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Los francotiradores del Barça desmontan al Almería

El equipo azulgrana, con una salida del balón confusa y poco juego, se impone gracias a la puntería de sus delanteros

FC Barcelona - Almería Ampliar foto
Luis Suárez pelea por el balón ante Julián. AFP

Apenas distingue el Barça entre el Celta, el Madrid y el Almería. Los partidos se hacen largos, escasea el fútbol, el juego es discontinuo y a veces sin sentido, se cuentan pocas oportunidades, se celebra mucho la victoria y se festejan sobre todo los goles, ayer más numerosos y bonitos que en jornadas anteriores y también más consecuentes con la alineación de Luis Enrique. Messi, Luis Suárez (2) y Bartra, por supuesto en el córner de rigor, abatieron como tres francotiradores al diezmado Almería.

BARCELONA, 4 – ALMERÍA, 0

Barcelona: Bravo; Alves (Montoya, m. 64), Bartra, Mascherano, Adriano; Rakitic (Rafinha, m. 67), Sergi Roberto, Xavi; Pedro, Messi y Luis Suárez. No utilizados: ter Stegen; Piqué, Mathieu, Iniesta y Neymar.

Almería: Julián; Antonio Marín, Trujillo, Ximo, Casado; Corona, Thomas; Wellington Silva (Soriano, m. 56), Espinosa (Mané, m. 79), Édgar (Zongo, m. 72); y Thievy. No utilizados: Rubén; Hemed, Azeez y José Ángel.

Goles: 1-0. M. 33. Messi. 2-0. M. 55. Luis Suárez. 3-0. M. 75. Bartra. 4-0. M. 94. Luis Suárez.

Árbitro: Hernández Hernández. Mostró la cartulina amarilla a Mascherano y Casado.

Camp Nou. 73.872 espectadores.

Aunque el partido parecía diseñado para los delanteros, la línea azulgrana más intensa y exigida de salida fue la de los centrocampistas, bien dispuestos para la presión y la recuperación de la pelota, mal asistidos por los zagueros y sin desmarques de Messi, Pedro y Luis Suárez. Al Barcelona le podía la prisa, demasiado vertical y apurado, muy impreciso y reiterativo en la pérdida del cuero, incapaz de generar una sola ocasión en media hora ante Julián Cuesta.

La impaciencia barcelonista contrastaba con la aplicación del Almería. Los muchachos del debutante Sergi Barjuán defendían en línea, muy juntos y unos metros fuera del área, como si estuvieran cogidos de una cuerda, más diligentes y mejor puestos que el Barça, excitado al inicio, hipotenso después, sin capacidad para leer el partido. Hasta Messi parecía un veterano, fuera del encuentro, ausente del estadio, sin regate ni conducción ni tiro, ni nada, una suerte para el Almería.

La mejor jugada la protagonizó Thievy después de una acción mal defendida en la línea de fondo por Pedro. No jugaba Neymar, ni Piqué, ni Iniesta, ni Mathieu ni obviamente el sancionado Busquets, ni el lesionado Alba. El medio centro era Sergi Roberto. Nadie le reprochaba que su equipo no tuviera ritmo, ni supiera darle la velocidad adecuada a la bola, ni tuviera la finura necesaria para precisar el último pase y después el tiro al marco del Almería.

La hinchada miraba a Messi. Y el 10 no respondía, no cambiaba de ritmo, sorprendentemente ido y desganado como el equipo, desconectado del mundo, a punto para ser criticado por los hinchas más ortodoxos del Camp Nou. Y entonces, cuando la desesperación iba en aumento, Bartra tocó para el extremo derecho ocupado por el 10. El argentino tomó el cuero y se activó con un regate imposible para Edgar y un remate con la zurda desde el pico del área que se coló junto al poste derecho de Julián.

Xavi es un cisne en un equipo a veces patoso, ansioso por ganar la Liga

La rosca de Messi fue tan deliciosa que pareció salida de un estadio diferente y de un partido distinto, nada que ver con el desierto futbolístico que era el Camp Nou. No hubo más remates ni opciones de gol hasta el descanso, empeñado el Barça en resolver el partido en una jugada, apremiado sin venir a cuento, necesitado de un punto de pausa y también de ambición, como si no fuera el líder ni se jugara la Liga. La ñoñería azulgrana despertó en la reanudación al Almería.

El partido se rompió, la pelota se aceleró y cayó el 2-0 en una jugada calcada al 1-0. Alves tocó desde la derecha para Luis Suárez y el ariete soltó un zurdazo espectacular al ángulo derecho del marco después de tocar y tocar ante las narices de Edgar. El despertar azulgrana, más vivo y agitado, no influyó en el fútbol, porque al Barça le cuesta acabar las jugadas, quizá porque la salida del balón es confusa, ya no se despliega a un toque y las ocasiones resultan barrocas, incluso ante el Almería.

Al equipo andaluz, afectado por las bajas y por la clasificación, le costó alcanzar el área contraria y cuando Thievy y Espinosa se acercaron a Bravo chutaron mal, se cayeron a trompicones o fueron penalizados por Hernández Hernández. El partido se consumió sin interés ni pasión, aliviado por un gol de Bartra a la salida de un córner, como ya es norma en los centrales, y un segundo tanto de Suárez, habilitado por Pedro.

La noticia estuvo en los cánticos de la afición a favor de Xavi, invitado a quedarse, ni que sea para jugar unos minutos cada partido, conscientes los futboleros de que se le añorará si al final se va a Qatar. Xavi es un cisne en un equipo a veces patoso, ansioso por ganar la Liga. Los cuatro próximos partidos decidirán seguramente su suerte: Sevilla, Valencia y Espanyol y en medio PSG. A juzgar por el guion de los encuentros anteriores, en cualquier caso, el nombre del rival no preocupa al Barça.

Pedro corre, marcan los demás

JORDI QUIXANO

En permanente combustión, Pedro peleó con denuedo cualquier balón sin dueño. Así es el 7, jugador que siempre se ha reivindicado desde el esfuerzo y que no pierde su seña de identidad. Pero en este curso, suplente por primera vez desde que Guardiola le diera la tentativa (en los últimos 14 encuentros ligueros ha jugado cuatro desde el inicio), le falla el remate y también la confianza.

Trató Pedro de exprimir al principio su velocidad, con un eslalon en el que reclamó penalti sin razón. Después, probó un remate que se estrelló en la zaga rival, otro a centro de Alves que paró Julián, y hasta una volea preciosa que cruzó en exceso. Suma cinco goles en la Liga, lejos de los 15 que materializó el año anterior. Pero no dejó de correr, generoso en el acoso adelantado que exige Luis Enrique.

Menos se movió Messi, sólo activado con el balón entre los pies. Y en una de esas, se inventó un golazo que Luis Suárez se esmeró en calcar. Luego, Bartra cabeceó a la red un saque de esquina y Pedro, de nuevo, en una última carrera, rompió el fuera de juego y centró para que Suárez cerrara el duelo. Corrió Pedro y marcaron los demás.

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