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El central descentrado

El autor cree que a Piqué, con tendencias infantiles, le falta a veces contexto

Piqué, en la vuelta de la Supercopa de España contra el Athletic. Ampliar foto
Piqué, en la vuelta de la Supercopa de España contra el Athletic. EFE

Me extrañó mucho que una persona tan criteriosa como Busquets considerara que la tarjeta roja a Piqué, en el partido de vuelta de la Supercopa de España, fuera demasiado rigurosa. “No hacía falta expulsarlo por eso”, dijo. Me pregunté enseguida qué haría falta entonces para sacar tarjeta roja a un jugador, después de espetarle a un juez de línea: “Me cago en tu puta madre”.

Hace un tiempo, una amiga que es profesora universitaria me dijo que ya se va acostumbrando a que algunos alumnos suyos pongan los pies sobre el pupitre. Le pregunto a qué cree que se deben esos comportamientos y me responde muy segura: a falta de contexto. Ponen sus pezuñas en sus bancadas porque creen que están sentados en el sofá de su casa. Yo creo que a Piqué, hijo de una importante profesional de la medicina y, según leí, con un coeficiente de inteligencia muy alto, le falta a veces contexto. Cuando se mofa de un jugador del Real Madrid, como lo hizo este verano con Cristiano Ronaldo, o de su hinchada, no sabe que el contexto es que no puede ponerse en contra a quienes son y serán por mucho tiempo sus rivales eternos. En el partido de la noche del lunes contra el Athletic de Bilbao, el contexto era que tenía que estar pensando únicamente en una remontada posible y no en la inocente madre del juez de línea.

El lunes, Piqué tenía que estar pensando únicamente en una remontada posible y no en la inocente madre del juez de línea

Gerard Piqué es un gran central. Nadie le regaló nada. Todo lo que obtuvo con el Barça se lo ganó a pulso. Pero tiene que corregir esa infantil tendencia que tiene a ser el gracioso de la clase. Y a veces también el primo de Zumosol. El lunes pasado por la noche le faltó contexto. El del club que le paga un sueldazo y el de la grada que lo respeta y lo quiere. El Barça, por su parte, tendrá trabajo este verano. Definir su filosofía defensiva. Y evitar que Arda Turan arroje su botín a un juez y Piqué su improcedente ira.

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