotando más de 60 puntos por partido. El norte lo interpretó como un insulto al concepto más tradicional del oval, pero no tuvo armas para replicar. Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica han ganado 388 partidos de sus 530 encuentros contra Inglaterra, Irlanda, Francia, Escocia y Sudáfrica, un 73,2% de la tarta. Cuando han competido en un Mundial, las cosas se ponen aún peor: el norte, que nunca ha colocado más de dos semifinalistas, ha ganado solo nueve de los 44 partidos disputados (un 20%) y un solo título de ocho, el de Inglaterra en 2003.

El auge de Los Pumas ha aumentado el grosor del ecuador. “Argentina ha demostrado la brecha de talento entre el sur y el norte y cuánto se ha beneficiado de su inclusión en el Rugby Championship”, explicaba el domingo la retirada leyenda irlandesa Brian O’Driscoll. El hecho de jugar más contra el sur no ha servido de ayuda al norte. De los 44 encuentros que Australia e Inglaterra han jugado en toda su historia, 25 los han discutido en los últimos 20 años; Nueva Zelanda se ha medido tantas veces a Gales desde 1990 que en los 85 años anteriores. Tampoco el trasvase técnico, con tres neozelandeses entrenando a Irlanda, Gales y Escocia.

Tras su derrota contra Sudáfrica, el preparador de Gales, Warren Gatland, explicaba la diferencia entre norte y sur por una cuestión climática: “Es el tiempo. Las condiciones de juego aquí no son buenas en noviembre, diciembre y enero”. Los inviernos más tibios en el sur facilitan un mejor estado delos terrenos de juego, apuntado hacia una mejor preparación diaria y un césped que permite apostar por un juego más valiente, entiende Gatland. Mientras Gales ha perdido 28 de sus últimos 30 partidos contra el sur, Irlanda se medía con optimismo a Argentina tras haber derrotado a Irlanda y Sudáfrica el pasado noviembre. Mermado de efectivos, su técnico, Joe Schmidt, matizó la lección recibida. “No creo que estemos tan lejos, nosotros hemos competido el partido y la defensa galesa ante Sudáfrica fue fantástica. Los márgenes siguen siendo asumibles, pero estos equipos se marchan enseguida en el marcador”.

Más físico menos lesiones

La única victoria del norte frente al sur en este Mundial la protagonizó Japón contra Sudáfrica. Y los Cerezos Valientes tienen mucha más relación con el sur: sus estrellas juegan en el Super Rugby, torneo al que se incorporará una franquicia de la federación nipona. No falta el dinero en el norte, pues Inglaterra cuenta con la federación más rica y el presupuesto anual del Top-14 francés supera los 136 millones de euros. Pese a esa liga boyante, con cada vez más estrellas del sur, el XV del Gallo recibió 63 puntos ante Nueva Zelanda.

El sur entendió antes la modernidad y ha conseguido que su filosofía se imponga, pese a excepciones como el contundente juego sudafricano. Con físicos cada vez más desarrollados, ya sea potencia, velocidad o altura, sus jugadores tienen en bagaje de chocar diariamente con otro tren de mercancías. Quizás por eso hayan salvado mejor las lesiones. Gales e Irlanda, ganadores de las últimas cuatro ediciones del Seis Naciones, se han despedido desde la enfermería, con sus mejores hombres vestidos de calle en el palco. Sea cual sea el análisis, el norte tiene trabajo por delante para que la leyenda entre hemisferios no sea un vestigio del pasado.

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