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Bale fusiona fútbol y rugby

Gales ha logrado la primera clasificación para una Eurocopa en base a un estilo combativo pensado para lanzar en velocidad a su goleador

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Chris Coleman, seleccionador de Gales, celebra la clasificación para la Eurocopa con Gunter, Kanu y Ramsey mientras Bale corre hacia la cámara. Getty Images

Asediado por la duda de todo buen deportista galés, Gareth Bale eligió el fútbol siendo un adolescente. Pero en el fondo de su alma experimentó el sentimiento inevitable que comparte con sus paisanos: siguió siendo un rugbier. Un wing cuyos goles y asistencias en la fase de clasificación de la Eurocopa se han rentabilizado más que los de cualquier otro futbolista en esta competición hasta sumar 11 puntos de un total de 18. Con Bale, Gales es segunda del Grupo B. Sin él sería penúltima en el quinto puesto. El equipo está hecho a su medida. Practica un fútbol tan rudimentario que a sus jugadores solo les faltaría coger la pelota con la mano.

Le he pedido al jefe que me ponga contra Andorra”

Gareth Bale

Andorra visita Cardiff este martes para enfrentar a la selección local en lo que será una especie de representación de fiesta nacional en Gales. El equipo se clasificó el sábado y el pueblo está entusiasmado. Con la lejana excepción de la participación en el Mundial de 1958, en el crepúsculo del amateurismo, la nación británica más pobre y menos numerosa no acudió a ningún torneo internacional importante. Es la pequeña gloria que sus aficionados le deben a Bale.

Bale, durante un entrenamiento con Gales. ampliar foto
Bale, durante un entrenamiento con Gales. REUTERS

Bale es el vértice de un sistema eminentemente británico. Al seleccionador Chris Coleman no se le ha ocurrido mejor fórmula que cimentar al equipo con una organización que remite al forward pack. Consiste en una línea de cinco defensas rígidos como robles, otra de dos centrocampistas más ligeros, y un punta cuya primera tarea no es fijar defensas ni marcar goles sino hostigar a los rivales que conduzcan la pelota por los carriles centrales, acosándoles desde su retaguardia, como un mastín que empuja a las fieras hacia la trampa del redil. Entre todos arman un rodeo polvoriento que, hasta ahora, resultó asfixiante para Israel, Andorra, Chipre, Bosnia y Bélgica. Apostados en campo propio, la jugada elemental ha consistido en presionar con ocho o nueve hombres, robar la pelota, y lanzar velozmente a Bale como quien ejecuta un acto reflejo. Sin pensarlo. Allí, en campo abierto, con libertad para moverse por donde le da la gana, con espacio para correr, el delantero del Madrid ha resultado difícil de contener para los defensas que ha encontrado por el camino.

El estilo ha resultado eficacísimo para un equipo menor que tradicionalmente ha contado con excelentes jugadores. John Charles, Ryan Giggs, Ian Rush, Cliff Jones o Mark Hughes ofrecen testimonio de la producción de talento de un país predominantemente rural que ronda tres millones de habitantes y más de tres millones de ovejas. Una potencia del rugby que jamás ha sido importante futbolísticamente pero que sueña con dejar su extraño sello en el campeonato de 2016.

El director de la orquesta es Ashley Williams, defensa central del Swansea, inglés de nacimiento

El director del pack es Ashley Williams. Este fornido mediocentro negro nacido en Wolverhampton, Inglaterra, hace 31 años, no exhibe más credenciales galesas que un abuelo oriundo de la otra orilla del Severn. El técnico del Swansea dijo que “juega como un robot”. Pero no es su mecánica sino su amor por el oficio lo que ha hecho de Williams un buen líbero. En Gales ocupa el eje de una línea de tres centrales que no se separan de su área salvo en situaciones estrictamente previstas en el manual: saques de portería y saques de banda en campo contrario.

Los jugadores de Gales mantean a su entrenador, Chris Coleman ampliar foto
Los jugadores de Gales mantean a su entrenador, Chris Coleman REUTERS

Para quien no disfrute de los detalles, asistir a un partido de Gales puede resultar horrorosamente aburrido. Para quien se emocione cuando el pálido portero Wayne Hennessey coja el balón y mueva su guante hacia arriba en señal de carga, los partidos pueden ser llevaderos. A esta señal del meta, símbolo de un inminente patadón que impulsará la pelota como un obús que caerá con estrépito sobre el círculo central, los forwards se movilizan como una unidad y recorre 20 metros con aire pesado. La lucha por el balón dividido recuerda al maul. Williams aprieta desde atrás y los volantes Joe Allen y Joe Ledley avanzan como la infantería ligera escoltados por dos laterales que no abandonan su terreno más que en situaciones de urgente necesidad. Completando la maniobra, desde arriba baja otro muchacho negro nacido en Inglaterra, de nombre Hal Robson Kanu, potente delantero centro del Reading, de la Segunda División inglesa, que ha metido solo dos goles pero da igual porque su misión aquí es de otra índole. Con Gales, el deber de Kanu es ahogar al rival y peinar balones largos para que jueguen las figuras.

Las figuras son Aaron Ramsey y Gareth Bale. El primero es el mediapunta del Arsenal y el jugador más clarividente del equipo: el apertura, por emplear un término rugbístico. Nadie posee su inteligencia para mover la pelota en los últimos metros buscando a su cómplice en el ataque. En cuanto a Bale, su caso es el del híbrido. Pudo dedicarse al triple salto. Pudo ser campeón europeo de 200. Pudo ser campeón olímpico de 400. ¿Quién sabe? Pudo ser el magnífico wing que condujera a Gales a la conquista del Seis Naciones. Su compañero de colegio y amigo, Sam Warburton, es el capitán de la selección de rugby de Gales que se enfrentará a Sudáfrica en los cuartos de final del Mundial que se disputa en Inglaterra.

Bale pudo haber estado el próximo sábado 17 en Twickenham. Pero decidió jugar con los pies y como es un fenómeno atlético y le pega al balón con una potencia y un tacto inigualables, resulta que se impuso. Y le va de maravilla. El Madrid le paga 14 millones de euros netos y sus vecinos le preparan una gran fiesta este martes. Le deben seis de los nueve goles que han impulsado a Gales a su mayor éxito futbolístico en medio siglo.

“Le he pedido al jefe que me ponga contra Andorra”, dijo el zurdo el sábado, después de perder en Bosnia (0-2). La derrota de Israel en Chipre (1-2) le acababa de asegurar el billete a la fase final y el homenaje en casa. En Cardiff, la ciudad de su nacimiento. Allí donde una vez dudó si ser futbolista o jugador de rugby. Allí donde ha sintetizado su talento en una disciplina de fusión.

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