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Faltan jugadores, sobran las porterías

No marca el tridente los goles de costumbre y no para Ter Stegen, al tiempo que Nolito se impone por su puntería

Messi en el Celta - FC Barcelona Ampliar foto
Messi se lamenta de una ocasión fallida ante el Celta. AFP

Hay partidos que no cuentan para equipos como el Barça, jornadas que solo existen a efectos de inventario, como por ejemplo la pasada, cuando los suplentes que lideró Bartra abatieron al Levante. Y por el contrario se dan encuentros que sirven para calibrar el momento de forma y hasta las aspiraciones azulgrana, pocos hasta ahora como el disputado en Vigo, parecido si acaso de salida al jugado en el Calderón. La diferencia es que el Atlético, y sobre todo el Barcelona, juegan a largo plazo, aspiran a no perder puntos en época de supervivencia como la actual, para ganar el campeonato, nada que ver con el Celta, un plantel en estado de gracia, invicto y en cabeza de la Liga.

El despliegue físico, táctico y técnico del Celta fue monumental ante un administrativo Barça. Jugó mejor colectiva e individualmente, tuvo más la pelota, fue más intenso, preciso y contundente porque embocó la mayoría de las ocasiones que generó Nolito, más atento que Ter Stegen y Piqué y también más fino que Messi y Neymar. Los tiros de los delanteros barcelonistas, habilitados mayormente por el capitán Iniesta, fueron rechazados por Sergio. La intensidad, presión, generosidad y exquisitez de los muchachos de Berizzo, fiel discípulo de Bielsa, las mejores virtudes contrastaron con el absentismo de los chicos de Luis Enrique. Reiterativos en las pérdidas, los azulgrana no ganaron ni un balón dividido ante el ambicioso Celta.

Los barcelonistas no tuvieron respuesta, nunca encontraron el punto de inflexión, y Luis Enrique sustituyó incluso a Busquets

El mérito celeste fue tratar al Barcelona con el mismo descaro que al Sevilla o al Rayo, señal de grandeza y valentía, de determinación, motivo de orgullo en Balaídos. Los locales plantearon once mano a mano y ganaron incluso el duelo de Sergi Gómez con Luis Suárez. La afrenta del Celta, avalado por el marcador y por su excelente guardameta, llevó al suicidio al Barça. No atinaban los azulgrana en el remate y las transiciones locales, por el contrario, siempre acababan en un disparo, como en el 3-0. Imposible especular en un partido de vértigo, sin control ni pausa, mal asunto para el Barça.

Los barcelonistas no tuvieron respuesta, nunca encontraron el punto de inflexión, y Luis Enrique sustituyó incluso a Busquets. El cambio tampoco dio resultado porque no había más equipo que el Celta ni mejor jugador que Nolito. El Barça no dominó ninguna de las dos áreas, frágil en la suya y blando en la rival, penalizado por un rival exuberante, feliz y tan autoritario y acertado que se permitió responder al gol del honor del Barça.

El Celta es hoy un equipo en plena forma mientras el Barça sangra en las porterías: no marca el tridente los goles de costumbre y no para Ter Stegen, que carga ya casi con tantas dianas en 6 partidos (15) como en la temporada pasada (16 en 21). Muy pocas veces la pérdida del liderato había sido tan rotunda como la de Vigo. La derrota evocó a las goleadas ya encajadas en las dos Supercopas, ambas con cuatro goles, y reabrirá el debate sobre la precariedad de la plantilla desde que el club fue sancionado por la FIFA. Las lesiones y la pretemporada organizada por necesidades comerciales, así como las salidas de Xavi y Pedro, han castigado a un equipo justo de efectivos, acostumbrado a resolver los partidos por la mínima, y necesitado de aire, circunstancia que seguramente obligará a atender las peticiones de Luis Enrique. Aunque la masa salarial exige contención, el técnico pedirá seguramente refuerzos en enero de 2016. Ningún futbolista simplifica mejor el partido de Balaídos que Nolito, jugador que pasó por el Miniestadi y que desde hace un tiempo es pretendido por el Barça. La sensación es que ahora ya no alcanza con el tridente para aspirar a ganar la Liga y la Champions.

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