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Djokovic impone su ley ante Federer

El número uno vence al suizo en la final de Wimbledon (7-6, 6-7, 6-4 y 6-3 en dos horas y 56 minutos) para lograr su tercera corona en Londres y el noveno grande de su carrera

Djokovic celebra el triunfo en Wimbledon. Ampliar foto
Djokovic celebra el triunfo en Wimbledon. Getty

Cuando Novak Djokovic logró el punto que significó el triunfo sobre Roger Federer (7-6, 6-7, 6-4 y 6-3 en dos horas y 56 minutos) y su tercera corona en Wimbledon, el noveno Grand Slam de su carrera, expulsó un berrido desaforado para decir algo así como aquí estoy yo, el líder indiscutible de la manada. Dio un giro completo en dirección a la grada, con los brazos extendidos y los puños apretados, para decirles a todos esos que le habían vuelto la espalda y habían apoyado a su adversario durante toda la tarde que él es el que rige ahora.

Ese fue el desenlace en La Catedral, el mismo de hace un año. Sobre la hierba, un hombre considerado desde hace tiempo una leyenda, rebelado contra el dios Cronos y que en poco menos de un mes, el próximo 8 de agosto, cumplirá 34 primaveras; es Federer. Al otro lado, el gran jefe del circuito, el cacique supremo del tenis actual; un jugador que cuando emplea la artillería pesada se lleva por delante casi todo lo que sale a su paso; el número uno, ni más ni menos.

En el ambiente, sin disimulo alguno, los más románticos no deseaban un nuevo relato en clave balcánica, sino releer viejos pasajes. Cada punto de Federer, su majestad Federer en Wimbledon, desató la efusividad de los espectadores. Atraviesa el suizo, con todo el derecho del mundo, por un momento hedonista. Juega al tenis por el mero hecho de disfrutar y conocer nuevos rincones del mundo, de incorporar nuevas experiencias a la rutinaria vida del tenista, pero también por el hecho de que su llama competitiva sigue viva.

El público empujó siempre al suizo. A veces, el afecto no se deja disuadir por lo que dice un marcador

En ese sentido, sabía que Londres, el escenario en el que ha conquistado siete cetros, era la mejor opción para escribir otra oda. Pero enfrente se topó con un tipo que a las órdenes de Boris Becker ha multiplicado su eficacia. A Djokovic se le escapó hace poco más de un mes el título de Roland Garros, merced a una tormenta de mayo de Stanislas Wawrinka, pero se antojaba complicado que no atase bien el cabo londinense. Si Nole no tiene fisuras mentales, hoy día es prácticamente imbatible. A la que anuló el exquisito juego de saque y volea de Federer, impuso su ley desde los fondos, ya pelados.

Federer, durante la ceremonia tras el partido. ampliar foto
Federer, durante la ceremonia tras el partido. Getty

El inicio del primer set fue muy equilibrado, con taras mínimas en el juego, de altísimo nivel. En su línea, Federer estuvo imperturbable; a veces parece que detrás de ese dandy que no suda mientras pelotea solo hay frialdad, pero el volcán crepita por dentro. Hasta el 6-5 y 15-0 a su favor no se manifestó el suizo, que acto seguido soltó un sonoro c’mon! (¡vamos!) cuando dispuso de su primera bola de set. Djokovic lo entendió como un desafío y solucionó ese primer engorro y después un segundo para resolver en el tie-break.

Federer quedó tocado, pero no se entregó en el segundo parcial. Al revés, desenfundó algunos de sus mejores golpes, ese abanico estético de drives, reveses y cortados que se paladean con placer. Le reengancharon al duelo, que siguió por los mismos lares. De nuevo, rumbo al desempate. Djokovic había mejorado mucho para entonces al servicio (13 aces al final) y adquirió ventaja, pero Federer (14 puntos directos) resistió. El número dos neutralizó hasta cinco bolas de set en contra; Nole, una; y al final, en un clima efervescente, el de Basilea fue mejor. 1-1 y La Catedral en plena ebullición.

Panorámica de la central, durante la final. ampliar foto
Panorámica de la central, durante la final. AP

Crecieron los decibelios y la temperatura del partido, que no la de un Londres otoñal que comenzó a cumplir con los pronósticos de agua que se anunciaban. Con 3-2 a favor de Djokovic en la tercera manga (2h.11m.) cayó un rocío tímido y se desplegó la lona. Buen momento, parecía, para calmar el apetito de un Nole cada vez más incisivo. Pero no fue así. La golosina del noveno Grand Slam y el tercer título en Wimbledon, tras los de 2011 y 2014, estaba ahí, así que activó toda la maquinaria para quebrar el saque de Federer y encauzar el triunfo.

Nole atacó con el resto a Roger, que solo retuvo el 49% con segundos y cometió más errores (16/35)

Con ventaja (2-1), el serbio fue creciéndose y sintiéndose más poderoso. Atacó con el resto al suizo (este solo retuvo el 49% de puntos con segundos) y pese a conectar menos golpes ganadores (46) que su rival (58), cometió menos errores no forzados (16/35). En total, con su saque solo concedió un break y a la inversa arañó cuatro. Entre el público ya había calado la impresión de que todo lo que no fuera un nuevo éxito suyo era casi una utopía; percepción acertada, porque siguió dominando en los intercambios y a Federer ya le pasaba factura ese reloj biológico con el que tiene un pacto de caballeros.

Aceptó el suizo la derrota con la misma galantería de siempre, el nuevo orden. El impuesto por el gran jefe Nole. Él gobierna ahora; también en Wimbledon, donde a pesar de todo aún se percibe a Federer como al verdadero monarca del All England Tennis Club. A veces, los afectos no se dejan disuadir por lo que dice un marcador.

El palmarés de Nole

Nueve títulos del Grand Slam:

  • Cinco Abiertos de Australia: 2008, 2011, 2012, 2013 y 2015.
  • Tres Wimbledon: 2011, 2014 y 2015.
  • Un Abierto de EE UU: 2011.

Los dominadores históricos de Wimbledon:

  • William Renshaw, Pete Sampras y Roger Federer: 7
  • Lawrence Doherty y Björn Borg: 5
  • Reginald Doherty, Anthony Wilding y Rod Laver: 4
  • Wilfred Baddeley, Arthur Gore, Bill Tilden, Fred Perry, John Newcombe, John McEnroe, Boris Becker y Novak Djokovic: 3

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