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Muere Zoco, histórico del Real Madrid

Jugó 434 partidos con el club blanco y ganó la sexta Copa de Europa en 1966

Ignacio Zoco
Zoco se despide del Bernabéu en 1974. EFE

La historia del Real Madrid la construyen sus jugadores, sus leyendas, esas que llenaron las vitrinas del Bernabéu. Y una de ellas es, sin duda, Ignacio Zoco, (Garde, Navarra, 1939), que falleció ayer en Madrid. Mediocentro de contención o central, fue unos de los pilares de uno de los equipos más dominadores que han existido en España, el conocido como Madrid Ye-Ye, ganador de ocho ligas en los años sesenta, además de aquella sexta Copa de Europa de 1966. Zoco alzó siete de esos títulos domésticos y dos Copas. Se acordó de él Benítez: “Figura imprescindible del Real Madrid”. También Casillas a través de su Twitter: “Gran madridista, gran persona”. Y otro mito como Santillana: “Navarro noble, buena gente”.

Zoco era muy joven cuando llegaron las cinco Copas de Europa en los cincuenta. Le tocó otra época dorada aunque con menos poso histórico. Quizá el brillo del esplendor de Di Stéfano, Puskas y Gento y de los trofeos europeos marcan la historia del club más laureado, pero si hubo un equipo sólido que dominó con puño de hierro en España ese fue el Madrid de los sesenta.

Y allí estaba Zoco. Con su 1,84 metros, el navarro desempeñaba ese trabajo de mediocentro a veces poco valorado pero tan necesario para un equipo. Sobre todo si está tan lleno de talento como aquella escuadra sesentera, un plantel de jóvenes que estaban dispuestos a hacer olvidar a mitos de calibre histórico. “Parecía lento”, recuerda Santillana, quien coincidió con Zoco en sus primeros pasos en Concha Espina, “pero iba muy bien al cruce y de cabeza”.

El navarro llegó al Bernabéu en 1962 procedente de Osasuna. Ya había debutado incluso con la selección española de Pedro Escartín, que lo llevó a Gales en 1961 sin importarle que jugara en Segunda. En ese partido (1-2 para España) coincidió con Di Stéfano, Luis Suárez, Gento, Del Sol… Esa convivencia con las estrellas fue un adelanto de lo que viviría años después el chico que no se interesó por el fútbol hasta su adolescencia, prefería el frontón.

A Zoco le tocó vivir los dos últimos años de Di Stéfano en el Madrid, aquellos en los que el argentino seguía siendo un genio, pero sus treinta y muchos le limitaban físicamente. Así que el joven navarro tuvo que cubrirle las espaldas al más grande. Y con ese trabajo se ganó el respeto del vestuario.

Cuando Di Stéfano dejó el club, Puskas apenas jugaba y Gento era ya veterano, por lo tanto le tocó el turno a un grupo de jóvenes con ganas pero sin demasiada experiencia internacional. Como Amancio, que llegó de Coruña el mismo año que Zoco. Juntos jugaron y perdieron la final de 1964 ante el Inter de Luis Suárez, el último partido de Di Stéfano con la blanca. La espina se la sacaron dos años después en Bruselas y contra el Partizan, en lo que fue la sexta Copa de Europa, la última en blanco y negro y que durante 32 años fue la última referencia de la gloria europea del club.

Retirada en 1974

El éxito continental era un reflejo de lo que se vivía en España: dominio abrumador de un equipo que llevó una transición victoriosa. Porque el vacío de los mitos se llenó enseguida con esos jóvenes canteranos algunos y emigrantes de interior otros. Y el navarro se erigió como una referencia en el vestuario. “En aquella época no era fácil la integración para los chavales como yo, había mucha jerarquía”, rememora Santillana, “pero Zoco me daba conversación para que me sintiese uno más”.

Un sinfín de triunfos para una carrera modélica que se acabó cuando Cruyff asaltó el Bernabéu en 1974 con aquel 0-5 para el recuerdo. La derrota ante el Barça le hizo pensar y comunicó a Santiago Bernabéu que dejaba el fútbol. Aún tuvo tiempo, eso sí, para levantar la Copa ese año, trofeo con sabor a venganza por el 4-0 infligido a los culés. En total: 437 partidos con el Madrid y 17 goles. Con la selección jugó 25 partidos y participó en el primer gran éxito del balompié español: la Eurocopa de 1964.

Con las botas en el trastero se dedicó a la política —delegado de Deportes del Gobierno de la UCD en Navarra— y fue directivo del Castilla en 1982. Su último vínculo con el fútbol profesional fueron sus labores de delegado de su Madrid de 1996 a 1998. Estaba casado con la cantante María Ostiz.

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