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No son “chavalitas”

Más que un motín, el enfrentamiento de las jugadoras de la selección femenina contra su entrenador es un "basta ya"

Marta Corredera, en el centro, junto a Quereda, en una rueda de prensa del Mundial de Canadá. Ampliar foto
Marta Corredera, en el centro, junto a Quereda, en una rueda de prensa del Mundial de Canadá. EFE

Desde que cayó la selección a las primeras de cambio en el Mundial, el fútbol femenino español está en guerra. Las jugadoras contra su seleccionador, Ignacio Quereda, que lleva 27 años en el cargo y tiene fama de duro y anticuado. Algunos lo llaman motín, pero suena más a grito de rabia, a un “basta ya” que quizá haya tardado demasiado.

Porque aunque lo revistan de razones deportivas, que anteponen a todo lo demás, el cambio ansiado por las jugadoras va más allá. Lo que piden es un cambio de siglo, una modernización para ser tratadas como profesionales y no como “chavalitas”, que es como dicen que las llama Quereda; para poder preparar los partidos con seriedad; para no volver a escuchar: “A ver quién hace de mujer y me pone el café”, como recordaba en el diario Marca una jugadora que oyó decir al seleccionador.

Habrá quien cuestione el momento de la queja, tras el fracaso en el primer Mundial de su historia, pero eso es lo de menos. Más si se tiene en cuenta que la historia viene de lejos, que ya hubo antes runrún de quejas sin que nada cambiara; que hay jugadoras como Laura del Río que no volvieron a una convocatoria tras enfrentarse a la situación.

Es más importante atender al contenido de la protesta (deportiva y de trato) y observar que no hay fisuras entre las jugadoras (con su estrella Vero Boquete al frente) y que estas han recibido apoyo de los seguidores del fútbol femenino (#nosois23somostodoelfutfem). Es difícil pensar en un ámbito profesional cualquiera donde un plante así no tendría consecuencias.

Lo que quieren las jugadoras, algunas de ellas profesionales de Ligas extranjeras, es que las tomen en serio. Una selección capaz de clasificarse para un Mundial merece disponer de los medios adecuados para prepararlo, sus protagonistas merecen el reconocimiento de su trabajo. Pero sobre todo estas mujeres (las que estuvieron antes, las que se han plantado y las que vendrán) merecen ser tratadas con respeto, como deportistas adultas y no como niñas caprichosas. Y el fútbol merece desterrar para siempre comportamientos machistas que sonrojarían en otros países.

Pero Quereda se resiste a dimitir. Un problema más para Ángel María Villar, que fue quien le nombró, que va de lío en lío (el enfrentamiento con el CSD y la Liga, el escándalo de la FIFA y ahora el plante de las jugadoras de la selección) y que aún no se ha reunido con las futbolistas. El presidente de la Federación es famoso por resistirse al cambio. Ahora tiene la oportunidad de cambiar.

 

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