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Messi: 10 años con el pequeño diablo

Messi, auspiciado por Rijkaard, marcó el punto de partida hacia la gloria en el Gamper de 2005 ante la Juve de Capello

Ramon Besa
Messi, en el último entrenamiento de Barcelona.
Messi, en el último entrenamiento de Barcelona.David Ramos (Getty Images)

A Messi solo se le conoce un punto débil y no es ningún defensa ni entrenador sino que se trata de Thiago. El 10 se desvive por su hijo, al que acompaña de vez en cuando a la escuela, mientras aguarda que nazca el segundo. A fin de cuentas, nunca dejó de ser un crío desde que salió de su casa de Rosario y siempre le gustó ser mimado como un niño, cosa que apreció en seguida Capello cuando le bautizó como el pequeño diablo del Barça.

Aunque tiene multitud de padrinos, sobre todo desde que se supo que su acuerdo con el Barça se formalizó en una servilleta de papel, y hay competencia por figurar como el punto de partida de su glorioso itinerario, ni su debut en Oporto (15 de noviembre de 2003) ni el estreno oficial en Montjuïc (16 de octubre de 2004), ni su debut como goleador ante el Albacete (1 de mayo de 2005) tuvieron el impacto que provocó su presentación en el Gamper de 2005 contra la Juve de Capello.

Nunca he visto un jugador joven con tanta calidad y personalidad, me encantó” Fabio Capello, entrenador

Rijkaard alineó a Messi como titular por vez primera con el dorsal 30 y le sustituyó antes del final para que fuera aclamado por el Camp Nou. A sus 18 años, tuvo una actuación estelar; excelente en el regate ante Cannavaro y Vieira, espléndido en las asistencias, incluso con la espalda; rápido en la conducción de la pelota, bautizado al fin por Capello: “¿Pero de dónde ha salido este pequeño diablo?”. Nadie le escuchó cuando pidió que le prestaran a aquel delantero para la Juve.

El Barça tenía problemas con la ficha de Messi. Fue denunciado por Javier Tebas, entonces vicepresidente de la Liga, “por alineación indebida” en un partido contra el Zaragoza. No se sabía bien si actuaba como juvenil o profesional, nunca como asimilado, y para ganar tiempo se especuló con una cesión al Espanyol. Hasta el 24 de agosto de 2005 cuando el Camp Nou pidió a coro que le dejaran jugar en el Barcelona.

Las palabras de Capello certificaron la petición de la hinchada del Barça. “Nunca he visto un jugador joven con tanta calidad y personalidad, me encantó”, afirmó. “Jugar así, con esta camiseta, en este estadio, le augura un futuro espléndido”. Messi se arrancaba entonces desde la derecha, como un extremo, igual que ahora, después de ocupar la posición de falso nueve que le buscó Guardiola desde el 2-6 del Bernabéu. Diez años después, gambetea igual que cuando enfrentó a la Juve.

Ya no forma con Eto'o, Ronaldinho y Giuly, ni compite con Larsson y Maxi López, incapaces aquella noche de ganar al campeón italiano (2-2), que se llevó el trofeo por penaltis, sino que se ha dejado caer de nuevo a un costado para mezclar mejor con Suárez y Neymar, tras fichajes fallidos como el de Ibrahimovic. “Me considero un afortunado”, dice. “Es difícil superar una alineación con Luis Suárez y Neymar, dos jugadores en el techo de su carrera”.

A pesar de que no descarta acabar como centrocampista, una demarcación que permite no ser explosivo en cada intervención, de momento se siente poderoso, eléctrico y profundo como delantero, muy inteligente en el dominio de las pausas y los descansos activos, siempre titular. Ha completado una temporada excelente, está fino y fibroso, ha perdido cuatro kilos, dejó de comer pizzas, se sirve el arroz y el pescado sin salsas y no se le ha visto vomitar desde la llegada de Luis Enrique.

Es el único que es más rápido con el balón que sin él" Guardiola, entrenador

Mantiene la frecuencia de su zancada, sigue dando pasos de 30 centímetros, de manera que puede cambiar de dirección dos veces por cada una que lo hace su marcador, y es tan difícil tirarle que solo le han hecho tres penaltis de los 36 pitados a favor del Barça en las últimas tres temporadas, seguramente porque su tren inferior es muy potente y puede proteger la pelota con su pequeña carrocería, como se advirtió en la final de Copa contra el Athletic.

Sobre sus cambios de ritmo y su habilidad y técnica para dominar la relación espacio-tiempo, han debatido mucho Valdano y Cruyff. Guardiola apostilló: “Es el único que es más rápido con el balón que sin él, igual de veloz con las piernas que con la cabeza; ejecuta a la velocidad de la luz”. Su carrera se puede seguir a partir de sus goles al Getafe y al Athletic en la Copa, al Zaragoza en la Liga y al Manchester, Madrid, Arsenal y Bayern en la Champions.

Ha marcado 20 goles en 23 finales y solo ha perdido tres, dos de Copa con el Madrid y la Supercopa de Europa ante el Sevilla. Hoy disputa la tercera de la Champions en Berlín, la ciudad en la que vio desde el banquillo la eliminación de Argentina ante Alemania en el Mundial 2006, ganado por Italia. Italianos son Buffon y Pirlo, estandartes de la Juve, el equipo menos goleado del torneo al que un día entrenó Capello, el técnico que miró a Messi como Messi mira a su hijo Thiago.

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Sobre la firma

Ramon Besa
Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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