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¿Por qué nos gusta el Tour?

Tour de Francia 2015 Ampliar foto
Jan Ullrich y Marco Pantani en el Col de la Madeleine en el Tour del 98

Nos gusta el Tour porque es violento e inabordable, y vapulea con la mano abierta a los ciclistas. Nos gusta porque los ciclistas utilizan ese castigo para jugar a ser felices. Nos gusta porque en las carreteras todavía aparece de vez en cuando una pintada a favor de Perico. Nos gusta porque cuando pasen cien años y nadie hable de Thierry Marie, Ángel Arroyo, Dimitri Konyshev, Raymund Dietzen, o Eddy Planckaert, nosotros los recordaremos. Nos gusta porque el pelotón acepta que esta carrera es inaccesible y sin embargo se decide cada año a correrla. Nos gusta porque vimos subir a Pantani, del que nos enamoramos perdidamente por el estilo con que se aferraba al manillar cuando atacaba.

Nos gusta porque el corredor utiliza esa multitud que lo rodea en el Peyresourde, el Aubisque o el Alpe d'Huez para estar solo. Nos gusta porque cada día, cuando finaliza la etapa, al corredor sólo le cabe hacer una cosa, rehacerse, y es imposible, pero sucede. Nos gusta porque vimos ganar a Indurain en Cauterets. Nos gusta porque cuando la carrera está ganada, a veces se pierde. Nos gusta porque Laurent Fignon corría con gafas graduadas, como si diese clases de metafísica. Nos gusta porque se nos sale el corazón esperando los tiempos intermedios en la contrarreloj.

Nos gusta porque es como vivir sin estar preparado para la vida, improvisando sobre la marcha, a ver qué sale

Nos gusta porque es como vivir sin estar preparado para la vida, improvisando sobre la marcha, a ver qué sale. Nos gusta porque crecimos con la voz de Pedro González, y si cerramos los ojos todavía oímos sus retransmisiones. Nos gusta porque entretanto el verano transcurre lentamente. Nos gusta el Tour porque entre la felicidad que nos proporcionaba Induráin encontrábamos un resquicio para gritar, en silencio, “¡Vamos Chiappucci!”.

Nos gusta porque al acabar la etapa salíamos a correr en nuestras bicicletas y los amigos gritaban “yo soy Rominger”, “yo soy Bugno”, y nosotros, que éramos más listos, decidíamos que éramos Eduardo Chozas. Nos gusta porque cuando el ciclista se cae, y se rompe, se levanta sin arañazos. Nos gusta porque en 1951, tras 140 kilómetros en solitario, Koblet se presentó en meta, sacó su peine, se acicaló y ganó. Nos gusta porque es la mejor película de la historia del cine.

Nos gusta porque los lunes, de pronto, adquieren sentido y color, aunque a las cinco y pico de la tarde lo pierdan. Nos gusta porque quisimos matar a Perico tras el prólogo de Luxemburgo. Nos gusta porque aprendemos geografía. Nos gusta porque le vimos ganar un Giro a Chioccioli destrozando a sus rivales y creímos que podría hacer lo mismo en Francia. Nos gusta porque un día Greg Lemond irrumpió en una contrarreloj con un manillar de triatleta. Nos gusta porque antes se corría con visera, y si tenías clase, la ponías del revés. Nos gusta porque sus leyendas son de mármol, como el Miguel Ángel. Nos gusta porque cuando se acaba nos deja en la miseria, y hoy es el peor día del verano.

 

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