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Pulgarcito resiste al Madrid

Un Sporting heroico y lleno de novatos en Primera, deja seco a su imponente rival

El equipo blanco se mostró frustrado ante el gol tras generar una catarata de ocasiones

Ronaldo lamenta una acción ante Ismael López, del Sporting. Ampliar foto
Ronaldo lamenta una acción ante Ismael López, del Sporting. AFP

Una chavalada de mayoría asturiana dejó atribulado a todo un Madrid, que se fue de Gijón perplejo. Por la resistencia de los reclutas de Abelardo y por su poco tino tras generar una catarata de ocasiones, sobremanera en el segundo tiempo, cuando acampó ante la meta del Sporting. Solo va un partido, pero el cuadro local tiene motivos para los confetis. Su esfuerzo fue titánico, épico. Un equipo bisoño, con telarañas en la tesorería, pero con la dignidad de un club de mucha enjundia. Así, con orgullo y una sobredosis de sudor, logró un punto glorioso. Para el Madrid, un accidente iniciático. El gol le sacó la lengua y se fue de El Molinón boquiabierto. La lógica, en fuera de juego.

SPORTING, 0; REAL MADRID, 0

Sporting: Cuéllar; Lora, Hernández, Bernardo, López; Carmona (Rachid, m. 85), Álvarez, Nacho Cases, Jony (Alex Menéndez, m. 76); Guerrero (Muñiz, m. 71) y Sanabria. No utilizados: Alberto García, Meré, Carlos Castro y Pabló Pérez.

Real Madrid: Keylor Navas: Danilo (Carvajal, m. 83), Varane, Ramos, Marcelo; Kroos, Modric; Isco (Kovacic, m. 70), Bale, Cristiano Ronaldo: y Jesé (James, m. 55). No utilizados: Casilla; Casemiro, Nacho y Pepe.

Árbitro: Estrada Fernández. Amonestó a Carmona, Álvarez, Nacho Cases y Jony.

Unos 30.000 espectadores se dieron cita en El Molinón en el regreso del Sporting a Primera División.

Hasta que se descamisara pasada la hora, fue un Madrid de intermitencias, sin un patrón de juego definido. Tan pronto con el turbo de sus atacantes, como mecido por la pausa de Modric. Ninguna vía desenchufó a este Sporting de novicios, con cuatro titulares de estreno en Primera División. Combativo y decidido al do de pecho, los guajes no se enchironaron en su área. Nunca rehusaron el toque de corneta hacia el perímetro de Keylor Navas. Afanado en cada asalto, en cada disputa y nada mojigato para la ofensiva. Pulgarcito apelando al heroísmo de la debilidad, dispuesto a tutear a su imponente adversario con esta nueva añada de Mareo.

Ante un rival nada amedrantado, el Madrid no acabó por ser un equipo redondo. Muy lejos de la versión habitual de los conjuntos de Benítez, por lo general muy cosidos en cada cuadrícula del césped, con más algoritmos que ingenio. En El Molinón, el Madrid arrancó con vértigo, a la carrera, con Bale muy activo por la izquierda e Isco muy suelto. Varane y Sergio Ramos se las apañaban para sujetar a Sanabria y Guerrero, en cuyo radio perecía el Sporting en sus animosas espantadas hacia Navas. En plena ida y vuelta, Modric filtró un pase a lo Modric, o sea, con el frac. Un legado para Bale, citado mano a mano con Cuéllar. El británico dejó en la cuneta al arquero, pero su remate se frustró contra el lateral de la red.

Al primer aviso se sucedieron un par de disparos picantes de Isco. Las ocasiones no eran tanto producto del juego como de la gran capacidad de los solistas blancos. Hasta que Modric, un paso por delante de Kroos, puso a su equipo en hora. El croata marcó los tiempos, el dictado de cuándo ir en largo y cuando en corto. Al poner el fútbol entre paréntesis, permitió que se enchufaran al encuentro Danilo y Marcelo, descolgados cuando su delantera toca la corneta y nadie espera a nadie.

Vertebrado por Modric y con Bale en casi todas las acciones ofensivas, el grupo de Benítez ganó en control, fue más sólido. En su fase de crecida, Cristiano, apagado hasta que se cuadró Modric, a punto estuvo de batir a Cuéllar con un disparo con cicuta, ajustado al poste izquierdo del meta local, que respondió de maravilla. Como lo hicieron sus intrépidos compañeros. No se arrugaron ni en los mejores momentos de los blancos, y en una aventura de Lora, el único con años de servicio en la máxima categoría, Sanabria cabeceó al larguero la asistencia del capitán rojiblanco. La pelota picó sobre la raya y por un dedo no fue gol. Por fortuna para los colegiados, porque en jugadas así están vendidos mientras no se importe el ojo de halcón. Artilugio imprescindible, pero no necesario para jugadas como la que inmediatamente ocurrió en la zona caliente de Cuéllar. Cuando CR ajustaba el gatillo, Sergio le anudó por el hombro izquierdo y le derribó. El árbitro pasó de largo.

El segundo acto fue otra cosa. El talento oponente termina por agotar. El Sporting poco a poco perdió depósito y se aferró al corazón. Minuto a minuto, el Madrid, con Kroos sumado a la causa de Modric, fue enclaustrando a la muchachada local. De forma irremediable, el equipo reculó y reculó hacia el barracón de su portería. Navas se quedó a muchas cuadras de cualquier esportinguista, salvo en un cabezazo de Carmona que no fue gol por un palmo.

El Madrid se desató hacia Cuéllar, por todas las rutas, por dentro y por fuera, con Danilo y Marcelo como ventiladores, con Isco y luego James como armadores, con Cristiano y Bale a gatillazo limpio. La irrupción de James por Jesé dio otra marcha más al equipo. En la caldera de El Molinón todos cuidaban el rancho como centinelas de un acertado Cuéllar, con todos los aprendices remangados, de achique en achique. Y no por voluntad propia, sino por el incomparable peso de uno y otro escuadrón. En medio del insistente arreón no fuero pocas las ocasiones que se le fueron a Cristiano por un pelo. El portugués, tan fiable para el gol, tuvo una parálisis transitoria. Aún no ha despegado. Como todos, se atascó ante la meta adversaria.

Con su paso al frente en el segundo acto, al Madrid solo le faltó puntería. De lo demás puso de todo: gobierno, entrega, variantes para llegar y una catarata de remates, por vía área y terrestre, dentro del área y fuera del perímetro. Enigmas del fútbol: a un equipo como el Madrid se le resiste el gol desde la pretemporada. Ni siquiera encontró alivio ante un recién ascendido, una prole conmovedora que acabó en los huesos, pero con el orgullo multiplicado. La Primera se merece al Sporting, y el Sporting, club tan singular, representa hoy uno de esos cuentos de hadas que se dan en el fútbol. A un chasquido del colapso total, y quién sabe si de la desaparición, el club, a golpe de escudo y con un parvulario sin complejos, ha regresado a la elite. Bienvenido sea.

De momento ya sabe que puede competir. Que es algo más que un milagro, por más que en esta primera jornada resultara un fenómeno asombroso que el Madrid, con tanto jugadorazo, se quedara seco.

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