Un espectáculo cerrado al público

Los aficionados sólo pueden conseguir entradas en el mercado secundario, por unos precios que alcanzan los 2.000 dólares

Partido Risings Stars Challenge del All Star
Partido Risings Stars Challenge del All StarANDREW GOMBERT (EFE)

El All Star comenzó siendo un espectáculo de un día, con dudas sobre su viabilidad comercial, y ahora es un evento de cinco, en fin de semana, repleto de actos, competiciones y celebraciones, en el que el aspecto comercial se impone sobre los demás. No podía ser menos en una competición que negocia un nuevo contrato de explotación de derechos televisivos con una cifra mareante: 2.600 millones de dólares por año, el triple del acuerdo vigente.

El volumen del negocio genera algunas disfunciones, que afectan a los aficionados. Por quinto año consecutivo, no ha habido entradas a la venta para el partido de las estrellas de este domingo ni para el concurso de mates y otras competiciones. Los aficionados sólo pueden conseguir alguna en el mercado secundario, por unos precios que alcanzan los 2.000 dólares. Es, por así decirlo, una fiesta cerrada al público. El 60% de las localidades, más de 10.000, están dedicadas a compromisos comerciales. Otro 20% del espacio disponible lo ocupa el despliegue técnico de televisiones, radios y medios escritos. El resto se reparte entre los 30 equipos de la NBA, con un porcentaje mayor para los Knicks y los Nets de Brooklyn como anfitriones. El tema no está exento de polémica.

En 2002, Ed Snider, presidente de los 76ers de Filadelfia, declaró haberse arrepentido de acoger el All Star por la frustración que provocó entre sus fans no haber dispuesto de entradas suficientes. No siempre fue así. En la edición de 1984, tres décadas después del primer All Star, David Stern, en aquel tiempo comisionado de la NBA, puso las entradas para el concurso de mates a sólo dos dólares por miedo a que el público no acudiera.

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