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Parejo, más allá de la táctica

El capitán del Valencia emerge para derribar a un Sevilla con más balón pero menos pegada

Parejo celebra su gol al Sevilla. Ampliar foto
Parejo celebra su gol al Sevilla. EFE

En la exaltación del choque táctico, emergió Parejo. El capitán del Valencia impuso su temple en un partido de muchísima tensión, la que se espera de una rivalidad tan acendrada. Decenas de faltas y de amonestados (11) para que, al final, se impusiera la categoría de los centrocampistas de Nuno, excelentes también André Gomes y, sobre todo, Javi Fuego, por mucho que la pelota se pasara la tarde en pies de los sevillistas. A sus ataques les faltaron luces, estrellándose siempre en la frontal del área valencianista. Esa fue la principal diferencia, la calidad de los mediocampistas.

Valencia, 3-Sevilla, 1

Valencia: Diego Alves; Cancelo, Otamendi, Mustafi, Gayá; Fuego; Enzo Pérez, Andre Gomes (Orban, m. 80), Parejo; Rodrigo (De Paul, m. 87) y Negredo (Alcácer, m. 83). No utilizados: Yoel; Vezo, Augusto y Zuculini.

Sevilla: Beto; Coke, Nico Pareja (Aspas, m. 80), Carriço, Diogo; Krychowiak, Iborra; Deulofeu, Banega, Vitolo (Denis Suárez, m. 66); y Bacca (Gameiro, m. 77). No utilizados: Sergio Rico, Navarro, Vidal y Arribas.

Goles: 1-0. M. 18. Parejo, de penalti. 2-0. M. 32. Parejo. 2-1. M. 36. Bacca, de penalti. 3-1. M. 56. Javi Fuego.

Árbitro: Jaime Latre. Amonestó a Cancelo, Enzo Pérez, Parejo, Javi Fuego, Otamendi, Gayá, Figueiras, Iborra, Vitolo, Krychowiak y Banega.

Unos 55.000 espectadores en Mestalla.

Juego, poco; emoción, toda. Así pasó, como un suspiro, una primera parte repleta de discusiones y protestas sobre las decisiones arbitrales, con el balón parado casi siempre, de falta en falta y de penalti en penalti. Hubo tres penas máximas, la primera a favor del Valencia (Diogo golpea con su pierna izquierda en el muslo de Negredo cuando forcejeaban en carrera) y dos a favor del Sevilla (el primero un piscinazo de Diogo, que se deja caer ante la entrada de Parejo; y el segundo, sí, una acometida por detrás de Cancelo a Vitolo en la que se lleva por delante la pelota y al atacante). Parejo marcó desde los 11 metros y también convirtió la primera vez Bacca, intimidado por ese especialista llamado Diego Alves. El portero brasileño sí le iba a adivinar el segundo penalti, a su izquierda, mientras el delantero colombiano, al borde del descanso, se quedó postrado lamentando el error.

El Sevilla tuvo el mérito de levantarse cuando se le había puesto muy empinado el partido: 2-0 y el Valencia relamiéndose a la contra. El conjunto de Nuno le había cedido la pelota al de Emery (si no fue premeditado, tuvo toda la pinta) y, a partir de ahí, había obtenido una ventaja considerable gracias a los dos tantos de Parejo. El capitán es un disidente en este equipo de Nuno tan poco afectivo con la pelota. La mima como en el segundo gol, en el control y el disparo colocado a la media salida de Beto. Siete dianas suma ya el mediocentro. Esta vino precedida de un buen pase de Enzo Pérez tras una jugada que retrataba la apuesta de Nuno: envíos largos, prolongaciones de cabeza y segundas jugadas para aprovechar la rapidez de Rodrigo y la fortaleza de Negredo. El Sevilla dispuso de la intermitencia tan conocida de Banega y también la de Deulofeu. Igualado en su duelo con Gayà, el extremo catalán se marchó a menudo al centro para explorar otras vías.

Bacca convirtió un penalti pero, intimidado por el especialista Diego Alves, falló el segundo

La intensidad de la primera parte dejó más espacios en el arranque de la segunda. Y nadie los aprovechó mejor que Javi Fuego, un manual de inteligencia táctica. Primero regaló un taconazo para salir de la presión sevillista; después recuperó con el pecho en la medular lo que sería el germen del tercer tanto: abrió a la izquierda a Rodrigo y acompañó la acción hasta el borde del área. Allí recibió tras las bicicletas pertinentes del hispanobrasileño. Fuego resolvió con clase: le pegó enroscado y suave con la zurda al palo ciego del portero.

La Curva Nord, a la que el presidente Salvo intenta domar sin éxito, la emprendió con los sevillistas: "Banega es un borracho" y "Unai, canalla, fuera de Mestalla". Material para el oficial federativo atento a los cánticos violentos. Emery inyectó velocidad con la entrada de Denis Suárez y Gameiro. Pero para entonces el Sevilla estaba demasiado cansado y Javi Fuego demasiado despierto para cortar todos los intentos sevillistas.

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