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Raúl está en nuestro patrimonio emocional

 El madridista Raúl festeja su primer gol en Primera División, en la temporada 9495 y ante el club en el que se formó, el Atlético de Madrid. Ampliar foto
El madridista Raúl festeja su primer gol en Primera División, en la temporada 94/95 y ante el club en el que se formó, el Atlético de Madrid.

Si tuviera que destacar una cualidad de las muchas que tenia Raúl como futbolista, diría que nunca perdió la alegría de jugar. La felicidad que da la pelota a los niños también sirve para definir al Raúl profesional. Y por eso jugaba con toda seriedad. Hay que ser serio para divertirse mejor, jugando al fútbol.

Yo, que viví como entrenador robándole cosas a los jugadores, de Raúl aprendí lo relativo del entrenamiento para juzgar a los futbolistas. Lo que nunca le vi hacer en un entrenamiento, me refiero a gestos técnicos, lo hacía de forma sublime en los partidos. La exigencia máxima de la competencia hacía crecer sus cualidades al punto de sorprenderme siempre. Amagues que abrían huecos imposibles, taconazos elegantes, toques sutiles, goles maravillosos que burlaban a los porteros más encumbrados, solo eran posibles en los partidos más importantes y en las circunstancias más comprometidas.

Era un goleador, es verdad. Pero era mucho más que un goleador. Era un gran jugador que además hacia goles, que es muy diferente. Sabía jugar porque a lo que traía de la cuna le fue agregando conocimiento. Siempre se preocupó por aprender los secretos más íntimos de este juego, tan sencillos y evidentes que no todo el mundo es capaz de verlos.

Ese conocimiento del juego, le permitió desenvolverse con naturalidad en distintas funciones, y también y sobre todo, interpretar cada partido de forma admirable y certera.

Me recordaba en ese sentido a un jugador argentino, desconocido para el público, que al inicio de cada partido les decía a sus compañeros “dame 10 minutos a ver como viene la mano”, y a partir de entonces indicaba dónde estaban las debilidades del rival y cuáles eran sus puntos fuertes que había que evitar.

Cuando debutó en el primer equipo del Real Madrid lo hizo con la seguridad de que iba a ser lo que finalmente fue. Nunca vi a un niño de 17 años tan convencido de sus posibilidades. Se sentía con pleno derecho de jugar. Veía su debut como algo natural.

Raúl es de esas personas que generalmente llegan donde se proponen y seguramente, si de verdad quiere ser entrenador, lo será y de los mejores. Entre otras cosas porque nunca dejó de pensar en el juego, y por su férrea personalidad.

Yo nunca elogiaría a Raúl diciendo que fue un gran profesional, que lo fue, porque para mí lo más importante y lo más destacado es que nunca abandonó su sentimiento amateur.

El retiro de Raúl me vuelve a enfrentar con la crueldad del paso del tiempo que esta vez nos priva de seguir viéndolo en una cancha. Aunque pensándolo bien, nunca podrá retirarse porque siempre estará presente en nuestro recuerdo y en nuestro patrimonio emocional.

Ángel Cappa fue, como segundo entrenador de Valdano, uno de los técnicos que subió a Raúl al primer equipo del Madrid en 1994.

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